sábado, 30 de noviembre de 2024

El señor de las sombras con corazón de oro.

Los astros lo predijeron: él sería el señor de las sombras, el único capaz de dominar su negro y lúgubre corazón. 

Lo único que no previeron fue su naturaleza bondadosa y pacífica, por eso él siempre aspiró a más, añoraba la luz y el calor, pero se debía a sus orígenes, debía ser oscuro y aterrador. Sin embargo, descubrió un claro en el bosque tenebroso y allí habia una linda jovencita que entonaba una bella melodía, atrayéndolo hasta allí.

"He oído tu dolor y tu anhelo de luz y calor", le dijo la jovencita que permanecía en el centro del claro. 

"¿No me temes?", preguntó él, admirado del valor de la joven de pelo rojo. 

"Tienes un gran corazón y eres noble, ¿por qué debería temerte? Acércate, que no muerdo."

Él todavía extasiado por el cálido son de su canción avanzó con cautela. Ella le ofreció una hermosa flor que él cogió con mimo. Su aspecto debería haberte asustado.

"Sé quién eres y qué anhelas, el calor y la luz, pero tu naturaleza es oscura", dijo cogiéndole la zarpa, era un tacto cálido y tierno. "Yo te podría mostrar.las maravillas del mundo de luz y te ofrecería mi calor si me aceptas como tu esposa"

Él agachó la cabeza en señal de aceptación. Ahí comenzó su reinado de paz junto a su reina blanca, quien le mostraba todas las noches las maravillas del mundo luminoso y lo amaba con pasión desmedida.

M. D. Álvarez 

El reino prohibido.

Sentado en su trono y con su intensa mirada, era capaz de desarmar a todos los que vinieran a disputarse su reino. Su mirada acerada era capaz de paralizar y destruir a todos los ejércitos que enviaran a conquistar su reino. 

Él tenía el poder de paralizar y destruir, pero también tenía a su lado a una reina, una bella joven de ojos verdes y melena larga de color caoba. Él era un apuesto rey con cabello largo y despeinado, y unos intensos ojos azules.

La amaba desde que la vio en una de las muchas fiestas que daba su familia para buscar a la elegida para él, y ella estaba allí. Se enamoró perdidamente de ella en cuanto la vio, supo que ella sería su reina.

La que permanecía junto a él en todas sus batallas la que le daba fuerzas cuando se debilitada o lo reconfortado cuando tenía momentos de paz se amaban apasionadamente  en los momentos de calma. 

El rey, con su mirada penetrante y su cabello al viento, gobernaba con firmeza y justicia. Pero su corazón pertenecía a la reina, cuya belleza rivalizaba con la de las estrellas en el cielo nocturno. Juntos, eran una fuerza imparable, un equilibrio perfecto entre poder y amor.

En las noches tranquilas, cuando la luna brillaba sobre el castillo, el rey y la reina se encontraban en su jardín secreto. Allí, entre las rosas y los jazmines, compartían sus sueños y sus miedos. La reina le contaba historias de su infancia en los campos verdes, mientras el rey la escuchaba con atención, sus ojos azules llenos de admiración.

Pero no todo era paz en el reino. Los enemigos acechaban, y las intrigas palaciegas amenazaban con separarlos. El rey sabía que debía proteger a su reina, pero también anhelaba la calidez de su abrazo y la dulzura de sus labios.

Una noche, mientras la luna llena iluminaba el jardín, el rey se arrodilló ante la reina y le ofreció un anillo de oro con una esmeralda en el centro. “Eres mi reina”, le dijo, “y quiero que seas mi esposa para siempre”. La reina aceptó con lágrimas en los ojos, y juntos sellaron su amor con un beso apasionado.

Así comenzó una nueva era en el reino. El rey y la reina gobernaron juntos, su amor inquebrantable como un escudo contra las adversidades. Y aunque las batallas seguían, su amor era la mayor victoria de todas.

M. D.Álvarez 

Amistad duradera.

Con el semblante completamente lívido y aterrada, lo miraba con incredulidad. Su mejor amigo se estaba transformando en una criatura salvaje; su piel se estaba desgarrando y surgió en su lugar la criatura más salvaje y destructiva de todas. Pero seguía siendo su amigo, nunca la atacaría a ella; su amistad lo mantenía a raya.

Él la miró entre sorprendido y asustado, y huyó; la mirada de ella era de terror. Cuando se dio cuenta de que huía para que no lo viera tal y como era, ella lo persiguió. Sabía que era su mejor amigo y donde él fuera, ella estaría con él.

Lo alcanzó en un claro del sombrío bosque y le dijo: "Siento haberme asustado de ti. Sé que no me harías daño".

Él aún asustado, dijo: "Me asusté al ver tu reacción y huí".

Ella se acercó, acarició su denso pelaje tranquilizándolo. Estaban unidos por lazos inquebrantables, nada los separaría.

M. D.  Álvarez 

Privilegio.

Su derecho de nacimiento le otorgaba el privilegio de escoger el mundo en el que nacería como uno más, hasta alcanzar la mayoría de edad y reclamar su trono. Le tocaba decidirse por un mundo donde todo era luz y hermosas criaturas, o por otro mundo oscuro habitado por unas no menos hermosas criaturas. 

Él se decantó por el mundo oscuro; él sería su luz y su guardián. Su nacimiento fue vaticinado para que naciera en una casa real; la de Licas sería la adecuada, con su doble naturaleza humana y salvaje. Su nacimiento fue largamente celebrado; sus padres eran adorados por sus súbditos. 

A la mayoría de edad tuvo su primera transformación: su cuerpo se torsionó hasta casi partirse, sintió su sangre hervir, su naturaleza lobuna se manifestó en todo su esplendor. Al día siguiente, sus padres lo felicitaron; había dominado a su bestia interior. 

Ahora debía reclamar el trono del mundo oscuro, por el cual sería recordado por su valor y pasión por cuidar y amar a todos sus habitantes. Su linaje lo hacía merecedor de un gran poder que utilizaría con sabiduría y honestidad.

M. D. Álvarez 

viernes, 29 de noviembre de 2024

Amor geológico.

Su relación estaba mal vista por sus jefes, por eso se buscaban ansiosamente en los lugares más apartados y aislados del planeta. 

Su trabajo los llevaba por todo el planeta e intentaban coincidir en los mismos lugares apartados donde se buscaban y se amaban dulce y pausadamente. 

Él era geólogo y ella era tasadora de gemas. Los dos se habían enamorado en una exposición de gemas donde ella era una autodidacta y él prestó toda la atención a todas las explicaciones que ella le estaba dando. 

Al terminar la exposición, él la invitó a una cafetería donde siguieron hablando entre sonrisas cómplices. 

Él la acompañó a su hotel y, cuando se iba a dar la vuelta e irse, ella lo besó apasionadamente, introduciéndolo en la habitación donde pasaron toda la noche haciendo el amor plácida y calmadamente. Fue el primero de muchos escarceos amorosos que tuvieron durante cuatro años.

Hoy en día, siguen viéndose de manera esporádica; sus encuentros amorosos eran el acicate que les hacía falta para seguir juntos, aunque sus jefes desconocían su relación.
M. D. Álvarez

jueves, 28 de noviembre de 2024

El último duelo.

Su historia comenzó allá por el año 1000 de nuestra era, cuando las trifulcas se remediaban con duelos de honor. Su nacimiento fue fruto de un amor prohibido, el honor de su madre fue puesto en entredicho. 

Su padre se batió en duelo por el honor perdido, pero murió al ser abatido por su contrario, quien abusó de su madre valiéndose de su linaje cuando él aún estaba en su vientre. Después de lo cual, lo echó sin miramientos a la calle.

En el frío suelo de piedra, dio a luz a su vengador de honor. Siendo niño, recibía los insultos de los demás niños que lo llamaban bastardo. Cuando cumplió los dieciocho años, ya era un hábil luchador en todas las artes de armas. Su avidez de conocimientos y versatilidad lo llevaron a ser un gran maestro autodidacta en el arte de la guerra.

Pero todavía tenía una espinita clavada en su corazón: el insulto de aquellos niños le dolía profundamente. Adoraba a su madre y no quería importunarla, pero tenía que saber sobre su origen.

Ella le contó la verdad: que era hijo del hijo menor del señor feudal, quien no había visto con buenos ojos que su benjamín se hubiera enamorado de una plebeya. En un duelo con el hijo mayor, lo mató y luego la violó cuando él aún no había nacido. Loco de dolor por el ultraje a su madre, se fue en busca de los herederos del señor feudal y, por consiguiente, del hombre que había violado a su madre.
 
Los encontró disfrutando del derecho de pernada con dos doncellas recién casadas. 
El hijo mayor con los pantalones bajados no tuvo tiempo de reaccionar lo ensarto atravesando su esternón con un sable usar el conde fue harina de otro costal aunque ya mayor era hábil en el manejo del florete le hirió en el brazo derecho pensando que con el brazo dominante herido tendría más posibilidades no sabía que nuestro héroe era ambidiestro lo sorprendió cuando cambió de mano el sable y lo decapitado con un funesto giro
Le llevo la cabeza del perpetrador de la violación a su madre que viéndose libre del yugo a la que la habían sometida abrazó y besó a su amado hijo el que había restablecido honor y el orgullo de su apellido.

No os he dicho el apellido, pero para mí es un orgullo llevar su apellido. Él se llamaba Alvar de Álvarez y yo soy su orgullosa cuatrinieta, y llevo con orgullo su apellido.

M. D. Álvarez

El nuevo cubil.

Oteando el horizonte, sus ojos escudriñaban y vigilaban cualquier movimiento extraño que pudiera suponer un peligro para su camada. Ella los mantenía calentitos y amamantándolos; él salía a cazar para alimentarla a ella, su única razón de ser. Un día, cuando él salió de cacería, presentía que algo iba mal y volvió junto a ella. 

La halló herida, pero había logrado ocultar su tesoro más hermoso: sus cuatro cachorros, que al verlo regresar corrieron hacia él. Apesadumbrado, lamió las heridas de ella, que milagrosamente cicatrizaron por el amor que él sentía por ella. 

Tenía que buscar una nueva ubicación para su cubil, aquel ya no era seguro para ellos. Encontró un lugar inexpugnable en un risco alejado de su anterior cueva. Primero trasladó amorosamente a sus cuatro cachorros, llevándoselos de uno en uno sujetándolos con la boca. 

Por último, fue a buscar a su compañera y la acompañó, sirviéndose de apoyo cuando las fuerzas le fallaban. Ya en su nuevo bastión, se dedicó a cuidar de ella y de sus cuatro cachorros hasta que ella se recuperó por completo.

M. D. Álvarez 

El último hombre lobo.

A pesar de ser un joven apuesto y gentil, tenía su lado salvaje y terrorífico. Guardaba un secreto en su sangre: corría la estirpe de Licus, el primer hombre lobo de la historia de la humanidad. 

Él era su último descendiente vivo. Su genealogía estaba plagada de historias aterradoras de masacres y asesinatos macabros. Él luchaba por cambiar sus ansias de devorar y descuartizar. Sus instintos primarios pugnaban por salir cada noche de luna llena, pero él lograba contenerlos a costa de su salud, muy a su pesar. Un día, su estirpe se abriría paso sin que él pudiera impedirlo y camparía a sus anchas todos los días de luna llena.

