Buscaron las pruebas con las que les había amenazado si no conseguía lo que quería, que no era otra cosa que tirarse a su secretaria, Angie, que era un auténtico pibonazo. Cuando Marcus descubrió las intenciones de Igor, estalló en improperios varios, pero al ver el rostro de su pareja, se contuvo a duras penas. Ella era su amor verdadero y cada vez que alguien le tiraba los tejos, él no lograba controlarse y se iba hecho una furia contra el desaprensivo que trataba de echarle el lazo a su dulce Angie.
Igor había grabado un video donde los dos se lo montaban en la mesa de su despacho, pero era de un básico surrealista. Lo había guardado en su ordenador personal, pero claro está, con contraseña.
Igor había grabado un video en el que Angie y Marcus se lo montaban en la mesa de su despacho, pero era de un estilo básico surrealista. Lo había guardado en su ordenador personal, pero, claro está, con contraseña. Sin embargo, Igor era un hombre predecible, y no les costó mucho descubrir su contraseña. Seguro que ya la habéis acertado; si no, os la digo yo: el nombre del objeto de su deseo era "Angie". Una vez dentro, borramos el video y todas sus copias, aunque descubrimos que Angie no había sido la primera. Igor era un violador en serie. Entonces, ella sacó un pendrive y copió todos los archivos de video,
Al salir del despacho, se encontraron con los empleados que regresaban, sus rostros llenos de confusión por la falsa alarma. Marcus y Angie intercambiaron una mirada de complicidad antes de desaparecer por las escaleras, llevando consigo la prueba de los crímenes de Igor.
M. D. Álvarez