sábado, 14 de febrero de 2026

Una historia de amor.

—¿Pero tú de qué pino te has caído, guallabero mío? -dijo ella al ver al hermoso mancebo que acababa de caerle en gracia.

El joven no sabía dónde meterse; era núbil en las lides del romance. Pero, con toda la calma de la que pudo hacer gala, cogió una hermosa flor y se la ofreció casi sin atreverse a mirarla.

—Pero qué tierno eres. Pero mis ojos están aquí, no ahí en el suelo.

—Lo que pasa, señorita, es que su mirada me embelesa y me derrite como un azucarillo —respondió el jovencito con un valor que no creía tener.

Ella rió con suavidad y dijo: —Mira tú por dónde nos ha salido poeta.

—No soy poeta, sino siervo de vuestro corazón, -respondió él con una dulzura que la desarmó.

—Siéntate conmigo, azucarillo, -dijo ella, que había visto el candor y la delicadeza en aquel encantador labriego.

Él se lo pensó un momentito, pero accedió a sentarse con la bella joven.

El atardecer, con sus tonos rojizos y anaranjados, hizo de aquella tarde una hermosa historia de amor entre un inexperto mozo y una encantadora doncella.

M. D. Álvarez

El primer baile. 2da parte.

Mientras el vals se deslizaba suavemente, la música envolvía a Marcus y Angie en un mundo solo para ellos. Cada giro y cada paso parecían acercarlos más, como si el resto del mundo se desvaneciera. Sin embargo, en el fondo de su mente, Marcus no podía evitar sentir una pequeña inquietud.

—¿Vienes aquí a menudo? —preguntó él, buscando un tema de conversación mientras la sostenía con firmeza.

—Es mi primer baile en esta ciudad —respondió Angie, su mirada chispeando con emoción—. Me mudé hace poco. Todo es nuevo para mí.

—¿Y qué te parece hasta ahora? —inquirió él con curiosidad.

—Es hermoso, pero también un poco abrumador —confesó ella—. A veces siento que todos me observan.

Marcus sintió una punzada de empatía. Sabía lo que era sentirse fuera de lugar. Pero había algo en ella que lo hacía querer protegerla.

—No te preocupes por ellos. Lo que importa es este momento —dijo él, sonriendo—. Y aquí estoy, solo para ti.

Angie rió suavemente, y por un instante, el mundo exterior desapareció por completo. Sin embargo, cuando la música comenzó a decaer, Marcus sintió que el tiempo se agotaba.

—Me encantaría continuar esta conversación —dijo él con sinceridad—. ¿Te gustaría salir a tomar algo después del baile?

Angie dudó un momento, sus ojos reflejando una mezcla de emoción y preocupación.

—Me encantaría, pero… no quiero que pienses mal de mí. Mis padres son un poco estrictos con respecto a salir con chicos que acabo de conocer.

La sinceridad en su voz hizo que Marcus sonriera aún más.

—Entiendo perfectamente. Tal vez podríamos encontrar una manera de hacer esto sin romper las reglas. ¿Qué tal si nos encontramos aquí mañana? Podríamos bailar nuevamente y conocernos un poco más.

Angie consideró la propuesta y finalmente asintió, su sonrisa iluminando su rostro.

—Me parece perfecto. Será nuestro pequeño secreto.

La música terminó y los aplausos estallaron a su alrededor. Mientras se separaban, Marcus sintió una chispa de anticipación en su interior. Había algo especial en Angie que lo atraía irremediablemente, y estaba decidido a descubrirlo.

Sin embargo, justo cuando se dio la vuelta para dejarla ir, notó una figura familiar al otro lado del salón: su hermana mayor, Clara, observándolos con una expresión de desaprobación. 

Marcus frunció el ceño; sabía que Clara nunca había sido fanática de sus elecciones románticas y esperaba que no interfiriera esta vez. Se giró hacia Angie antes de perderla entre la multitud.

—Hasta mañana entonces —susurró él suavemente.

Angie asintió, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y nerviosismo mientras se alejaba hacia la salida del salón.

Mientras tanto, Clara se acercó a él con paso firme.

—¿Quién era esa chica? No me digas que te has metido en problemas otra vez —dijo ella con tono severo pero preocupado.

Marcus suspiró; sabía que tendría que explicarle todo sobre Angie y su deseo de conocerla mejor. Pero también sabía que la verdadera batalla apenas comenzaba: ganar la aprobación de su hermana podría ser tan complicado como conquistar el corazón de Angie. 