Mientras tomaba el sol en la piscina, se le acercó una bella señorita de ojos verdes que lo cautivó al momento. Sintió que su lobo interior se relamía de gusto, pero no lograría vencer el tesón y la valentía de él. Serían lo suficientemente fuertes para contenerlo y no dejarlo salir. Ella lo observaba con admiración y deseo. Él también la deseaba, pero mantenía las distancias. No podía controlar a aquella bestia salvaje cuando ella lo tocaba.

Una noche, mientras él dormía, ella se coló en su habitación y lo observó dormir plácidamente. Tuvo unos deseos irrefrenables de acostarse con él. Lo que ocurrió a continuación fue que su sangre de Licus lo poseyó y, tomándola con suavidad y ternura, la amó de mil maneras hasta que el amanecer lo despertó y la vio a su lado, dormida dulcemente. 

Había concluido su ciclo reproductivo con la joven más encantadora que jamás había conocido. La amaba y cuidaría de ella hasta el último día de su vida.

M. D. Álvarez 

El derrumbe

El derrumbamiento había sido total: un edificio de 50 plantas había caído a plomo, nadie se atrevía a acercarse por miedo a que fuera un atentado. Solo una joven doctora hacía lo posible por los heridos que había en las inmediaciones. Cuando llegó él, le preguntó: "¿Cómo puedo ayudar?" Ella le respondió que sin una grúa no podría levantar los grandes cascotes que aplastaban a los vecinos del inmueble.

Él hábilmente levantó sin esfuerzo una enorme viga que había aplastado una pierna a uno de los transeúntes que pasaban por ahí. Ella lo miró con admiración, era un joven apuesto y fornido. Deposito la viga en una zona aledaña. Ella, mientras tanto, le practicó un torniquete al transeúnte que, con cara desencajada, no daba crédito a lo que acababa de acontecerle.

Él siguió levantando cascotes y vigas hasta que ya no quedaba nadie bajo ellos, solo los fallecidos.

Gracias al enigmático joven y a la altruista doctora solo murieron dos personas.

M. D. Álvarez

El yunque.

"Sé dónde golpear para no dejar marca", dijo mientras golpeaba a su víctima. Sin aliento, se negaba a delatar a su jefa. Le debía la vida y no la pondría en peligro.

Siguió aguantando los golpes hasta que aquel armario ropero se detuvo. Estaba agotado; golpearle era como golpear un yunque. Aprovechó para incorporarse y encararse con aquel matón del tres al cuarto. Era más hábil que él y lo dejó sin aire de un solo golpe en el plexo solar.

Salió y se dirigió al encuentro con su jefa. La llamó y le dijo que la buscaban. Ella le dijo que se reuniera con ella en la plaza Mayor, así que se dirigió hacia allí.

Continuará...

M. D. Álvarez 

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Manso corderito.

Si era voluble, ¿y qué? Le gustaba cambiar de opinión sobre sus andanzas con las chicas, pero aquella preciosidad le había tocado el corazón hasta tal punto que no comentaba ninguno de sus líos amorosos en su presencia. 

Sus amigos estaban gratamente sorprendidos por su cambio de actitud. Lo vieron transformarse de un don Juan a un manso corderito que la seguía a todas partes.

El parque estaba bañado por la luz dorada del atardecer. Los árboles susurraban secretos al viento, y las hojas crujían bajo los pies de los paseantes. Allí, en medio de la naturaleza, se encontraron de nuevo.

Ella estaba sentada en un banco, absorta en la lectura de un libro. Su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre sus hombros, y sus ojos brillaban con una inteligencia cautivadora. Él se acercó tímidamente, sintiendo el corazón latir con fuerza en su pecho.

—Hola —dijo ella, levantando la vista del libro—. ¿Te gustan los atardeceres?

—Sí, mucho —respondió él, nervioso—. Son como momentos mágicos en los que todo es posible.

Ella sonrió, y en ese instante, algo cambió dentro de él. Ya no era el don Juan que coqueteaba con todas las chicas. Ahora solo quería coquetear con ella.

M. D. Álvarez 

El bosque milenario

Solo lograban vislumbrarlo cuando alguien se internaba en la espesura de aquel milenario bosque, del cual él era su guardián a tiempo completo. Su naturaleza esquiva le otorgaba la facultad de vigilar sin ser visto. 

Aquel grupo de excursionistas se internó en el corazón del bosque umbroso, donde las criaturas más salvajes, agresivas y feroces campaban a sus anchas, siempre vigilados por el formidable e imponente hombre lobo. 

Lástima de los excursionistas, solo pudo salvar a una jovencita de ojos verdes y pelo color caoba. Llegó tarde por estar al otro lado del gigantesco bosque, pero percibió los gritos desesperados. 

Cuando llegó, algunas de las bestias más aterradoras rodeaban a la jovencita. Lanzó un gruñido aterrador que hizo que las fieras se alejaran, la cogió tiernamente en sus brazos, apenas pesaba, y la llevó a su cueva donde la cuidó hasta que se despertó. 

Abrió los ojos y lo vio: era un magnífico ejemplar de licántropo de pelaje dorado. No mostró miedo cuando él le ofreció un cuenco con agua fresca. 

Bebió ávidamente, devolviendo el cuenco cuando él se acercó a recogerlo. Ella acarició suavemente su denso pelaje color dorado.

Se sentía responsable por la muerte de los excursionistas. Los había ido protegiendo mientras avanzaban por el bosque, hasta que su fino oído escuchó otro grupo, pero este era más revoltoso. 

Se dirigió hábilmente hasta las inmediaciones del ruso que se estaba dedicando a molestar a las jóvenes criaturas del lindero del bosque, así que optó por asustar a aquellos excursionistas gamberros. En cuanto lo vieron, huyeron despavoridos. 

Ahí fue donde oyó los alaridos lastimeros de los pobres caminantes. Los habían despedazado a todos, salvo a la jovencita que estaba hecha un ovillo, rodeada de aquellas aterradoras fieras. 

Menos mal que llegó a tiempo para salvarla; ella lo había visto en la espesura del bosque, pero no mostró miedo. Había una conexión ancestral entre ellos.

M. D.  Álvarez 

martes, 26 de noviembre de 2024

Hechizado por ella.

Hechizado por la luna, permanecía observándola extasiado por su fulgor. Allí, en pie ante su dulce guardiana, comenzó a sentir cómo su cuerpo cambiaba en oleadas de dolor. 

Con cada onda, su cuerpo se resquebrajaba y rompía para dar salida a su espíritu ancestral: un gigantesco licántropo que amaba la vida en libertad, pero también amaba a la mujer que lo esperaba todos los días. 

Por eso, al amanecer, el gran licántropo volvía al interior del humano que lo protegía durante el día. 

El mismo humano que le había inculcado el amor por algunos seres humanos, el mismo que amaba a aquella preciosa y deliciosa mujer por la que compartían un amor ancestral, por la que los dos darían su vida sin pensárselo dos veces.

M. D. Álvarez 

El sillón.

En aquel sillón tapizado de terciopelo rojo había muerto la persona que más la quería, su verdadero ángel guardián, aquel que la sacaba de todos los peligros en los que ella se metía. 

Y el último le costó perder a su verdadero amigo y protector. Allí sentado, con su último suspiro, le dijo que nunca la dejaría sola. 

Ella, arrodillada a sus pies, lloraba desconsoladamente. Ahora debía superar sus miedos, sus horrores, que antes, junto a él, eran más llevaderos e incluso divertidos. Ella le cogió la mano y se la besó amorosamente, y se levantó dispuesta a enfrentarse a aquello que le había arrebatado a su mejor amigo. 

Cuando se dio la vuelta, sintió una ligera presión sobre su hombro, era una presión leve pero cálida. Él había cumplido con su promesa, estaría siempre con ella, la cuidaría desde el otro lado.

M. D. Álvarez 

La cabaña oscura

Desde que eran críos, aquella cabaña los hechizaba con historias terroríficas de asesinatos y torturas. 

A ella le atraía el terror y sus matices oscuros, e iba plasmando en papel todo lo que ocurría y salía de su imaginación. Se sentía afín con la historia oscura de aquella cabaña. 

Su espíritu era oscuro, tenebroso y lúgubre; en la oscuridad encontraba el sosiego que le hacía falta. Sin esa paz del alma, podría destruir su perfecto mundo de color y, con ello, a su familia. 

Por eso, se refugiaba en su cabaña oscura, donde sus pensamientos funestos y aterradores eran liberados para que camparan por su reino, que se había reducido al único lugar donde ella era feliz.

M. D. Álvarez 

lunes, 25 de noviembre de 2024

Amigo, esposo y amante.

"Ni te muevas", le dijo al oído, mientras ella terminaba el desayuno. Él se levantó y salió. Tardó diez minutos en regresar y traía algo escondido en su mano derecha.

"Hacía tiempo que tenía esto guardado, esperando el momento adecuado, y creo que ahora ya estamos preparados para el siguiente paso. Te quiero y siempre te he querido. No hay nada en el mundo que me separe de ti, mi vida sin ti no vale nada, y por eso te pido de rodillas: ¿quieres casarte conmigo?" —le dijo con la rodilla en tierra y en su mano derecha tenía un precioso anillo de diamantes.

Ella, visiblemente contenta, le dijo que sí, que lo quería más que a su vida. Llevaban viviendo juntos 6 años llenos de amor y mimos. Él la trataba como a una reina y ella se dejaba querer, sabía que él era un buen amigo y desde aquel día sería un buen esposo y amante.

M. D. Álvarez 

sábado, 23 de noviembre de 2024

Las mejores amigas. capítulo II

Las paredes del templo, húmedas y cubiertas de musgo, reflejaban la luz de las antorchas que las dos amigas llevaban consigo. Jeroglíficos y símbolos alquímicos adornaban las paredes, contando historias de un pasado olvidado. El aire era pesado y cargado de una energía ancestral, y cada paso que daban resonaba en la inmensa cámara.

Al fondo de la sala, un altar de piedra negra se erguía majestuoso, rodeado de siete candelabros de bronce. En el centro del altar, un cuenco de obsidiana brillaba intensamente, reflejando la luz de las antorchas. Sheila se acercó al altar y trazó un círculo mágico en el suelo con una varita de ébano.

"Este es el corazón del templo", susurró Sheila, su voz resonando en la quietud. "Aquí realizaremos el ritual que unirá nuestras almas y nos otorgará el poder que necesitamos".

Mandy asintió con la cabeza, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Sacó de su mochila una serie de ingredientes: hierbas aromáticas, piedras preciosas y un vial con un líquido dorado que brillaba como el sol.
"Estos ingredientes son los componentes esenciales del elixir", explicó Mandy. "Cada uno representa un aspecto de nuestro ser y del universo".

Mientras Sheila encendía los candelabros, Mandy comenzó a mezclar los ingredientes en el cuenco de obsidiana. El líquido burbujeó y cambió de color, pasando del dorado al púrpura y finalmente al azul intenso. Un aroma dulce y embriagador llenó la cámara.

"Beberemos de este elixir juntos", dijo Sheila, tomando el cuenco. "Será un vínculo que nos unirá para siempre".
Mandy extendió su mano y tomó la de Sheila. Juntas, elevaron el cuenco y bebieron el elixir. Un calor intenso se expandió por sus cuerpos, y sus visiones se llenaron de destellos de luz y colores vibrantes.

Al terminar el ritual, las paredes del templo comenzaron a temblar. Grietas se formaron en el techo, y rocas comenzaron a caer. Un rugido ensordecedor se escuchó desde lo profundo del templo, seguido por un aullido que helaba la sangre.

