lunes, 6 de abril de 2026

Eostre y el conejo de Pascua.

Aquel lindo conejito era símbolo de fertilidad, de la nueva vida, y todos los niños esperaban que llegara el día para recoger los huevos que aquel precioso conejito había ido escondiendo. Pero, ¿a que no sabéis de dónde viene su origen? ¡Exactamente, es pagano!

La mitología germánica tiene como mensajero de la diosa de la fertilidad, Eostre, a un precioso conejito que, según cuentan las leyendas germanas, recogía huevos y los coloreaba de vivos colores para agradar a su diosa, que los multiplicaba para alegrar a los niños.

Pero quizás lo que muchos no saben es que el conejo era la diosa Eostre, que se transformó por amor a un precioso pajarillo herido.

Conservó la capacidad de poner huevos una vez al año; los decoraba de vivos colores y los depositaba sobre la hierba como símbolo del renacimiento.

M. D. Álvarez

Es una versión libre del Conejo de Pascua. Espero que no se ofendan.

Cuerpo turgente.

Su cuerpo era verdaderamente apetecible; sus curvas voluptuosas y deseables lo volvían loco de deseo. Ella lo idolatraba y calmaba sus apetitos, por muy complicados que fueran. Sus formas turgentes hacían las delicias de él, que con dulzura acariciaba suavemente su piel.

Ella cerró los ojos, disfrutando de la suavidad de sus caricias. Cada roce de sus dedos sobre su piel era como un fuego que se encendía, despertando sensaciones que la hacían sentir viva. Sabía que él la deseaba, y eso la llenaba de una confianza embriagadora.

—Eres perfecta, susurró él, su voz resonando en el aire como un canto hipnótico. Su mirada estaba fija en ella, como si intentara grabar cada detalle en su memoria.

—No soy perfecta, pero me haces sentir así, respondió ella, abriendo los ojos y encontrándose con su mirada penetrante. Había algo en su expresión que la hacía sentir deseada y valorada, más allá de lo físico.

Con un movimiento delicado, él se inclinó hacia ella, dejando que sus labios rozaran suavemente su cuello. Ella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, una mezcla de emoción y anticipación. Era un juego entre el deseo y la dulzura, donde cada pequeño gesto contaba una historia.

—Quiero que este momento dure para siempre, dijo él mientras se apartaba un poco para mirarla a los ojos. —Eres mi inspiración, mi musa.

Ella sonrió, sintiéndose poderosa y vulnerable a la vez. —Y tú eres mi refugio. Cada vez que estoy contigo siento que puedo ser yo misma.

Con esas palabras flotando en el aire, él la tomó de la mano y la llevó a un rincón más iluminado de la habitación. Allí había una ventana con vista a las estrellas; el cielo nocturno era un manto negro salpicado de luces brillantes.

—Mira, -dijo él mientras señalaba las estrellas. —Son como nosotros, brillando en medio de la oscuridad.

Ella se acercó a la ventana, sintiendo cómo el calor de su cuerpo se mantenía cerca del suyo. —¿Y si alguna vez nos apagamos? preguntó con un tono juguetón.

Él sonrió, acercándose aún más. —Nunca lo haremos mientras estemos juntos.

Ambos compartieron una risa suave mientras sus miradas se cruzaban nuevamente. En ese instante, no había nada más importante en el mundo que ellos dos y el momento que estaban viviendo.

M. D. Álvarez 

domingo, 5 de abril de 2026

El guardián de su pequeña.

Y el suyo goza de una salud excelente, no como el de los vecinos, que había fallecido de una dolencia extraña. 

—¿Crees que ha tenido algo que ver con el fallecimiento del lobo de nuestros vecinos? —preguntó ella, observando a su precioso lobo nublar que jugueteaba con su pequeña, haciendo cabriolas. 

—¡Athor, ven aquí! —ordenó la joven dueña de aquel magnífico ejemplar de lobo nublar, que al punto salió disparado a situarse al lado de su dueña, que lo observó para ver si tenía arañazos o signos de pelea. —Tú no te habrás peleado con el perro de los vecinos, ¿verdad? —preguntó ella, risueña, jugueteando con las orejas de su lobo, que disfrutaba de las caricias de su dueña, expresando su felicidad lamiéndola la cara y meneando la cola. 

—Ahora ve a por la chiquitina —le ordenó. 

Él salió disparado en dirección a la chiquitina, que al verlo venir corriendo levantó sus tiernos bracitos en señal de alegría.Él la agarró dulcemente por el arnés y la levantó con facilidad; volviendo, dando saltos, con cada brinco la pequeña estallaba en dulces gorjeos.  

—La tienes mal criada, mi precioso lobito, dijo su madre, recogiendo a la dulce benjamina de las fauces de su tierno guardián.

M. D. Álvarez 

sábado, 4 de abril de 2026

La generación de la luz.

