Creyó percibir un leve movimiento en sus dedos y llamó al doctor. Él le dijo: —Puede ser un acto reflejo, sin más. Sus lesiones son muy graves y no creo que se pueda recuperar.
Alis quedó devastada, no daba crédito a lo que el doctor le decía y le respondió: —Usted no sabe de lo que es capaz. Y si le digo que saldrá de esta, es que lo logrará. Quiero hablar con otro especialista.
—Haya, usted, dijo despectivamente el médico.
Alis fue a hablar con uno de los mejores neurocirujanos y amigo personal de ella. Le contó cuán importante era su amigo para ella y de su capacidad de sufrimiento, ya que lo conocía desde que eran críos y sabía que, si se lo proponía, lograría superar el coma.
El neurocirujano la escuchó con atención y le prometió hacerse cargo de su compañero. Alis regresó al día siguiente y notó una gran mejoría en el estado de su amigo, pero todavía seguía inconsciente.
—Todo se andará, tiene una gran fortaleza y capacidad de recuperación, ‐dijo el neurocirujano.
Alis regresó día tras día hasta que una mañana él abrió los ojos y la vio sentada a su lado.
—Alis, ¿cuánto he estado durmiendo? —preguntó él.
Al escuchar, aunque fuera con un hilo de voz, ella lo miró con dulzura y le dijo:— Bienvenido al mundo de los vivos.
Alis no pudo reprimir sus lágrimas después de haberse mantenido fuerte para él. Ahora sentía cómo sus lágrimas se desbordaban y no podía parar, pero no eran de tristeza; todo lo contrario, eran de alegría. Siempre supo que él lograría regresar junto a ella.
M. D. Álvarez
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