"¡Es el guardián del templo!" exclamó Sheila, empuñando su varita. "Debemos enfrentarlo si queremos salir de aquí".

Mandy asintió con determinación. Juntas, se prepararon para la batalla. El guardián del templo, una criatura oscura y retorcida, emergió de las sombras. Sus ojos ardían con un odio ancestral, y sus garras desgarraban el suelo.

Sheila y Mandy lucharon con todas sus fuerzas. Lanzaron hechizos de fuego y hielo, esquivaron los ataques de la criatura y se protegieron mutuamente. La batalla fue larga y agotadora, pero al final, gracias a su unión y al poder del elixir, lograron vencer al guardián.

Con el guardián derrotado, las paredes del templo comenzaron a estabilizarse. Un camino de luz se abrió ante ellas, indicando la salida. Sheila y Mandy se miraron a los ojos, una sonrisa de alivio y triunfo en sus rostros. Sabían que habían superado una gran prueba y que su amistad era más fuerte que nunca.

¿Cómo te gustaría que continúe la historia? Aquí hay algunas opciones:

 * El mundo exterior ha cambiado: Al salir del templo, descubren que el mundo exterior ha cambiado drásticamente debido a la ausencia del guardián.

 * Un nuevo enemigo surge: Un nuevo enemigo, aún más poderoso que el guardián, amenaza con destruir el mundo.

 * Un viaje hacia lo desconocido: Siguen el camino de luz y descubren un nuevo reino lleno de misterios y peligros.

M. D.  Álvarez

viernes, 22 de noviembre de 2024

Las mejores amigas.

Eran dos grandes amigas; las dos se conocían desde hacía milenios y se querían con locura. Habían vivido grandes aventuras tanto en esta vida como en otras. 

Ella, a la que llamaré Sheila, era valiente, inteligente y amable. Yo, en cambio, era pendenciera, noble e imaginativa. Mi carácter me llevaba a enfrentarme con enemigos el doble de grandes que yo, pero con la ayuda de Sheila podría vencer cualquier vicisitud que se presentara. 

Ella, con sus ojos azul verdoso y cabello castaño claro, parecía una valquiria; era un ancla que me mantenía estable. Si no la hubiera encontrado, mi vida seguramente habría acabado antes de empezar. Nadie creería que con mi metro cincuenta y uno podría albergar una naturaleza tan peleona. Mi carácter irascible me habría acarreado grandes desastres; incluso podría haber destruido el planeta entero.

Por suerte, la encontré y fue mi ancla que me mantenía tranquila y estable. Con ella aprendí a controlar mis ataques de ira y también supe que ya la conocía desde el principio de los tiempos. 

Aunque llevábamos cientos de vidas juntas, aún lograba sorprenderme con un gesto amable que apaciguaba mi atribulado corazón.

No os he dicho mi nombre; mi nombre es Mandy y, junto a mi mejor amiga, Sheila, luchamos en un mundo cruel, lleno de maldad y oscuridad, por cualquier alma luminosa a la que la tenebrosidad trate de usurpar su luz.

Sheila, con su cabello plateado y ojos centelleantes, era más que una amiga para Mandy. Su sabiduría trascendía las eras, y su conocimiento ancestral la convertía en una guía indispensable en su lucha contra las sombras. Aunque su apariencia física no revelaba su verdadera edad, Mandy sabía que Sheila había presenciado la caída y ascenso de civilizaciones, la danza de las estrellas y la agonía de los dioses.

En las noches más oscuras, cuando el mundo parecía al borde del abismo, Sheila se sentaba junto al fuego y compartía historias de tiempos olvidados. Hablaba de imperios que se alzaron y cayeron, de héroes que se inmolaron por un bien mayor y de secretos ocultos en los pliegues del tiempo. Sus palabras eran como hilos de luz que tejían un tapiz de esperanza en el corazón de Mandy.

Mandy, por otro lado, era impulsiva y apasionada. Su nobleza la llevaba a desafiar las reglas impuestas por los oscuros señores que gobernaban el mundo invisible. Siempre estaba en busca de respuestas, de soluciones audaces y de maneras de romper las cadenas que aprisionaban a las almas. Su imaginación ardía como un fuego salvaje, y su valentía la impulsaba a enfrentarse a criaturas que acechaban en las sombras.

Juntas, Sheila y Mandy formaban un equilibrio perfecto. Sheila proporcionaba la perspectiva eterna, la calma en medio de la tormenta, mientras que Mandy aportaba la chispa de rebeldía y la voluntad de desafiar incluso a los dioses. Sus enemigos temblaban ante la alianza de estas dos almas entrelazadas, pues sabían que no podían ser vencidos por la fuerza bruta ni la astucia solitaria.

En una noche sin luna, cuando los susurros de los espíritus se volvieron inquietantes, Sheila le confió a Mandy un secreto ancestral. Reveló que ambas eran guardianas de un antiguo pacto, custodias de la balanza entre la luz y la oscuridad. Su amistad no era casualidad; era un designio cósmico que las había unido a lo largo de los milenios.

Mandy escuchó con asombro mientras Sheila le hablaba de las profecías que se tejían en las estrellas, de los hilos dorados que conectaban sus almas y de la elección que debían hacer. ¿Salvarían al mundo sacrificando su propia luz o se alzarían como titanes contra la oscuridad?

Así, en la encrucijada de la eternidad, Sheila y Mandy se prepararon para la batalla final. Sus corazones latían al unísono, y sus manos se entrelazaron como las raíces de un árbol ancestral. En ese momento, supieron que su amistad no solo era un refugio en la tormenta, sino también la clave para la supervivencia del mundo.

Y así, con la sabiduría de Sheila y la pasión de Mandy, se alzaron contra las sombras, dispuestas a escribir su propia leyenda en las estrellas. Porque en la oscuridad más profunda, la amistad verdadera se convertía en la luz que iluminaba el camino hacia la redención.

M. D. Álvarez 

Relato dedicado con todo cariño a una de mis mejores amigas, Sheila Gómez.

Las tres lunas.

Lunas rojas, azules y verdes por doquier lo influían de igual manera, sacaban al monstruo que llevaba dentro. Si su espalda se arqueaba y doblaba, se resquebrajaba, dejando salir a la espantosa bestia que desgarraba su piel con sus grandes zarpas. Su espíritu luchaba por mantenerlo dócil y manso, pero aquel mundo no estaba ideado para el hombre. 

La gran cantidad de lunas hacía inevitable que su espíritu salvaje dominara al hombre que, de por sí, era su guardián, escondiendo su esencia en su interior, preservando su lado humano. 

Aquel mundo le era extraño a la bestia, pero sabía que en él nada le impediría ser el ser más salvaje de todos.

Aulló a las lunas que lo bendijeron con noches sin días, donde campaba a sus anchas, devorando y cazando por placer. 

Hasta que un día, en una de sus correrías, se topó con un portal que lo trajo de nuevo a nuestro mundo, donde el espíritu humano prevalecía sobre su mitad salvaje. 

En nuestro mundo, él era un amante esposo y padre de la criatura más dulce de todas, su pequeña Carol. Su mujer, Angie, estaba preocupada. Había estado fuera más de un mes, pero no se atrevía a preguntar. Sabía el cariz del trabajo de su esposo y conocía su secreto. 

Su trabajo lo llevaba a explorar otros mundos, donde sufría profundos cambios en su naturaleza, pero siempre regresaba junto a ellas. Eran su ancla y su faro para regresar.

Cuando estuviera preparado, se lo contaría todo. Hasta entonces, aguardaría, lo mimaría y amaría muy lentamente con ternura.

M. D. Álvarez 

Un matrimonio dispar.

Su idilio llevaba cinco años, pero no se atrevían a fijar una fecha para la boda. A pesar de ello, vivían juntos: ella teletrabajaba para un bufete de abogados y él era estibador en los muelles.

Se querían desde que se conocieron. Su amor era apasionado sin fisuras. Sus espíritus eran afines desde el principio de los tiempos, cuando el universo surgió, sus espíritus surgieron con él. Ella era el fulgor y la pasión, él era melancólico y oscuro, y se atraían como las polillas a la luz.

En la época actual, su amor había alcanzado unos límites insospechados. Los dos estaban dispuestos a sacrificarse el uno por el otro y seguiría creciendo más y más hasta abarcar toda la existencia con su amor, librando la más grande de las batallas que les llevaría a ser libres para amarse.

M. D.  Álvarez 

Un faro en el espacio.

Se sentía inmensamente solo, sin nadie a quien acudir si tenía algún problema. Por el momento se valía bien solo, aunque los contrarios lo atosigaban sin tregua y cada vez con más saña.

Un día la encontró, la que sería su apoyo incondicional e inquebrantable, la que lucharía codo con codo con él. Pues ella también se sentía sola en el mundo, hasta que apareció él.

Se aferraron el uno al otro como náufragos a un madero en medio de la tormenta. Juntos enfrentaron las adversidades, con la fuerza que solo da el amor y la comprensión. Su unión era inquebrantable, un faro de esperanza en un mundo hostil.

La soledad había quedado atrás, reemplazada por un vínculo profundo y duradero. Encontraron en el otro lo que tanto habían buscado: un alma gemela, un compañero de viaje, un refugio en la tormenta.

Su historia es un canto a la esperanza, un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una luz que nos guía. Un faro que nos lleva hacia la felicidad, hacia el amor verdadero.

M. D. Álvarez 

jueves, 21 de noviembre de 2024

El arcón rojo. 2da parte.

Angie sintió que el frío la invadía mientras leía las palabras de Marcus. Su mente se llenó de recuerdos de aquellos días en los que compartían risas y aventuras, antes de que él desapareciera sin dejar rastro. La idea de que un objeto, algo tangible, pudiera haber causado su retiro y su sufrimiento la preocupaba profundamente. 

Con manos temblorosas, se acercó al paquete. Era un cofre robusto, cubierto de glifos extraños que parecían brillar débilmente a la luz del salón. Se sentó en el sofá, el corazón latiendo con fuerza. 

—¿Qué fue lo que encontraste, Marcus? -musitó para sí misma. Las advertencias en la carta resonaban en su mente: "No lo abras por ningún motivo". Pero la curiosidad era un fuego ardiente que empezaba a consumirla.

Decidió que lo primero que debía hacer era estudiar los glifos. Se levantó y buscó su viejo libro sobre símbolos antiguos, uno que había usado durante sus años de entrenamiento en el servicio. Pasó las páginas con ansiedad, buscando cualquier referencia a los símbolos del cofre.

Mientras tanto, no podía evitar pensar en lo que había dicho Marcus sobre perder parte de su alma. ¿Qué había encontrado realmente? ¿Era algo sobrenatural o simplemente un artefacto lleno de secretos? La idea de que pudiera haber una conexión entre ellos a través de ese objeto la mantenía despierta por las noches.

Finalmente, Angie se sentó en su escritorio, rodeada de notas y libros abiertos. Con cada símbolo que descifraba, sentía una mezcla de miedo y emoción. Estaba decidida a descubrir la verdad detrás del mensaje y el objeto misterioso.

Después de horas de estudio, logró desentrañar una parte del mensaje oculto entre los glifos: "La llave del pasado es el futuro". ¿Qué significaría eso? ¿Era una pista para entender qué había sucedido con Marcus?

Con el corazón acelerado y un nuevo propósito, Angie decidió que no podía esperar más. Necesitaba saber qué había dentro del cofre, pero también sabía que debía proceder con cautela.

