"¿Qué haces aquí?", preguntó ella, preocupada. Él había sufrido graves reveses en su vida.
"Tranquila, no me voy a lanzar al vacío. Vengo aquí cuando tengo que pensar."
"¿Y qué tienes que pensar?", dijo ella, sentándose a su lado.
"De lo que pasó el otro día", dijo él, mirando al horizonte.
Ella recordaba lo que pasó: ao defendió frente a una chusma; cuando los puso en fuga, ella lo besó apasionadamente.
Desde aquel día, se sintió perdido, aislado cuando ella no estaba presente, pero en cuanto la veía, su corazón se aceleraba, se sentía feliz y no podía parar de sonreír.
M. D. Álvarez
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