El no apagón es todo lo contrario del apagón. Cuando la luz no se podía apagar, toda la energía fluía continuamente, sin pausa. Las máquinas de movimiento continuo no se detenían ni para recoger minerales; las luces estaban constantemente encendidas, los televisores emitían siempre, al igual que las radios. Pero los que más sufrían éramos los humanos, ya que no teníamos la posibilidad de dormir con tanto bullicio. Seguro que no sabéis lo que ocurriría si tuvierais un año de luz continua sin posibilidad de apagarla. Os lo voy a decir: se perdería una generación adicional. Somos los humanos, siempre haciéndolo en la oscuridad. Solo los más eruditos procrearían en tan bullicioso y luminoso año, y sus hijos serán conocidos como la Generación de la Luz.

La Generación de la Luz, así se les llamaría, pero no solo por el brillo constante que los rodeaba, sino por la peculiar forma en que sus mentes se adaptaron a la sobrecarga sensorial. Los niños nacidos en ese año no conocieron el silencio, ni el descanso que trae la oscuridad. En lugar de sueños, sus noches estaban llenas de imágenes y sonidos, un constante flujo de estímulos que los empujaba a un estado de alerta perpetuo.

Los eruditos, esos pocos valientes que habían decidido procrear bajo las luces incesantes, se convirtieron en figuras legendarias. Sus hijos eran curiosos, inteligentes, pero también inquietos y ansiosos. Aprendieron a comunicarse de maneras que los demás apenas podían comprender; sus palabras eran rápidas y entrecortadas, como si temieran perderse en el caos del mundo que los rodeaba.

A medida que crecían, las habilidades sociales de estos niños se transformaban. No necesitaban la oscuridad para encontrar consuelo; su mundo era un torbellino de luces brillantes y sonidos vibrantes. Sin embargo, había algo inquietante en sus ojos: una búsqueda constante de algo que no sabían nombrar.

Los eruditos intentaron enseñarles sobre la importancia del silencio y la reflexión, pero sus discípulos parecían más interesados en el siguiente destello o sonido.

Un día, un anciano sabio decidió que era tiempo de actuar. Se reunió con otros como él y formuló un plan: crear un espacio donde las luces pudieran apagarse al menos por un breve momento cada día. Un refugio donde las sombras pudieran danzar y el silencio pudiera reinar. Pero sabía que enfrentaría una dura resistencia; la Generación de la Luz había crecido sin límites.

Sin embargo, estaba decidido. Si había una posibilidad de recuperar algo del equilibrio perdido, valía la pena el intento. La lucha por restablecer la oscuridad comenzaría pronto, no solo para salvar a una generación, sino para recordarles a todos lo que significa ser verdaderamente humanos: encontrar paz en la penumbra.

M. D.  Álvarez 

viernes, 3 de abril de 2026

La elección del corazon:.

Las tensiones habían ido increchendo entre los dos jóvenes que trataban de conquistar a la misma chica. Siempre habían sido amigos, pero a raíz de la llegada de aquella jovencita, las tensiones se multiplicaron.

Ella sabía el efecto que ejercía sobre los dos jóvenes y no dudaba en ponerlos a prueba con todo tipo de misiones, cada cual más peligrosa. Sin embargo, ninguno de los dos cesaba en cumplir sus deseos, por muy complicados que fueran.

No obstante, ella ya tenía un ganador: el joven de ojos azules y pelo negro era su elección.

La noche que había escogido para dar a conocer al ganador los reunió en la sala.

"¡Sois unos jóvenes muy especiales y me ha resultado casi imposible decidirme por uno de los dos!", refirió ella con sutileza, "pero he de deciros que tú eres mi elección", dijo mirando al joven de ojos azules.

El joven de ojos azules sintió una mezcla de alegría y sorpresa al escuchar las palabras de la chica. Sin embargo, no pudo evitar notar la sombra de decepción en el rostro de su amigo, un sentimiento que lo hizo dudar. ¿Era realmente justo celebrar su victoria mientras su amigo sufría?

La chica, al ver la vacilación en el rostro del joven, sonrió con complicidad. "No te preocupes, he planeado algo especial para celebrar", dijo, tratando de suavizar la tensión. "Quiero que ambos se sientan como verdaderos héroes esta noche".

Mientras se preparaban para la celebración, el joven de ojos azules no podía dejar de pensar en las misiones que habían enfrentado juntos. Desde escalar el viejo roble en el parque hasta recuperar un objeto robado en la feria del pueblo, cada desafío había fortalecido su vínculo. Pero ahora, esa amistad se sentía frágil.

La chica los llevó a una antigua cabaña en el bosque, un lugar donde solían jugar de niños. Las llamas de una fogata iluminaban el espacio mientras ella les pidió que compartieran sus historias más valientes. El otro joven se levantó primero, su voz temblorosa pero decidida. Relató cómo había enfrentado a un grupo de matones para proteger a un compañero en la escuela. La chica lo miró con admiración y asombro.