Tomó una respiración profunda y, armada con su determinación y el conocimiento recién adquirido sobre los glifos, se preparó para abrir el misterioso paquete.

—Espero que estés listo para esto, Marcus —susurró mientras sus dedos buscaban el mecanismo de apertura.

Continuará...

M. D. Álvarez 


El arcón rojo.

—Entrega especial para la señorita Angie Dember. —Voceaba el repartidor.  

—Aquí,  yo soy Angie Dember —refirió ella con una mirada de sorpresa. Aquel no era un paquete corriente; es más, era descomunal.  
Miró el remitente y sintió una punzada en el corazón.  

Hacía siete años de su desaparición. Nunca supo por qué se había retirado del servicio activo; era el mejor capitán de las fuerzas especiales. Algo debió de ocurrir en la última misión, pero no había trascendido; el informe se había sellado como secreto.  

Y ahora, Marcus enviaba un paquete gigante. Tenía un sobre pegado. Ella lo cogió y lo abrió.  

Comenzó a leer:  

"Querida Angie: Si te he hecho desaparecer sin decir nada, mi retiro fue voluntario por motivos de salud. En la última misión hallé un objeto que te he enviado; no lo abras por ningún motivo. Yo lo hice y casi acaba con mi vida. Logré cerrarlo, pero creo que lo que había dentro se apoderó de un trozo de mi alma. Quisiera que estudiaras los glifos que adornan los laterales y la tapa.  

Si logras descifrarlo, no lo habrás por lo que más quieras. Estaré de vuelta en un par de meses.

Tuyo afectuosamente,  
Marcus Stand."

—Regresa, musitó, notando las mariposas en su estómago. Nunca lo olvidó y ahora le enviaba aquel paquete enorme.

Continuará...

M. D. Álvarez 

El amor vence al miedo.

Siempre estaré contigo", fueron las últimas palabras que le dijo, tras perderse en el frío, lúgubre y tortuoso bosque. 

Ella aún lo esperaba con ansiedad, cuando se dio cuenta de que no regresaría. Se encaminó adentrándose en el terrorífico bosque, haría frente a los graves peligros que él sufrió. 

Primero, en un claro del bosque, lo vio tendido medio muerto y a su lado un aterrador khransun; su especie se alimentaba de animales heridos o moribundos y ahora parecía querer devorarlo. 

Le gritó: "¡Como le pongas tus sucias garras encima, te vas a acordar de mí!"

El khransun, a pesar de ser una criatura imponente, era muy asustadizo y huyó.

Ella, presa de terror, se acercó a su compañero que yacía con un hilo de vida, le recordó sus últimas palabras y lo besó con ternura. Algo sucedió a continuación: su corazón comenzó a latir con más fuerza. Al cabo de unos minutos, abrió los ojos. 

Ella había encendido un fuego y cazado un colargón que le serviría para darle fuerzas y hacer que su recuperación fuera más rápida. Se dio cuenta de que se había despertado y le acercó una pata del colargón. 

"Come, te recuperarás enseguida", le dijo.
Solo pudo articular una palabra: "Gracias".

"No creerías que te iba a dejar abandonado y casi devorado por un khransun", le sonrió ella.

M. D. Álvarez

Mal carácter.

Encantadora como siempre, ella lo prefería tranquilo y apasionado, no irascible y pendenciero. Ella era capaz de encontrar su paz interior. Sin ella, era completamente destructivo y aterrador. 

No podía acercarsele nadie y quien se arriesgaba a hacerlo era víctima de su mal carácter. Solo ella era capaz de ver su lado amable. 

"Si sigues comportándote así, te verás envuelto en graves problemas", le dijo ella tranquilamente. 

Él no supo qué responder, nunca había sido tan caballeroso; siempre, desde que podía recordar, había sido pendenciero y arisco y no sabía por qué.

Ella estudió su historial e indagó en su niñez. Ahí fue cuando descubrió que desde que nació había tenido que luchar por todo y no había recibido el cariño necesario. 

Así que ella lo acogió con ternura, cuidó de él y el cambio fue radical: ya no se peleaba por todo, no discutía, pero todavía no controlaba ser amable con la gente de fuera.

M. D.  Álvarez 

miércoles, 20 de noviembre de 2024

El Shofral.

La gloria había pasado al olvido de quien fue su predecesor. Él era un auténtico  Shofral y su apariencia lo decía todo. Alcanzaría cotas inimaginables y desconocidas hasta ahora.


Su gran estatura y su denso pelaje rojo lo definían como un impetuoso cazador y un aguerrido adversario. Nadie osaba enfrentarse con él, ya que era famoso por no dejar ningún enemigo vivo. 

Sus profundos ojos ambarinos escrutaban a sus oponentes y su fino olfato olía el miedo en ellos.

Sus enfrentamientos eran épicos, arrasaba con montañas y ciudades enteras sucumbiendo ante los golpes que efectuaba.

No tenía parangón, nada se le igualaba, todo  que se enfrentaba con él moría irremediablemente. Cuando ya no hubo más asaltantes que derrotar, se retiró a un gran y espeso bosque donde campó a sus anchas hasta el final de sus días.

M. D. Álvarez 

Reencarnaciones.

Un fundido en negro y parece que todo desaparece, y ni mucho menos deja de existir. 

Sigue el dolor almacenado en nuestra alma inmortal. Los que pueden trascender y evolucionar lo tienen más fácil que los menos evolucionados, entre los que me encuentro al ser un alma perdida. 

No tengo más opción que expiar mis pecados en una nueva criatura. No sé en qué me he reencarnado, solo espero hacerlo mejor que en las últimas 1000 reencarnaciones. 

Ya no sé cómo debo vivir la vida, si he hecho de todo. He sido siempre un alma oscura que odia la luz y aún así siguen enviándome a mundos luminosos y brillantes. 

Si en vez de mandarme a esos mundos me mandaran a uno tenebroso, sabría que estaría más acorde con mi alma fría y tétrica.

M. D. Álvarez

martes, 19 de noviembre de 2024

Umbroso.

En su naturaleza no estaba la palabra de rendición y sumisión, tan solo había oscuridad, tinieblas y su sola presencia imponía pavor.

Los que se colaban en su territorio no sabían lo que hacían, se las daban de valientes, pero en cuanto él aparecía, se morían del susto. 

Hubo una vez que se vio a punto de rendirse en un enfrentamiento con otra criatura, supo que sería complicado vencerla; los dos estaban al límite de su resistencia cuando él hizo algo insospechado: la besó, desarmandola. 

Así fue como venció a la más preciosa criatura del mundo umbroso y tenebroso.
Ahora son dos los seres que cuidan de su territorio.

M. D. Álvarez 

Pasión Obsesiva.

Sinuosamente, se fue acercando a su deseo más ferviente. Lo tenía delante de ella, su porte altivo y sensual lo hacía especialmente atractivo a las féminas, pero ella no estaba dispuesta a compartirlo. 

Lo quería para ella sola, ninguna otra tenía derecho a tocarlo. Él había nacido especialmente para amarla con pasión y ternura. 

Nadie se interpondría entre ella y su adorado compañero. Aquella cálida noche él se presentó en una casa sin saber por qué, pero algo lo había atraído hasta allí. 

Ella lo invitó a pasar, cenaron, hablaron de lo divino y lo humano; después él se despidió cortésmente y le prometió que la llamaría.

Continuará...

M. D. Álvarez 

lunes, 18 de noviembre de 2024

Susuros en el viento.

Su espíritu fantasmagórico los atormentaba desde las sombras. Ellos no tenían escapatoria, su ira los alcanzaba aún estando muertos. 

Les recordaba sus delitos; solo había uno de ellos al que no molestaba, y era la única que conocía la verdad de su existencia. A ella no tenía nada que reprocharle, es más, la protegía aún desde el otro lado. 

Supo en el último momento de su vida que había tirado su vida por la borda en nimiedades, en vez de dedicarse en cuerpo y alma a amarla a ella. 

Ya era demasiado tarde, pero aún así la protegía; ella lo percibía en cada susurro en el viento. 

M. D. Álvarez

Héroe inesperado.

Su talante y carácter eran de tranquilidad; su sola presencia calmaba las aguas agitadas y tumultuosas. La marabunta amenazaba con aplastarlos. 

Aquella horda de hooligans enfervorecidos amenazaba a una joven que se dio de bruces con aquel impresionante joven de aspecto rudo pero amable. 

Él la puso detrás de él y se encaró con la hueste. Encarecidamente se decían que aquel era un solo hombre; no sabían lo que se les venía encima. 

Abrió los brazos en cruz y, con sus 1,90 metros de altura, emitió una onda sónica de una sola palmada que hizo volar a todos los maleantes.

M. D. Álvarez 

domingo, 17 de noviembre de 2024

El Aullido del Eco.

El estanque natural más grande del mundo se encuentra en una gruta de proporciones ciclópeas, llamada el Aullido del Eco, un lugar oscuro y subterráneo que provee de agua a los moradores del subsuelo. 

Está siempre vigilado por un drokhum, un guardián del agua. Su único deber es cuidar de que el estanque permanezca lleno, limpio y puro.

El drokhum era una especie de lobo albino de gigantescas proporciones que permanecía en soledad cuidando de su vasto reino.

El Aullido del Eco tendría una profundidad de unos 4500 metros y una longitud de unos 22000 metros, un vasto territorio que explorar. 

Nunca se sentía solo, pues los moradores subterráneos lo veneraban como a su protector.

M. D. Álvarez 

Juego de valor

En la casa de nuestros ancestros, un caserón lúgubre y frío donde todo chirría y cruje, mis tres hermanos y yo jugábamos a ver quién permanecía más tiempo en la oscuridad. Era un juego de valor y entereza.

Mi hermano pequeño era uno de los mejores ajedrecistas del momento, era calmado y pausado, tenía todas las papeletas para ganar, pero también era muy asustadizo, así que fue el primero en dejar la casa.

Mi segundo hermano era un astrónomo reputado, pero ni aún así lo consiguió y abandonó. Solo quedábamos mi hermano mayor y yo; el mayor trabajaba de abogado, pero ni aún así logró aguantar ni diez minutos y salió corriendo.

Solo quedaba yo, que por mi naturaleza oscura adoraba las sombras y la paz que me infundían. Siempre les ganaba por mi afinidad con la oscuridad a la que yo amaba, pues ella me protegía.

M. D. Álvarez

sábado, 16 de noviembre de 2024

Siempre estaré ahí

El ave lo miraba con cara de desconcierto, como preguntándose qué hace este loco saltando por un barranco y sin paracaídas. 

Nuestro protagonista se había lanzado al vacío para rescatar a su bebita que había sido arrojada por los salvajes que se la habían arrebatado a su madre de entre sus brazos. 

Ella le suplicó que rescatara a su pequeña. Rápido como un leopardo, se lanzó a la carrera detrás de su pequeña, la cogió entre sus brazos. La pequeña sonrió cuando levantó la cabezita. 

Él nunca dejaría de protegerla. Ahora tocaba aterrizar, giró su cuerpo y cayó de pie sin ningún rasguño. 

Tocaba la ascensión del precipicio. Él estaba preocupado por su pareja, así que colocó a la pequeña en el sujetabebés que llevaba a la espalda y comenzó a trepar hábilmente por la escarpada pared hasta que llegó arriba.

Ella era de armas tomar, había reducido a dos de tres; el tercero estaba a punto de forzarla, pero él llegó a tiempo y lo agarró del cabello, arrojándolo a unos 20 metros.

