domingo, 17 de mayo de 2026

Capaz de todo por ella.

En la goma de sus calzoncillos se encontraba una lentejuela. Agnes no comprendía cómo en los calzoncillos de su chico había una lentejuela. 

Mal sabía ella que él ejercía de boy en un garito para sacarse unos chavos y regalarle aquel vestido tan vaporoso que había visto, observando e implorando con ojos anhelantes. 

No podía permitírselo y, por eso, se buscó un empleo extra. Por ella, era capaz de todo, hasta de perder la vergüenza. 

Dos semanas después, se presentó con un paquete de regalo y, al abrirlo, supo que era capaz de todo por ella.

M. D. Álvarez 

sábado, 16 de mayo de 2026

El magnetismo.

En la goma de sus calzoncillos estaba la lista de conquistas. Nadie lo conocía tan bien como su equipo, pero jamás sospecharon que su líder fuera todo un don Juan. Solo Ava percibió un leve chuletón en el cuello, pero no dijo nada; lo amaba en secreto. Un día lo siguió y fue testigo del magnetismo que irradiaba con las chicas. Él se sorprendió al verla, pues conseguía intimidarlo.

—¿Ava, qué haces aquí? —preguntó nervioso.

—Tan solo quería saber... —se puso roja.

—¿Quieres un vaso de agua? —preguntó él, avergonzado—. Sabes que esto no es lo que parece; a mí me gustas tú —confesó él.

M. D. Álvarez 

viernes, 15 de mayo de 2026

Frío polar.

En la goma de sus calzoncillos llevaba una ganzúa que le ayudó a librarse de las esposas. Una vez liberado, se acercó a la joven, que lo miró sorprendida y dijo: —"Eres un chico con muchos recursos".

—"No lo sabes tú bien", respondió él, que no parecía tener frío con tan solo unos bóxer.

—"No tienes frío?", preguntó sorprendida.

—"Soy un chico del norte. Hace falta más que una leve brisa para congelarme", dijo, echándosela al hombro. La sacó trepando por el acantilado.  —"Aquí estarás a salvo".

—"¿Y tú a dónde vas?", preguntó preocupada.

—"A buscar mi ropa", respondió él con una sonrisa encantadora.

M. D. Álvarez 

jueves, 14 de mayo de 2026

La prueba del delito.

En la goma de sus calzoncillos estaba la prueba necesaria para encerrar al depredador que lo había maltratado y forzado. Se fue derecho a la comisaría; nada más llegar, dejó la prueba sobre el mostrador y dijo, con su temblorosa voz: —"Quiero denunciar una agresión". 

La joven policía vio a un jovencito magullado y luego vio los calzoncillos manchados de sangre, los embolsó y etiquetó. 

Después, acompañó al jovencito a tomar un chocolate caliente y dijo: —"Eres muy valiente. Enseguida llega tu mamá y te podrás ir a casa. Has hecho lo correcto; lo encerraremos de por vida, ya no volverá a hacer nada a nadie."

M. D. Álvarez 

miércoles, 13 de mayo de 2026

El tamaño no importa.

En la goma de sus calzoncillos nuevos había una etiqueta que decía: "provoca inflamación en algunos clientes". 

Se quedó mirando y pensó: "Si ya estoy bien dotado, ¿hará que crezca más?". Sonrió pensando en la cara de satisfacción de su novia cuando se los quitara. Se llevó tres pares.

Aquella noche estrenó uno de aquellos bóxer. Ella percibió el aumento y dijo: "Cielo, no hace falta que aumentes el tamaño, solo quítatelos y vámonos a la cama". Así lo hizo; se quitó los bóxer y, cogiéndola por la cintura, se encerrón en el dormitorio.

M. D. Álvarez 

martes, 12 de mayo de 2026

La única célula sana.

En la goma de sus calzoncillos quedaba la única célula sana con la que podrían clonarlo de nuevo. Ella no estaba preparada para perderlo. Con la única célula sana, comenzó la reconstrucción de su amado chico. En tan solo un mes, su adorado amado dormía plácidamente.

Con delicadeza, tocó el antebrazo de su amado, que se despertó como si no hubiera pasado el tiempo. 

Al verse desnudo, con tan solo unos adorables calzoncillos, preguntó:  
—¿Y esto? —con una mirada perspicaz.

—Son tus calzoncillos favoritos y los adoro, aunque más te adoro a ti, mi dulce amor —respondió, feliz de que no recordara nada de su muerte.

M. D. Álvarez 

lunes, 11 de mayo de 2026

La furia de un guerrero. 2da parte.

El guerrero, abrazó el cuerpo inerte de su amada,, sintiendo cómo la vida se había extinguido de su piel antes vibrante. Sus lágrimas no eran de pena, sino de una rabia helada que buscaba cauce. 

Los contendientes observaban desde la distancia, paralizados, no por el miedo a sus espadas, sino por la tempestad que se fraguaba en el alma del coloso.

​El silencio fue roto por un susurro apenas audible, que resonó en el corazón del fornido guerrero como el toque de una campana de guerra: "No llores, mi fiero protector... Vive."
​él levantó la cabeza, su rostro una máscara de dolor y furia. En sus ojos, el color miel habitual había dado paso a un brillo dorado y salvaje, el inconfundible signo de su herencia ancestral. 

La locura furibunda que sus amigos temían no era una simple rabia, era la transformación del hombre en la bestia primigenia, el espíritu del Licántropo de la Montaña que fluía por sus venas.

M. D. Álvarez