jueves, 13 de agosto de 2026

El planeta de los híbridos.

Habían pasado más de diez años desde su desaparición en las agrestes y húmedas selvas de aquel planeta perdido de la mano de Dios. Era un mundo salvaje e inhóspito. Lo enviaron por sus capacidades alteradas que le permitían adaptarse a cualquier mundo. 

El mundo en cuestión albergaba una especie de híbrido que, cuando su sol surgía, lo hacía parecer un bípedo atlético. Tanto los machos como las hembras eran guapos, atléticos y de gran estatura. Por las noches, cuando el sol se ponía, algo en su interior se despertaba y, entre convulsiones, nacía su parte animal.

Cuando lo enviaron a aquel mundo, él ya controlaba su parte animal, pero en cuanto llegó a aquel mundo, por la noche, su lobo se abrió paso desgarrando su piel, sumiéndolo en un profundo sueño.

Los pobladores, todavía recelosos, lo acechaban y espiaban cuando se dedicaba a inspeccionar aquel agreste mundo.

Cuando hubo escaneado la superficie de aquel mundo, se dispuso a volver. Echaba de menos a su chica; sabía que lo esperaba al pie de la escalerilla. Había tardado en volver diez años, pero todavía lo amaba a pesar de su indomable aspecto.

M. D. Álvarez 

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