¿Estás bien? preguntó preocupado.

¿Y la pequeña? preguntó ella, visiblemente asustada, le cambió la cara al ver su cabecita asomar sobre el hombro de su padre.

"Aquí la tienes", se la entregó con mimo. 

El otro asaltante se había levantado y se acercaba amenazante. No sabía con quién se estaba metiendo; al llegar a su altura, él se giró y le asestó un puñetazo directo al hígado que lo dejó KO. 

"Si te vuelvo a ver a ti o a tus amigos rondando cerca de mi mujer e hija, no seré tan comedido", dijo al oído del maleante.

La pequeña sonreía a su madre, que la colmaba de besos, y en cuanto vio a su padre acercarse, soltó la sonrisa más tierna; los adoraba a ambos.

M. D. Álvarez 

Almas gemelas.

Sus cuerpos habían dejado de existir hace tiempo. Ahora eran dos almas perdidas en busca de su destino: él murió defendiéndola y ella murió de pena al ver a su amado salvajemente asesinado. Ahora, sin las ataduras de sus cuerpos mundanos, se buscaban mutuamente. ¿Lograrían encontrarse? Serían dos almas gemelas que disfrutarían de la eternidad amándose en un mundo sin fin.

Las almas de los amantes vagaron por el etéreo paisaje, buscandose incansablemente. Un susurro del viento, una fragancia familiar, una melodía resonante en sus corazones, cada señal era una pista en su búsqueda. La esperanza los guiaba, alimentando su determinación de volver a encontrarse.

En un encuentro fortuito bajo la luz plateada de la luna, sus almas se reconocieron al instante. La alegría del reencuentro inundó sus espíritus, disipando la tristeza de sus vidas pasadas. Se abrazaron con una ternura infinita, prometiendo nunca más separarse.

Juntos, exploraron las infinitas posibilidades de su nuevo mundo, compartiendo experiencias que jamás podrían haber imaginado en vida. Su amor se fortaleció con cada paso, iluminando su camino hacia una eternidad de felicidad compartida.

M. D. Álvarez 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Las baquetas de Dionisio.

Sus solos de batería eran los más enérgicos y brutales. Era uno de los mejores bateristas; en cuanto comenzaba a agitar las baquetas, el espectáculo estaba garantizado. Ella era su mejor fan. Él tenía una sala insonorizada para practicar ritmos cada vez más melodiosos y atábicos. Sus solos conectaban su espíritu con la tierra de la que emanaba su energía.

Un día, ella lo sorprendió con un regalo. Él abrió el paquete y vio las baquetas más hermosas de nogal americano, pero no eran unas baquetas normales; venían en una urna de plata, envueltas en una historia que ella le contó. 

La urna había sido encontrada en una mina de arcilla roja y, según cuentan las leyendas, en aquella tierra los bélicos Coribantes golpeaban con aquellas baquetas los tambores para evitar que Hera escuchara los llantos del pequeño Dionisio, ya que si lo descubría, le daría muerte. El querubín, al alcanzar la madurez, les concedió a los Coribantes el poder de subyugar con sus baquetas a los que escucharan sus ritmos melodiosos.


Él sostuvo las baquetas con reverencia, sintiendo la suavidad de la madera y la historia que llevaban consigo. La leyenda de los Coribantes resonaba en su mente, y una chispa de inspiración lo atravesó. Decidió que esas baquetas no solo serían un instrumento; serían su conexión con el pasado, un vínculo entre el arte de la música y las antiguas tradiciones.

El siguiente día, se encerró en su sala insonorizada, la luz tenue iluminando su espacio sagrado. Con cada golpe en el tambor, sentía cómo las historias de aquellos guerreros resonaban a través de él. Los ritmos fluían como ríos caudalosos, llevando consigo la energía de la tierra y el eco de los Coribantes. 

Pero había algo más; ella estaba allí, observando desde la puerta, con una mirada de admiración y amor. Su presencia lo llenaba de fuerza, y por un momento, se sintió como un dios en el escenario. Decidió dedicarle su siguiente solo. Con cada golpe, le enviaba mensajes silenciosos: "Gracias por creer en mí. Gracias por darme estas baquetas mágicas".

El ritmo se intensificó, cada golpe era un latido del corazón, cada redoble un susurro dirigido a ella. En su mente, imaginó a los Coribantes danzando a su alrededor, protegiendo el secreto de Dionisio mientras él tocaba. La música se convirtió en un ritual; ella era su musa y su inspiración.

Cuando terminó, el silencio llenó la sala como una bruma suave. Ella aplaudió con entusiasmo, sus ojos brillando como estrellas. Se acercó y lo abrazó fuerte. 

—Eres increíble —dijo con una sonrisa—. Siento que esos ritmos tienen vida propia.

Él sonrió, sabiendo que había encontrado algo más que un simple regalo; había descubierto una conexión profunda entre su arte y la historia que habían compartido juntos.

M. D. Álvarez 

Pasión obsesiva.

La noche se tornaba cada vez más oscura y la protagonista, presa de la impaciencia, no podía esperar más. 

Se paseaba de un lado a otro por la habitación, su mente invadida por imágenes del hombre que la había cautivado.


De pronto, escuchó un ruido en la puerta. Su corazón comenzó a latir con fuerza mientras se acercaba sigilosamente. Al abrir, se encontró con él, tal y como lo había soñado.

Una sonrisa pícara se dibujó en sus labios y, sin mediar palabra, la tomó entre sus brazos. La pasión se apoderó de ellos y sus cuerpos se unieron en un abrazo ardiente.

La noche se llenó de gemidos y susurros de amor, mientras la protagonista finalmente lograba saciar su deseo más ferviente.

M. D. Álvarez 

El estallido.

En las profundidades del frío cosmos, un fogonazo alertó a los astrónomos que, cada noche, alzaban la vista hacia las estrellas. Dirigieron hacia el fogonazo todos los radiotelescopios y observatorios. 

Aquel era un acontecimiento extraordinario, un estallido de tal magnitud que era, además de inusual, inconcebible. Cuando los astrónomos vieron la magnitud de la explosión, supieron al instante lo que significaba: la extinción total de nuestra parte del cosmos.

Pese al dramatismo, era un espectáculo digno de admirar. Su fulgor podía ser visto a plena luz del día. La población ignoraba lo que ocurría y se maravillaba de los hermosos colores que tenían nuestros cielos. Se optó por no comunicar nada a las autoridades para no crear una alarma mundial. 

Además, no se podía hacer nada ya que, según los observatorios, la onda expansiva nos alcanzaría en tres días y no había nada en el mundo que pudiéramos hacer.

M. D. Álvarez 

El encuentro.

Bajo aquellas gafas de sol Ray-Ban se escondían unos impresionantes ojos verdes que escudriñaban la pista de baile en busca de un ejemplar. Lo vio atosigado por un grupo de jovencitas, aunque no les hacía ni caso se acercó a él.lo había escogido como el mejor ejemplar 
El cuanto la vio frente a él no pudo resistirse a sus encantos y fue hacia ella .

Con una sonrisa de suficiencia, ella se dirigió a él: "¿Puedo ofrecerte algo de beber, galán?". Él, aún cautivado por sus ojos, aceptó con un gesto de cabeza. Mientras esperaban sus bebidas, la conversación fluía con naturalidad.  Descubrieron que compartían pasiones por la música, la literatura y el arte.

La pista de baile los llamaba de nuevo. Bailaron juntos, olvidándose del mundo que los rodeaba. Sus cuerpos se movían al unísono, como si llevaran bailando toda la vida. La conexión era palpable, electrizante.
Al final de la noche, intercambiaron números de teléfono. Se despidieron con una promesa: volver a verse pronto. 

Caminando a casa, él no podía dejar de pensar en ella. Era la mujer de sus sueños, la que había estado buscando toda su vida.

M. D. Álvarez 

miércoles, 13 de noviembre de 2024

El amor de un hombre lobo y una diosa.

Ella era su diosa y, por tanto, inalcanzable, o eso creía él. Ella lo había descubierto observándola mientras jugaba con sus amigas. No se enfadó, es más, le pareció tierno y adorable. 

Por él estaría dispuesta a renunciar a su inmortalidad. Le pidió que se acercara. Era un ejemplar precioso de hombre lobo joven y tímido. 

Mansamente se aproximó al grupito de amigas, que huyeron despavoridas, menos ella, que lo acarició dulcemente con cariño. 

Él había sido el responsable de que renunciara a su inmortalidad, pero le daba igual, lo amaba y sabía que era correspondida.

M. D.  Álvarez

El clan más poderoso.

Los grandes clanes se reunían, como cada año, en los alrededores del Cerro de la Muerte para dar caza a una de las más pavorosas criaturas mitológicas de la antigüedad.

En aquel cerro se escondía un ser llamado Brhindurl, una especie milenaria de carácter irascible y vengativo. En aquel día sería cazada y exterminada por el clan más poderoso, liderado por uno de los últimos Kittagh, el joven Darren.

En la espesura del cerro, en el bosque cerrado, se encontraba la criatura. No tenía miedo, es más, se sentía aliviada. Después de tanto tiempo, deseaba la muerte como alivio a su tormentosa vida. 

Su especie, antaño gloriosa y noble, se había visto relegada a las sombras, casi esquilmada y extinguida. Pero aún quedaba ella, un híbrido entre licántropo y quimera. Su aspecto, verdaderamente aterrador, no reflejaba su corazón. Ella era diferente a sus ancestros, tenía un corazón noble y sincero.

Cuando se vio rodeada por la jauría de perros, se arrodilló y ofreció su cuello. 
Darien no podía creer lo que estaba viendo y detuvo a sus perros, que como lobos, se lanzaron contra ella. Sumisos a la voz de su amo, se detuvieron. 

Ella no se resistía, ofrecía su cuello para ser sacrificada. Darien no pudo cortarle el cuello con su espada y la dejó ir. Había visto en aquella criatura un corazón grande y noble. A partir de aquel día, el Cerro de la Muerte fue terreno vedado para todos los clanes. Ella podría vivir en paz los años que le quedaban.

M. D. Álvarez 

martes, 12 de noviembre de 2024

Corazón noble.

Su valentía no tenía precio, se arrojó por defender a los más débiles; era su seña de identidad. Cuando la conoció a ella, supo que no la dejaría por ninguna otra, por muy arrebatadora que fuera. 

Ella lo tenía hechizado, él bebía los vientos por ella. La besaba con ternura y cariño, ella se dejaba querer, sabía que no tenían mucho tiempo, así que se amaron apasionadamente, sin freno. 

Él la quería más que a su vida, por eso el dolor que le causó que se la arrebataran fue indescriptible; su rugido de dolor resonó en los cielos, que apesadumbrados comenzaron a llorar con lluvia refrescante, pero ni eso calmó su dolor. 

El odio comenzó a anidar en su otrora bondadoso corazón, convirtiéndolo en un corazón negro y ávido de venganza.

Descubrió quiénes la habían matado y su furia fue total, pero antes de desatarse, recordó lo que ella le dijo: "Lo que más me gusta de ti es la nobleza y bondad de tu corazón, nunca se deja llevar por el odio". 

Esas palabras lo frenaron y detuvieron a los asesinos de su amada, llevándoselos a la comisaría más cercana. Serían juzgados y sentenciados por el crimen que habían cometido.