Luego fue el turno del joven de ojos azules. Se aclaró la garganta y comenzó a hablar sobre una noche en que había salvado a un gato atrapado en un árbol, pero sus palabras pronto se desvanecieron al darse cuenta de que esa historia palidecía frente a la valentía de su amigo.

La atmósfera se tornó tensa y silenciosa después de sus relatos. La chica miró a ambos jóvenes y sintió que el peso de la elección caía sobre ella. "Ambos sois valientes", dijo suavemente. "Pero lo que realmente importa es cómo manejáis esta situación entre vosotros".

En ese momento, el otro joven se levantó y extendió la mano hacia su amigo. "No quiero que esto nos divida", dijo con sinceridad. "Lo más importante es nuestra amistad".

El joven de ojos azules miró la mano extendida y luego a la chica. Aquel gesto lo llenó de gratitud y alivio. "Tienes razón", respondió finalmente, estrechando la mano de su amigo. "No vale la pena perder lo que tenemos por esto".

La chica sonrió al ver cómo los dos amigos recuperaban su conexión. "Quizás hay más formas de amar y ser amado", sugirió con entusiasmo.

Esa noche, entre risas y anécdotas compartidas alrededor del fuego, los tres jóvenes descubrieron que la verdadera victoria no siempre reside en ganar el corazón de alguien, sino en mantener las amistades fuertes ante los desafíos.

M. D.  Álvarez 

jueves, 2 de abril de 2026

Eros.

Porque el bello Eros bajó a la tierra para enamorarse de Psique si podía tener a todas las diosas que se le antojaran. Nada más fácil: las diosas no ven el interior, solo se fijan en la belleza exterior. Psique vio al bello mancebo en todo su esplendor; lo observó con cautela mientras dormía. 

Su deseo por conocerlo y saber cosas de su vida la motivaba a acecharlo tras los árboles. El hermoso efebo sentía su presencia, pero se mantenía distante; nunca había amado a una mortal y no sabía cómo actuar. Siendo él todo un dios del amor, del deseo y de la fertilidad, no sabía cómo abordar a la dulce Psique, que se moría de deseo por él.

Una mañana, mientras el adorable joven dormía bajo un recio roble, ella se encaró a una de las ramas que había sobre él. Se sorprendió al abrir los ojos y verla allí arriba, encaramada.

—Hermosa doncella, ¿qué haces ahí arriba cuando podrías estar a mi lado, reconfortante con mi calor? —preguntó, exhibiendo una sonrisa traviesa.

—Dulce joven, no me mires así, que tus ojos me sonrojan —respondió ella con una voz cantarina mientras descendía del robusto roble.

El joven la recogió, pues en el último tramo ella perdió el pie y cayó en los brazos de él, que mansamente la depositó en el suelo.

Psique, aún temblorosa por el encuentro, sintió que su corazón latía con fuerza. Nunca había estado tan cerca de un dios, y la calidez de su abrazo la envolvía en un hechizo mágico. Eros, curioso y cautivado, se acercó un poco más.

—¿Quién eres, dulce mortal? —preguntó con voz suave, dejando escapar un susurro que parecía acariciar el aire.

—Soy Psique, una simple mortal que ha sido tocada por tu belleza —respondió ella, atreviéndose a mirarlo a los ojos.

Eros sonrió, sintiendo que algo en su interior cambiaba. Supo que el amor no solo se trataba de desear, sino también de arriesgarse a sentir. Así comenzó su historia, tejida entre sueños y anhelos, un amor destinado a desafiar los límites de lo divino y lo humano.

M. D. Álvarez  

miércoles, 1 de abril de 2026

Mi chica.

Su mirada lo decía todo. Ella había acudido a rescame justo cuando me estaban dando una soberana paliza por culpa de una discusión con unos pandilleros que me confundieron con un tipo problemático. 

La vi llegar hecha una furia; se ensañó con todos, los dejó hechos fosfatina y después vino hacia mí con aquella mirada tan sensual que no pude resistirme. Pero algo pasó, porque de pronto hubo un fundido a negro. No recordaba cuánto había pasado desde que perdí el conocimiento. Abrí los ojos y allí estaba ella, con mirada de preocupación; se había dejado un pandillero que me disparó en el hombro.

—Creí que te perdía —dijo, preocupada, mientras me acariciaba suavemente. —No sé qué habría hecho si te llegasen a matar —dijo, dócil y suavemente.

Intenté levantarme, pero ella me lo impidió, sujetándome con cuidado. —No te muevas o se te abrirá la herida —dijo mientras me besaba con delicadeza.

Fue ahí cuando supe que la quería y la amaría hasta el final de los días.

M. D. Álvarez