El mundo en cuestión albergaba una especie de híbrido que, cuando su sol surgía, lo hacía parecer un bípedo atlético. Tanto los machos como las hembras eran guapos, atléticos y de gran estatura. Por las noches, cuando el sol se ponía, algo en su interior se despertaba y, entre convulsiones, nacía su parte animal.
Cuando lo enviaron a aquel mundo, él ya controlaba su parte animal, pero en cuanto llegó a aquel mundo, por la noche, su lobo se abrió paso desgarrando su piel, sumiéndolo en un profundo sueño.
Los pobladores, todavía recelosos, lo acechaban y espiaban cuando se dedicaba a inspeccionar aquel agreste mundo.
Cuando hubo escaneado la superficie de aquel mundo, se dispuso a volver. Echaba de menos a su chica; sabía que lo esperaba al pie de la escalerilla. Había tardado en volver diez años, pero todavía lo amaba a pesar de su indomable aspecto.
M. D. Álvarez
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