M. D.  Álvarez 

lunes, 11 de noviembre de 2024

El nuevo Oghurn

TTodo estaba sumido en la oscuridad más tétrica y aterradora, como si la luz hubiera escapado al horror que se avecinaba. Sin pensárselo dos veces, todos los que habían vivido en la luz huyeron despavoridos, como alma que lleva el diablo.

Se acercaba el horror más inimaginable, el más devastador y destructivo de todos: el final de los días, el final de los tiempos. 

Era traído por la inocente criatura que trajo en un principio la luz; ahora traía la destrucción del universo. 

Si no habíamos aprendido nada de nada, entonces el Oghurn no habría hecho bien su trabajo y entonces no se reiniciaría el nuevo universo. 

Pero, si algo nos ha enseñado la naturaleza, es que todo evoluciona y con tan solo un ser humano que lograra comprender los designios del Oghurn, el universo se reiniciaría con el simple deseo del humano evolucionado. Pero todavía no había rastro del humano y el Oghurn se impacientaba, si no aparecía, su obra sería erradicada por completo y no habría un nuevo principio.

De pronto, el Oghurn percibió un destello casi al borde de la oscuridad. De pronto, un gran estallido lo iluminó todo. El Oghurn había conseguido mostrar el camino a un único ser capaz de sacrificarse por su universo, ya que en cada uno de nosotros tenemos el poder de liberar mundos, pero solo los elegidos son portadores de una luz intensa y radiante que se mostrará con su sacrificio. Aquel humano evolucionado sacrificó su vida para liberar un nuevo universo y convertirse en un nuevo Oghurn.

M. D. Álvarez 

Cicatrices

Sus cicatrices eran un recordatorio de las batallas que había librado; todas y cada una fueron infligidas por errores en su defensa, errores que fue corrigiendo con el tiempo. Su fortaleza y energía eran inagotables, lo que lo hacía prácticamente invulnerable. 

Cada cicatriz recibida era un acicate que le espoleaba a seguir luchando por lo que creía justo. Pero un día le ordenaron borrar del mapa una aldea entera, llena de gente jovial, niños y niñas preciosos que no hacían mal a nadie. Entonces se negó, aún sabiendo que negarse a cumplir una órden directa estaba penado con un consejo de guerra.

Los lugareños sabían que aquel gigante podía borrarlos de un plumazo, pero lo recibieron con los brazos abiertos y amplias sonrisas. El castigo por su negativa fue cruel: devastaron la aldea con bombas de napalm.

Él los protegió como pudo, sacando a la gran mayoría de entre las llamas, pero su cuerpo sufrió gravísimas quemaduras. Los aldeanos lo cuidaron con mimo y paciencia mientras se recuperaba de sus quemaduras, el gigante continuo entrenándose para velar por la seguridad de aquellos pobladores. 

M. D.  Álvarez 

La fresita.

Su pequeña lloraba desconsoladamente mientras su madre trataba de calmarla cantándole la canción de "Baby Shark", era lo único que lograba calmar a su chiquitina. 

Su padre estaba al teléfono consultando con el médico, quien le dijo que posiblemente le estaban saliendo los dientes y que le dieran un mordedor para calmarla. 

El mordedor era una preciosa fresa que terminó siendo mordisqueada por su pbebita y pareció gustarle, por la cara de satisfacción que puso en cuanto su padre le enseñó aquella preciosa fresita. 

M. D. Álvarez 

domingo, 10 de noviembre de 2024

Héctor y el alien.

Los portales interdimensionales habían comenzado a surgir de improviso, llevando a través de ellos a pobres criaturas que se habían visto sorprendidas por su aparición. 

Una de aquellas criaturas era una de las mayores aberraciones alienígenas; se había colado por un portal que lo llevó a nuestro mundo. Nuestro mundo estaba protegido por nuestro héroe, el hijo de un celestial y una humana: Héctor. Las alarmas comenzaron a sonar, pero él ya había presentado el peligro. CGI lo había avisado. 

Cuando presintió el peligro, buscó el portal por donde se colaría aquel ser. De forma inexplicable, localizó el portal en nuestro planeta gemelo, Marte. Se trasladó al planeta; el portal estaba sobre la cima del monte Olimpo. Allí lucharía contra aquel ser descomunal.

Héctor, con su armadura celestial resplandeciendo bajo el tenue sol marciano, se preparó para la batalla. El aire era denso y cargado de energía mientras el portal comenzaba a abrirse completamente. De él emergió la aberración alienígena, una criatura de múltiples extremidades y ojos brillantes como brasas. Héctor sintió la presión de la responsabilidad sobre sus hombros, pero también la fuerza de su linaje celestial.

Con un rugido que resonó por las llanuras marcianas, Héctor se lanzó al ataque. Sus movimientos eran rápidos y precisos, cada golpe cargado con la energía de las estrellas. La criatura respondió con furia, sus extremidades golpeando el suelo y levantando nubes de polvo rojo. La batalla era intensa, un choque de titanes en un escenario desolado.

Finalmente, con un golpe certero, Héctor logró herir a la criatura en su punto débil. La aberración emitió un grito ensordecedor antes de desvanecerse en una nube de energía oscura. Héctor, exhausto pero victorioso, cerró el portal, asegurando la paz una vez más.

M. D. Álvarez 

El paladín grhunthor.

La codicia los llevaría a menospreciar a los habitantes de aquel mundo lleno de tinieblas. Su tierra era rica en metales preciosos que los habitantes no conocían su valor. Al ser unos seres débiles, creyeron que podrían someterlos, pero ellos contaban con un arma secreta: un paladín imponente, impresionante, de una fuerza descomunal que luchaba por los habitantes más débiles.

La batalla se presentó en un terreno llano. Los invasores trajeron tanques, lanzaderas de misiles y se quedaron atónitos al ver acercarse a un joven solo. Lo que pasó a continuación fue digno de ver: su espalda se arqueó y dobló por el dolor que estaba sufriendo, se iba desgarrando desde dentro.

Fue apareciendo un colosal y gigantesco Grhunthor. En cuanto acabó la transformación, lanzó una mirada furibunda y un aullido que les heló la sangre. Era endiabladamente veloz, no le alcanzó ninguno de los misiles que lanzaron; en vez de eso, él los alcanzó y los destrozó con sus grandes garras. Los tanques se retorcían con facilidad. 

Cuando acabó con las tropas, se dirigió a las naves que habían aterrizado, destrozándolas por completo. Una vez acabada la batalla, el grhunthor volvió a introducirse en el cuerpo del joven que había estado en letargo dentro del ser.

Se lo pensarán dos veces antes de volver a nuestro tenebroso mundo.
M. D. Álvarez 

sábado, 9 de noviembre de 2024

Todo un caballero.

Su persistencia dio frutos cuando ella lo llamó por teléfono quería quedar con él para tomar algo. Él fue a recogerla a su casa con un ramo de rosas "Red Naomi Supra", que ella recibió con agrado. Él se había encargado de quitarle las pocas espinas que tenían para que ella no se pinchara. Una vez en la cafetería, ella pidió un capuchino y él un café espresso. 

Hablaron de todo: ella trabajaba de azafata y él era capitán de un grupo de élite. Ella había cedido a su reticencia por la insistencia de él, le gustaba su forma de insistir: era tranquilo, educado y caballeroso.

Él la descubrió en una reyerta con un grupo de amigos que habían sacado las navajas y pretendían pelearse. Si no hubiera intervenido él, ella habría salido mal parada. Él la llevó a su casa y la dejó en la puerta. Ella lo miraba con una mezcla de admiración y temeridad. Él le dio su número de teléfono y se fue. 

Ella se lo encontró dos semanas después, delante de su puerta, con aquel precioso ramo de las rosas más hermosas. Le había ido regalando diversos presentes hasta dar con el regalo adecuado. Cuando abandonaron la cafetería, eran una pareja increíblemente compenetrada.

M. D.  Álvarez 

La cierva.

Su ofuscación era evidente, no lograba satisfacerla por completo. Era la única que se le había resistido, y aunque la quería, ella no se lo iba a poner fácil. Le haría sudar. Lo tentaba, insinuándose.

Cuando él caía a sus pies, ella huía, obligándolo a perseguirla. Como una tierna cervatilla perseguida por un lobo agotado y exhausto pero lleno de determinación, siguió el rastro de la cervatilla a través del espeso bosque. Cada vez que creía estar cerca, ella se desvanecía entre los árboles, dejando solo el eco de su risa traviesa.

Finalmente, el lobo la acorraló en un claro bañado por la luz de la luna. La cervatilla, jadeante y con los ojos brillantes, no intentó huir. En cambio, se acercó lentamente al lobo y rozó su hocico contra el pelaje áspero.

"¿Por qué me persigues?" preguntó ella, su voz suave como el susurro del viento entre las hojas.

El lobo la miró con ojos ardientes. "Porque eres mi desafío, mi obsesión. Quiero conocerte, descubrir tus secretos."."

La cervatilla sonrió. "Entonces, lobo, ¿qué harás ahora que me tienes aquí?"

El lobo no respondió con palabras. En cambio, la atrajo hacia sí y la besó con una pasión que había estado ardiendo en su interior durante demasiado tiempo. Ella respondió con la misma intensidad, y en ese momento, el mundo se redujo a ellos dos: el cazador y su presa, la pasión y la rendición.

Ella, satisfecha, lo colmó de besos y caricias y así, en ese claro bajo la luna, el lobo y la cervatilla escribieron su propia leyenda, una historia de deseo, resistencia y amor en un mundo donde las fronteras entre lo salvaje y lo humano se desvanecían.

M. D. Álvarez.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Su pequeña.

Una furia salvaje lo invadía sin ningún motivo, bueno sí había motivo: estaba bajo el influjo de la luna llena. Sabía que si dejaba salir su ira, no habría quien lo retuviera; esa era su naturaleza indómita.

Aquel día fue especialmente salvaje, pero algo lo frenó en seco: allí, delante de él, había una bebita de ojos azules que lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja y extendía sus brazos hacia él.

Incomprensiblemente, no pudo arremeter contra esa preciosidad; algo en su interior se lo impedía. Aquella dulce niñita era su niña bonita y por nada del mundo le haría daño alguno.

Se acercó mansamente, la recogió del suelo y la puso sobre sus hombros, donde la pequeña se agarró de sus puntiagudas orejas de licántropo. 

Así, juntos los dos fueron en busca de su madre, a quien había perdido de vista cinco minutos atrás y la buscaba desesperadamente. Sabía que en las noches de luna llena no debía dejarla salir, él estaba de cacería. 

Al verlos llegar, supo que algo había cambiado en su compañero, era distinto, era más dulce y tierno con las dos, incluso bajo el influjo de la luna llena.

M. D. Álvarez

Encuentro en el bosque.

Sus intensos ojos azules lo hacían sensible a la luz diurna, por eso se mantenía en la penumbra del bosque negro. Solo salía a cazar por las noches, pero no abandonaba la seguridad de su amado bosque, el cual le proporcionaba cobijo y comida. 

Todos aquellos incautos que se internaban en la floresta eran su alimento. Un día se encontró con una hermosa criatura de ojos verdes que se internó en su territorio cargada con una mochila. 

La siguió a distancia y vio cómo montaba una tienda de campaña y preparaba una hoguera. Se dispuso a preparar un refrigerio cuando lo vio en el linde del claro, pero no se asustó, le llamó la atención su impresionante aspecto. 

Lo invitó a acercarse, titubeó, ella era comida, pero había algo que lo atraía de aquella joven. Ella insistió, él reticente avanzó cauteloso y se sentó a su lado. Ella le ofreció algo de comer, él dubitativo lo olisqueó y probó, no estaba mal. 

