—Entrega especial para la señorita Angie Dember. —Voceaba el repartidor.
—Aquí, yo soy Angie Dember —refirió ella con una mirada de sorpresa. Aquel no era un paquete corriente; es más, era descomunal.
Miró el remitente y sintió una punzada en el corazón.
Hacía siete años de su desaparición. Nunca supo por qué se había retirado del servicio activo; era el mejor capitán de las fuerzas especiales. Algo debió de ocurrir en la última misión, pero no había trascendido; el informe se había sellado como secreto.
Y ahora, Marcus enviaba un paquete gigante. Tenía un sobre pegado. Ella lo cogió y lo abrió.
Comenzó a leer:
"Querida Angie: Si te he hecho desaparecer sin decir nada, mi retiro fue voluntario por motivos de salud. En la última misión hallé un objeto que te he enviado; no lo abras por ningún motivo. Yo lo hice y casi acaba con mi vida. Logré cerrarlo, pero creo que lo que había dentro se apoderó de un trozo de mi alma. Quisiera que estudiaras los glifos que adornan los laterales y la tapa.
Si logras descifrarlo, no lo habrás por lo que más quieras. Estaré de vuelta en un par de meses.
Tuyo afectuosamente,
Marcus Stand."
—Regresa, musitó, notando las mariposas en su estómago. Nunca lo olvidó y ahora le enviaba aquel paquete enorme.
Continuará...
M. D. Álvarez
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