Su hermana era excesivamente protectora con él; en el pasado, recogió los trozos de su corazón después de que una de las muchas novias de él se lo rompiera. Aunque Angie era diferente, le gustaba de veras y lucharía por ella, aunque ello le llevara a enfadar a su hermana mayor.

M. D. Álvarez 

El san Valentín de Luperco y la Luna.

¿Por qué celebramos el Día de los Enamorados y qué se celebraba antes? Pues bien, antes de celebrar San Valentín, se conmemoraba una fiesta, en teoría pagana, llamada Lupercalia, en honor al dios Luperco, protector de los rebaños, de la fertilidad y de la naturaleza salvaje.

Era hijo de Picus y de una ninfa del bosque. Según algunas leyendas, Luperco luchó contra los licántropos y fue herido por el licántropo regius, adquiriendo la facultad de transformarse en uno de ellos. Su amor por la hermosa diosa lunar, a la que los licántropos adoraban con devoción, fue tan grande que, tras desaparecer de la tierra, Luperco fue alzado al cielo por su abuelo Saturno, donde conquistó a la hermosa luna, que, mientras transitaba por los cielos, fijaba sus amorosos ojos en aquel tierno pastor. 

​Y desde aquel entonces, se dice que en las noches de febrero, cuando la luna brilla con una intensidad inusual, no es solo el reflejo del sol lo que vemos, sino la mirada de la diosa respondiendo al abrazo de Luperco.

​Los licántropos, sus antiguos devotos, ya no aúllan de terror o sed de sangre, sino de nostalgia por el líder que ascendió a lo más alto por amor. 

Con el paso de los siglos, la Iglesia transformó los antiguos ritos de fertilidad de la Lupercalia en la festividad de San Valentín, pero la esencia permanece intacta.

​Celebramos el Día de los Enamorados porque recordamos, quizás sin saberlo, aquel sacrificio: el del pastor que aceptó su bestia interior para proteger lo que amaba, y el de la luna que bajó su mirada al mundo para siempre. 

Por eso, cada 14 de febrero, cuando dos amantes se miran a los ojos, repiten el antiguo pacto entre el cielo y la tierra, bajo la protección silenciosa de aquel dios que una vez fue lobo, y que ahora es eterno

M. D. Álvarez 

El primer baile.

La vio en aquella escalera y ya no pudo apartar su mirada de ella. La siguió por todo el salón de baile; en un gesto de cortesía, le pidió un baile. La cogió por la cintura y bailó con ella, acaparando todos los bailes. Nadie más bailó con la chica más hermosa, y ella lo disfrutó; adoraba los agradables modos de caballerosidad de aquel apuesto joven.

—Mi nombre es Marcus Suton —se presentó.  

—Yo soy Angie O'Nel —respondió ella con una adorable sonrisa.

—Un placer, Angie —respondió él, besando su mano.

—Te he visto observándome —dijo ella, jugueteando con su cabello.

—Desde que te vi en la escalera, no he podido apartar la mirada de ti.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 13 de febrero de 2026

Llave de carraca.

—No te han dicho que es de mala educación mirar fijamente, dijo él desde debajo de su Camaro.

—Y como sabes que te estoy mirando, preguntó ella jugueteando con una llave inglesa.

—Tengo un sexto sentido. Puedes pasarme una  llave de carraca de 1/4  dijo sacando la mano.

Ella se agachó,, apoyando la mano en el borde del Camaro mientras le pasaba la llave de carraca. 

—¿Así que tienes un sexto sentido? —dijo, sonriendo con picardía—. ¿Eso significa que puedes leer mentes también?

Él se echó a reír, sacando la cabeza del motor por un instante. 

—No, eso sería demasiado. Pero puedo notar cuando alguien se siente intrigado por mí.

Ella levantó una ceja, retadora.

—¿Intrigada? Puede que solo esté interesada en el coche.

Él se encogió de hombros, volviendo a concentrarse en su trabajo.

—El Camaro tiene su propio encanto, pero tú también lo tienes —respondió con sinceridad, sin apartar la vista del motor.

Ella sintió un ligero rubor en sus mejillas y se dio cuenta de que disfrutaba más de esta conversación de lo que había anticipado. Mientras él seguía trabajando, no pudo evitar curiosear un poco más sobre el coche.

—¿Qué le pasa exactamente? —preguntó, mirando las herramientas esparcidas a su alrededor—. ¿Lo estás restaurando?