Mientras él probaba lo que ella le había ofrecido, ella lo observaba con curiosidad. Incluso se atrevió a acariciar su denso pelaje, lo que hizo que él se estremeciera. Nadie nunca le había acariciado, era una sensación agradable y placentera. 

M. D.  Álvarez 

¡Sigan pinchandome!

Sinceramente, no comprendo los tejemanejes de la sociedad. No sé por qué tenemos que ser todos iguales, y mucho menos por qué debemos actuar de la misma forma siendo viles y mezquinos con aquellos que son diferentes. 

Lo más hermoso de este mundo es que, seamos como seamos, nos sintamos orgullosos de nuestras diferencias.

Donde quiera que me vean, soy una persona educada, afable y cortés, pero la sociedad me dice que no sea amable, educada ni cortés con mi prójimo. 

Lo que la sociedad no sabe es que llevo una furia innata en mi interior, y cuanto más me sigan pinchando, más y más crece mi ira. Luego, que no me pidan explicaciones si provoco un despertar furioso de mi alma oscura.

M. D.  Álvarez 

jueves, 7 de noviembre de 2024

Defensor.

Increíble pero cierto, él era el elegido para proteger a su compañera. Desde chiquillos, se sintió atraído por ella. Una tarde oscura, cuando ella paseaba por el bosque, los árboles susurraban advertencias en el viento. De repente, el silencio fue roto por un rugido aterrador. Un licántropo, imponente y despiadado, emergió de entre las sombras; sus ojos ardían con hambre y furia.

Los gritos desesperados de ella atravesaron la espesura del bosque como un eco de socorro, y él acudió corriendo. A pesar de su corta estatura, se enfrentó a aquel animal, al que hizo huir, no sin antes recibir un zarpazo en el tierno hombro de aquel pequeño que se había interpuesto entre ella y aquel monstruo.

Ella, la única hija de los reyes, vigiló al pequeño inconsciente durante seis semanas sin apartarse de su lado. Cuando despertó y la vio a su lado, supo que había nacido para defenderla.

M. D. Álvarez 

En el sótano

Todo lo sucedido en aquella casa resultaba inverosímil. No podía dar crédito a lo que le estaban contando. Según unos vecinos, en el sótano de la casa que acababa de comprar sucedían fenómenos extraños. 

Se preguntó por qué los de la agencia inmobiliaria no le advirtieron de ese detalle. Lo comprobaría por la noche cuando comenzaron los golpes y gritos desgarradores que provenían del sótano. 

Se dirigió con algo de incertidumbre hacia la puerta del sótano. Al llegar ante ella, los sonidos cesaron de inmediato. Asió el picaporte y abrió la desvencijada puerta que chirrió al abrirse. Accionó el interruptor de la luz, pero la bombilla estaba fundida, así que cogió su móvil y accionó la linterna. 

Comenzó a descender por las destartaladas escaleras hasta llegar al suelo. Allí no había nada, salvo otra puerta, pero esa puerta era casi tan grande como la pared del fondo. Se acercó a ella y vio que no tenía picaporte para abrir. Se dio la vuelta y se encaminó hacia las escaleras, pero se detuvo en seco al oír chirriar la gigantesca puerta. 

Se volvió y la iluminó, parecía estar entreabierta. Se acercó con cautela y la abrió del todo; dentro, todo estaba sumido en una oscuridad tétrica y abominable. De pronto, una gigantesca mano lo agarró y se lo llevó a la oscuridad, cerrando tras de sí la enigmática puerta.

M. D. Álvarez 

Sin políticos y gente mala.

Si tuvieras la oportunidad de deshacerte de alguien, ¿de quién sería y cómo lo harías?

Yo lo tengo muy claro, cogería a toda la ralea de malos políticos que se llenaban los bolsillos a manos llenas, asesinos y demás gente malintencionada que atacaba a la buena gente y los mandaría al año -1 del surgimiento de la tierra o, mucho mejor aún, los enviaría a la estrella en expansión más masiva del universo.

Justo en el último minuto antes de que implosione y a mi regreso me liaría a hostias con todo aquel que le hubiera hecho algún daño a mis seres queridos.

M.D. Álvarez 

martes, 5 de noviembre de 2024

El columpio.

Adoraba a su pequeña. Había heredado de él su determinación y arrojo, y de su madre la inteligencia y compasión, y unos preciosos ojos verdes. 

Por eso, para su cumpleaños, había elaborado el columpio más hermoso de todos, con cuerdas ligeras pero resistentes y un asiento bellamente decorado. Lo colgó de la rama más fuerte del roble que crecía frente a la torre de su castillo, lo suficientemente alejado de la cisterna de agua que abastecía a la ciudad.

Cuando su pequeña vio el precioso columpio, corrió dando traspiés con sus regordetas piernecitas. Aún era muy pequeña y no alcanzaba a subirse, así que le imploró a su padre que la aupara y la empujara.

"¡Todavía eres muy pequeña, tesoro, pero te voy a aupar y te aseguraré con el cinturón de seguridad", dijo su padre.

Su cara se iluminó cuando su padre la subió a tan bello columpio y la empujó despacito para que no se asustara. Fue el día más maravilloso de su pequeña.

M. D. Álvarez 

El jazmín azul

Estaba subida en una escalera cuando sintió que alguien la sujetaba por la cintura; era una sensación que la había acompañado desde el día en que él desapareció sin dejar rastro.

Ella se encargó de cuidar su jazmín azul, al que había cambiado de maceta y colocado en el balcón donde recibía el sol justo.

Cuando él regresara, la encontraría en la casa que compartían; todavía había esperanza de que volviera.

No sabía por qué había desaparecido, pero estaba segura de que no había sido por ella. Algo le impedía regresar, aunque sabía que volvería por ella.

Un día, mientras cuidaba su jazmín azul, ella escuchó un ruido familiar en la puerta. Su corazón comenzó a latir con fuerza y ​​se apresuró a abrir. Allí estaba él, de pie en el umbral, con una sonrisa tímida en el rostro.

No podía creerlo. Después de tantos años, había regresado. Se abrazaron con fuerza, las lágrimas brotando de sus ojos. No importaba por qué había desaparecido, lo importante era que estaba de vuelta.

A partir de ese día, la casa se llenó de nuevo de alegría y risas. El jazmín azul floreció como nunca antes, como si celebrara el regreso del amor verdadero.

Ella nunca supo qué había obligado a su amado a alejarse, pero eso ya no importaba. Lo importante era que estaba de vuelta con ella, y eso era todo lo que importaba.

M. D. Álvarez

Ciclopes.

¡Qué sorpresa la mía cuando descubrí que los cíclopes existieron y trabajaron en la fragua de Hefesto en el monte Etna! 

Bueno, eso es lo que dicen los antiguos historiadores, pero ¿qué me diríais si os dijera que en vez de cíclopes eran otra especie? 

Sí, ya sé que es muy rebuscado, pero al parecer esta especie se quedó aislada en Sicilia sin poder salir de aquella isla. 

La especie en cuestión eran unos elefantes enanos que evolucionaron de ser gigantes a ser unos pequeños elefantitos, y sus cráneos fueron confundidos con los cráneos de los cíclopes. 

Si he de deciros la verdad, yo preferiría a los cíclopes, verlos trabajar alegremente con sus martillos repiqueteando sobre los yunques de la fragua bajo las órdenes del dios del fuego Hefesto, pues tienen su encanto histórico-mitológico.

M. D. Álvarez 

lunes, 4 de noviembre de 2024

También el mal necesita unas vacaciones.

Destrucción y atrocidades se sucedían a su paso; él era el enviado del terror, aniquilando existencias y merodeando en las tinieblas. Todo eso era él y mucho más, también era padre y esposo.

Su trabajo como enviado del mal le había granjeado pingües beneficios; con cada alma y sistema destruido, más y más lo valoraban, pero él tenía una espina clavada en su corazón: su mujer y sus hijos sufrían el acoso de los demás enviados del mal.

Así que un día les dijo a su esposa e hijos: "Nos vamos de vacaciones. Os lo debo por el mal momento que estáis pasando debido a mi trabajo. Al fin y al cabo, yo también me merezco unas vacaciones".

"Claro que sí, mi vida, te lo debo eso y mucho más", dijo ella besándole dulcemente.

M. D. Álvarez 

¿Mascota?

¿"Mascota, qué mascota?", dijo sin darse cuenta de su transformación en un precioso cachorro de lobo. 

Todas las noches se las pasaba durmiendo junto a su dueña, velando su sueño, hasta que un día detectó que algo iba mal. La lamió con ternura y ella se despertó. Suavemente acarició sus orejitas, pero él lamía insistentemente su vientre. 

A la mañana siguiente, ella fue al médico, le detectaron un tipo de cáncer muy agresivo. Gracias a él, lo habían detectado en un estadio muy precoz. Siempre había cuidado de ella y seguiría haciéndolo. 

Era un amor incondicional y sin reservas. A ella le gustaba verlo correr y retozar como un lobo manso con su dueña, y protector frente a los demás. Y lo único que él quería eran las dulces caricias de su dueña, por ellas él se volvió manso y dócil.

M. D. Álvarez

Emigración e inmigración.

Viendo la televisión, me di cuenta de lo frágil que es la naturaleza humana. Las noticias son siempre las mismas: asesinatos, guerras, violaciones, y todo esto antes de desayunar. Me pregunto qué pasará en el transcurso del día, y todo esto se repite día tras día.

Cuando nos despertemos... y si no lo hacemos, ¿qué quedará de la naturaleza humana? Nada más que un rastro de sangre y violencia.

Él se levantó de su sillón y se dirigió a la calle donde un grupo de ciudadanos poco cívicos estaban golpeando a un pobre inmigrante.

No pudo contenerse y les recriminó, diciendo: Vosotros también vinisteis de fuera y ahora os vanagloriáis de ser de pura cepa, pero no es verdad, todos somos inmigrantes en este mundo.

Los ciudadanos cabizbajos se retiraron a sus casas, dejando al joven dolorido y tirado en la calle. Él lo llevó al hospital y se quedó esperando a los médicos. Se preocupaba por todos, él también fue un emigrante y, por tanto, inmigrante en otro país.

M. D. Álvarez 

domingo, 3 de noviembre de 2024

Juntos para siempre.

En su tumba siempre había una preciosa rosa blanca que él depositaba con fervor cada vez que visitaba su lugar de descanso. Aquella sería la última flor que depositaría al pie de su sepultura, pronto se reuniría con ella. Se iba a enfrentar a la bestia más aterradora de todas con el fin de reunirse con ella en la muerte.

"Pronto, mi vida, estaremos unidos en el más allá", dijo, depositando la rosa sobre la tierra que cubría su tumulo.

 Se encaminó sin dilación hacia el campo de batalla, donde le esperaba un feroz fharghun, la criatura más despiadada de todas. El combate fue sin igual, los dos eran fieros combatientes. 

Aunque él quería morir, no debía permitir que aquel despiadado ser sobreviviera. Así que fue asentándose golpe tras golpe, al igual que recibía también golpes brutales. La batalla estaba casi decidida cuando el fharghun atravesó su corazón, dándole tiempo a él para degollarlo y perder los dos la vida.

Así cumpliría el deseo de estar con ella y no rompería la promesa de cuidar de su mundo.

M. D. Álvarez 

El potencial

La mirada vacía y los puños destrozados no reflejaban su valía. Lo demostraba con cada enfrentamiento y siempre lo menospreciaban, diciendo que era demasiado bajo para ser luchador o demasiado endeble.

No sabían con quién se las estaban viendo; su fuego interior le daba la fortaleza y la furia necesaria para bloquear a todos sus adversarios que se las daban de gallitos, pero salían desplumados. Alguien se percató y se acercó a él: "Tú tienes un don", dijo ella acercándose, "puedes venir conmigo y te mostraré tu verdadero potencial".

La enigmática mujer le ofreció un puesto en el Dojo tenebroso como alumno aventajado. Lo llevó ante un gran portalón de hierro forjado grabado con signos paganos. 

Una vez traspasadas las puertas, le comunicó que su fuego interior era poco común y que posiblemente era uno de los últimos luchadores tenebrosos. Comenzó a entrenar en silencio; su velocidad iba incrementándose de forma endiablada. .

Su fuego se intensificó, haciéndolo más rápido y fuerte. El Dojo se convirtió en su nuevo hogar. ¿Quién sabe qué aventuras le sucederán? Solo el tiempo lo dirá.

M. D.  Álvarez 
 

sábado, 2 de noviembre de 2024

Los dos mundos.

No soy como creéis que soy, soy una persona con inquietudes y deseos mundanos.
No camino como vosotros, voy en silla de ruedas y viajo entre mundos alternativos. Según el día en que me encuentre, soy luchadora, pacífica, guerrera, amante, enérgica, peleona, triste, depresiva, alegre, pendenciera, cuentista; en definitiva, soy todo eso y mucho más.

Los que me conocen saben de mis debilidades y de mis pasiones. Los que aún no me conocen, he de decirles que soy todo eso y mucho más. Si desean conocerme, podrán encontrarme en mi blog titulado "Lo que surge de mi cabeza".

Camino entre dos mundos: el onírico y el real, acompañada en todo momento por mis adorables y amadas musas.
En el mundo real estoy atada a mi silla de ruedas y existo en él por un motivo. Albergo una pasión inconfesable, pero inalcanzable.

En el mundo onírico soy dueña de mi destino y un gran destino que me llevará a conocer mis habilidades como narradora y creadora de mundos brillantes, longevos, oscuros y eternos.

M. D. Álvarez 

El daño ya está hecho.

El daño ya estaba hecho y ella no se lo perdonaría jamás. Su vida había acabado con aquel hecho tan deplorable y mezquino. Lo expulsaron y con razón, si se quedaba sería un recordatorio presente para ella de que había sufrido la peor de las barbaridades por parte de los que consideraba amigos, y en especial de él, que ni supo frenar los desmanes de sus compañeros y no logró protegerla. 

Decidió partir lejos, pues estaba avergonzado. Antes de partir, fue a visitarla al hospital, donde la cogió de la mano y le pidió perdón. Le dijo que volvería cuando se encontrara a sí mismo, porque no creía en lo que había hecho. 

Ella apretó su mano y lo retuvo, no quería que la dejara sola frente a las habladurías. Él lo sabía y quiso tranquilizarla, le dijo que no la dejaría sola, iba a entrenar para hacerse más fuerte y así poder protegerla de los que consideraban sus amigos..

Ella se quedó tranquila y él se lo pensó mejor. No podía dejarla sola ante el peligro, así que decidió fortalecerse machacándose en el gimnasio por las mañanas y por las tardes iba al hospital para estar con ella. 

Cuando le dieron de alta, él la llevó a un ático lujoso y le dijo que podía quedarse el tiempo que quisiera. Él todas las mañanas iba al gimnasio y por las tardes la visitaba. Un día la invitó a salir a tomar algo y ella aceptó. En la cafetería, mientras charlaban de cosas mundanas, ella se quedó lívida al ver pasar a uno de los que la había maltratado. Él se dio cuenta y le dijo: "Espera aquí". 

Salió raudo y veloz, alcanzándolo. Le recriminó lo que había hecho, pero aquel individuo se rió en su cara, lo que lo puso furioso. Lo estampó contra un coche y le dijo que si volvía a acercarse a ella no tendría tanta suerte.

Volvió junto a ella, que había estado sentada en el mismo sitio con cara apesadumbrada. Su rostro cambió cuando lo vio aparecer por la puerta de la cafetería. "Ya no te volverá a molestar más", dijo calmadamente.

Y volvió a pedirle perdón por no haberla defendido en aquella ocasión. Ella le dijo que no fue culpa suya, ellos eran más fuertes y lo inmovilizaron. Ahora sí podía defenderla.

M. D. Álvarez

El guardián.

El refugio era más grande por fuera que por dentro, él le ocultaba algo, pero esperaría a ver si se decidía a compartir sus secretos. 

Ella era un libro abierto para él, por eso percibió su preocupación y le preguntó si quería decirle algo. Ella se decidió y le dijo que el refugio era más grande de lo que él pensaba, debía tener un cuarto secreto. 

Él se echó a reír diciendo "no te puedo ocultar nada, ven conmigo, te voy a mostrar mi secreto". Se acercó a la pared del fondo donde había un cuadro de ellos dos juntos, lo ladeó, se oyó un clic y se abrió una puerta oculta. 

Estaba oscuro como boca de lobo, él se adentró desapareciendo en la oscuridad. Pasados cinco minutos, su mano asomó invitándola a pasar. Ella no las tenía todas consigo, pero se decidió, él siempre había sido bueno con ella. Nada más cruzar el umbral, se vio transportada a un mundo de luz y color, repleto de maravillas.. 

¿Cómo es posible? se preguntó ella.

El risueño le explicó que su familia era la encargada de defender el portal de acceso a aquel mundo mágico. "Y ahora tú me ayudarás a protegerlo de los extraños", añadió.

M. D.  Álvarez 

En el caserón.

En la penumbra de un caserón decrépito, una familia había desaparecido sin dejar rastro, víctimas de una tragedia que aún susurraba entre las paredes mohosas. El padre, consumido por la locura, invocó a entidades infernales, ofrendando a su esposa e hija a cambio de su cordura.

Los servidores del averno, insaciables y crueles, no solo reclamaron a las mujeres, sino que también se llevaron al hombre, dejando la casa en un silencio sepulcral, impregnada de un aura siniestra.

Las sombras alargaban sus dedos deformes, como si buscaran atrapar a aquellos que osaran perturbar la quietud del lugar. Un escalofrío recorría la espina dorsal de quienes se acercaban, presintiendo la oscuridad que habitaba en el interior.

La casa se convirtió en un monumento al horror, un recordatorio de la locura y la maldad que acechaban en el corazón de los hombres. Un susurro macabro flotaba en el aire, contando la historia de una familia devorada por las tinieblas.

M. D. Álvarez 

viernes, 1 de noviembre de 2024

Reino de ilusión. (R.E.C)

Aún juega, sin avergonzarse, con nosotras, sus muñecas. Cada tarde, después de la escuela, nos sienta en fila y nos cuenta historias de mundos mágicos. Sus ojos brillan con la misma ilusión de siempre, como si el tiempo no hubiera pasado. Nos viste con ropas nuevas que ella misma cose, y nos peina con esmero. 

A veces, sus padres la observan desde la puerta, sonriendo con ternura. Saben que esos momentos son un refugio, un rincón donde la inocencia aún reina. 

Y así, entre risas y susurros, el mundo real se desvanece, dejando solo la magia de su imaginación flotar en el aire, su reino lleno de ilusión.

M. D  Álvarez 

En uno de mis viajes.

En uno de mis muchos viajes por el espacio, me encontré con un maravilloso mundo lleno de color y misterio, habitado por los seres más maravillosos del universo. 

Fue allí donde hallé a mis maravillosas consejeras y contadoras de historias. Me recibieron con cautela y reticencia, no sabían si fiarse de mí. 

Les hice una promesa: que nunca revelaría las fuentes de conocimiento que continuamente fluían entre ellas y yo. Cuando les comuniqué que debía partir, se entristecieron y me pidieron que no las dejara. 

Parecía mentira, se sentían solas y abrumadas por la magnitud de su sabiduría y habían encontrado un canal para transmitir su conocimiento, el canal era yo. No tuve más remedio que traerlas a mi mundo, en el cual disfrutan a través de mi canal de paisajes agrestes y marinos. Ahora son felices conmigo.

M. D. Álvarez 

En coma.

Su corazón latía por ella; sin ella, no seguiría vivo. Su accidente lo llevó al borde de la muerte, pero ella lo sacó del coma hablándole de lo mucho que lo necesitaba, de que no podía vivir sin él. El accidente fue por su culpa; no debería estar allí, pero quería conocer su secreto.

No sabía que reaccionaría así: se arrojaría al abismo para no dañarla, pero ella fue en su busca y lo halló medio muerto en lo más profundo de aquella sima.

Ya en el hospital, lo colmó de besos y caricias hasta que, pasados unos días, salió del estado de coma. La vio a su lado y supo que no se separaría jamás de su lado...

La recuperación fue lenta pero constante. Él se aferraba a ella como si fuera su ancla en un mundo incierto. Cada día, ella le leía fragmentos de libros, susurros de poesía y cuentos de aventuras. Sus ojos se encontraban en cada palabra compartida, y él se perdía en su voz suave.

Una tarde, mientras el sol se filtraba por la ventana de la habitación del hospital, ella le confesó su secreto. "Soy una viajera del tiempo", dijo. "Vengo de un futuro donde la humanidad está al borde de la extinción. Te necesito para cambiar el curso de la historia".

Él la miró incrédulo, pero su corazón latía con fuerza. ¿Cómo podría resistirse a una mujer que lo había salvado y ahora le pedía que cambiara el destino del mundo? Juntos, comenzaron a planear su misión: encontrar la llave que abriría las puertas del tiempo y alteraría el futuro.

Así, entre besos robados y promesas susurradas, su amor se entrelazó con la trama del tiempo. Y mientras el mundo giraba a su alrededor, ellos se aferraban a su amor como única certeza en un universo en constante cambio. 

M. D. Álvarez

Angosto agujero.

Pasaban los días en aquel agujero infecto y nauseabundo. Tenían que ser encontrados y permanecían juntos y quietos como su amigo les dijo. 

Él había salido para tratar de alejar al monstruo de allí. Vieron pasar a un gigantesco oso con unos dientes verdaderamente espeluznantes, pero parecía huir. Detrás de aquel terrorífico oso vieron pasar lo que parecía un lobo de grandes proporciones, pero permanecieron allí quietos pensando que su amigo había sido devorado por aquellas temibles criaturas. 

De pronto, alguien se acercaba corriendo. Le oyeron decir: "¿Estáis bien?"

Salieron y lo vieron cubierto de sangre. Se asustaron y le preguntaron si estaba herido.

"No, no me ha herido. Es más, he tenido que correr detrás de él para darle alcance y terminar con su vida.

"¿Qué le has perseguido?", dijo una de sus compañeras visiblemente aterrorizada.

"Porque no quería que nos oliera y nos localizara", respondió sinceramente.

"Pero si hemos visto un lobo gigante tras el oso", repuso otro de sus amigos.

"Sí, ¿y quién creéis que es ese lobo?", dijo con una sonrisa desafiante. 

Sus amigos no sabían si abrazarle o huir, no las tenían todas consigo. Pero él les aclaró que jamás les haría ningún daño, eran como su familia y no iba a permitir que murieran en aquel angosto agujero.

M. D. Álvarez