Él asintió, su voz llena de pasión al hablar del auto.

—Sí, lo encontré en un taller abandonado hace unos meses. Era un desastre total, pero vi el potencial. Ahora estoy tratando de devolverle la vida.

Ella lo observó con admiración mientras él hablaba. Había algo atractivo en su dedicación y en la forma en que sus ojos brillaban al describir su proyecto.

—Me encantaría ayudarte —dijo de repente, sorprendiendo incluso a sí misma con la propuesta.

Él levantó la mirada, sorprendido.

—¿En serio? No muchas chicas se ofrecen a ensuciarse las manos con aceite y herramientas.

—Quizás no hay muchas chicas como yo —respondió ella con una sonrisa traviesa—. Pero me gusta aprender cosas nuevas. 

Con una chispa de complicidad en el aire, él le pasó otra herramienta. 

—Entonces, ¿qué quieres hacer primero? 

Ella pensó por un momento antes de responder:

—Podríamos empezar por limpiar este motor. Quiero ver cómo brilla al final.

Mientras trabajaban juntos, compartieron risas y anécdotas sobre sus vidas. Ella le contó sobre su amor por las motocicletas y él reveló su sueño de participar en una carrera de autos algún día. La conexión entre ellos creció más fuerte con cada palabra intercambiada.

De repente, mientras estaban absortos en su tarea, escucharon un ruido fuerte proveniente de la calle. Ambos miraron hacia afuera y vieron a un grupo de chicos riendo y señalando hacia ellos.

—Oh no —dijo ella con una mezcla de preocupación y diversión—. ¿Crees que nos están mirando?

Él frunció el ceño antes de soltar una risa despreocupada.

—No importa lo que piensen. Estoy disfrutando este momento contigo más que cualquier cosa que puedan decir.

Ella sonrió al escuchar eso y sintió que el día se tornaba aún más especial. La conexión que habían forjado durante esta inesperada tarde bajo el sol era innegable. 

Continuará...

M. D. Álvarez 

jueves, 12 de febrero de 2026

Campaña bélica.

Su nuevo comienzo fue el resultado de la propaganda bélica. Se alistó en las fuerzas especiales con el único motivo de proteger a su familia de los corpúsculos aberrantes del sistema caducado en el que vivían. 

Sus primeras órdenes lo llevaron al otro lado del mundo, donde la particular organización mafiosa del país decadente de turno llevaba a cabo terribles experimentos. Sus órdenes eran destruir el laboratorio y robar todos los informes de los experimentos realizados.

Él era tan solo un mandado, la punta de flecha que debía destruir a los enemigos del poder. 

A su regreso a casa, fue recibido como un héroe, aunque él no se sentía como tal; había cometido los peores actos con aquellas criaturas que no tenían culpa de nada, tan solo de ser objeto de experimentación.

M. D. Álvarez 

miércoles, 11 de febrero de 2026

El dragón y la unicornia.

En un rincón escondido del bosque, donde las flores cantaban con el viento y el sol pintaba el cielo de colores mágicos, vivían dos amigos muy especiales: Sven, el pequeño dragón de escamas doradas y alas púrpuras, y Elora, la unicornia bebé de melena azul y cuerno brillante.

Desde que se conocieron, su amistad creció como las flores que los rodeaban, llena de risas, aventuras y sueños compartidos. Cada mañana, se encontraban en el prado floreado para explorar juntos los secretos del bosque. Sven, con su fuego cálido y protector, cuidaba de Elora, mientras que Elora, con su magia pura y luz, iluminaba el camino cuando el sol se escondía.

Un día, mientras jugaban a esconderse entre las flores, descubrieron un sendero oculto que nunca antes habían visto. Decidieron seguirlo, guiados por la curiosidad y la emoción. El camino los llevó a un claro donde el arcoíris tocaba la tierra y un antiguo árbol susurraba historias olvidadas.

Allí, comprendieron que su amistad era un puente entre mundos distintos, una magia tan poderosa que podía traer armonía a todo el bosque. Con un brillo en sus ojos y un corazón lleno de esperanza, Sven y Elora prometieron proteger ese lugar especial y mantener viva la magia de su amistad para siempre.

Y así, bajo el cielo azul y el manto de flores cantoras, el dragón y la unicornia enseñaron a todos que la verdadera magia nace del cariño y la unión entre los seres más diferentes.

M. D.  Álvarez