lunes, 31 de agosto de 2026

La luz de mis ojos.

Como cada fin de semana, sus encuentros acababan en disputa. Aunque aquel día algo cambió: se reunieron en la .noria, el ambiente se fue caldeando, pero no podía escapar de su órbita. 

Era la luz de mis ojos; aquella vez quise, por una vez, no discutir por nimiedades y casi lo conseguí. Si no fuera por el desliz cometido, ella me miró como si no me conociera y se precipitó al vacío. Su dolor, desde entonces, me acompaña sin permitir que vuelva a ser feliz.

M. D. Álvarez

Historia de una familia dispar. V parte.

El pequeño Devastación era un pillastre de cuidado, siempre jugando al límite. De no haber sido por su padre, se habría hecho daño; aunque, bien pensado, no creo que el chiquitín hubiera derramado una sola lágrima de dolor.  

Su melliza se tomaba las cosas con más calma; siempre miraba primero a su padre y después a su madre. Si recibía la confirmación de ambos, entonces sabía que no había peligro.  

Devastación era impulsivo y bruto, pero también era paciente con su hermana y cuidaba de ella. Hubo un día en que la perdió de vista tan solo un instante.  

Su padre dijo: "Tranquilo, la encontraré." Olfateó el aire y, al momento, detectó el dulce aroma de su pequeña; no estaba lejos de allí. Cogió a Devastación y dijo: "Sabes cómo huele tu hermana, sé que puedes rastrearla." El chiquitín hizo motines, pero finalmente olfateó el aire y allí estaba el olor de su hermanita.  

"Ve y dile que no pasa nada, que tú siempre la encontrarás y no dejarás que nada ni nadie le haga daño", dijo su padre acariciando su denso pelo.

Devastación gateó hasta el lugar donde se encontraba su melliza, acurrucada, y con tan solo la mirada dijo que nunca más la perdería de vista. Ella lo abrazó con desesperación; en su mirada había visto terror, pero cuando vio aparecer a su madre y a su padre, saltó a los brazos cálidos de su querida madre, mientras Devastación hacía lo propio con su padre.

Él le había dado la oportunidad de hallar a su hermana, pero había un rictus de desaprobación en el lobuno rostro de su padre y recordó lo que le había dicho: "Ella nació primero, pero necesita de tu valor para alcanzar su potencial. No debes perderla de vista ni un momento."

Devastación agachó la cabeza; se sentía culpable, pero su padre lo alzó sobre su cabeza y dijo: "Sé que serás un gran hermano para Esperanza." 

Aquello lo llenó de orgullo y lanzó su primer aullido, que fue seguido por uno mucho más potente: el aullido de su padre, seguido por los de su madre y hermana.

Continuará...

M. D. Álvarez

 

domingo, 30 de agosto de 2026

La mirada que lo cambió todo.

Cuando lo conoció, era un joven desgarbado y fibroso, pero tenía un je ne sais quoi que la atraía. No sabía si era su dulce mirada o sus ojos azules, pero tenía algo que la cautivaba. Era cierto, y él se percató de que deseaba ser más fuerte y atlético para ella, pues se sentía halagado y feliz. A él también le gustaba ella.

Él, sintiendo esa nueva motivación, se había propuesto ir a correr todas las mañanas por el parque. Un día, mientras pasaba junto a un banco donde ella solía leer, levantó la vista. Sus ojos se encontraron, y por un instante, el mundo pareció detenerse. En esa mirada, ella vio reflejada la determinación que él sentía, esa chispa de querer ser mejor. 

Él, por su parte, se sintió inundado por la calidez de su sonrisa, una sonrisa que le dio el impulso para seguir adelante, sabiendo que su esfuerzo no pasaba desapercibido. 

Fue un cruce de miradas que dijo más que mil palabras, un pequeño detalle que selló el comienzo de algo especial.

M. D. Álvarez 

Historia de una familia dispar, IV parte.

¿Qué os apostáis a que es capaz de cambiarles los pañales a los gemelos en menos que canta un gallo? —dijo orgullosa Angie, viendo las destrezas malabaristas de su apasionado compañero.

En un pis pas, la paciente Esperanza fue cambiada, limpiada, espolvoreada de talco y embutida en un precioso pañal rosa.

Devastación fue un oso más complicado, pero las dotes de mando de su padre lo mantuvieron quieto y extremadamente risueño. La sorpresa estaba en el pañal; necesitaba una limpieza a fondo. Lo mantuvo entretenido mientras lo secaba, le ponía la consiguiente provisión de talco y un adorable pañal azul.

Así, con los dos preciosos bebés, uno en cada brazo, cumplió otra de las expectativas de Angie.

—Es una auténtica joya... —dijo una de sus amigas, mordiéndose el labio.

—¡Ni lo soñéis, es mío y solo mío! —dijo Angie, mostrando una preciosa alianza de oro.

Continuará....

M. D. Álvarez 

sábado, 29 de agosto de 2026

Parque maldito.

Aquel parque era conocido por un hecho macabro: una atracción cobró vida y devoró a los jóvenes que solo buscaban divertirse. Al arrancar, se alimentó de los niños, que horrorizados gritaban a sus madres. 

Estas, aterrorizadas, intentaban arrancarlos de sus garras. Al cesar los gritos, solo quedó el chirrido de engranajes. 

El parque cerró, pero las leyendas cuentan que algunas noches aún se escucha su risa mecánica, esperando nuevas víctimas.

M. D. Álvarez 

Historia de una familia dispar. III parte.

La noche se cernía sobre el bosque como un manto de sombras, pero dentro de la cabaña reinaba una paz inesperada. Marcus, aún con el pelaje erizado y los sentidos alerta, se permitió un instante de calma. El calor de su familia lo envolvía como un bálsamo, y por primera vez en semanas, no sentía el peso de la amenaza constante.

Angie acariciaba suavemente la cabeza de Esperanza, mientras Devastación jugueteaba con la cola de su padre, riendo con esa risa contagiosa que solo los niños pueden tener. Marcus los observaba con una mezcla de orgullo y temor. Sabía que su linaje traía consigo una carga, una historia de sangre y secretos que no podía ocultar por mucho tiempo.

—Tenemos que irnos —dijo de pronto, rompiendo el silencio.

Angie lo miró con preocupación.

—¿Por qué? Pensé que aquí estaríamos seguros.

Marcus se acercó a la ventana, sus ojos azules brillando en la penumbra.

—No por mucho tiempo. Los que vinieron hoy no eran simples ladrones. Olían a plata... y a traición.

Angie palideció. Sabía lo que eso significaba. La manada. O lo que quedaba de ella.

—¿Crees que nos han encontrado?

Marcus asintió lentamente.

—Y no vendrán solos la próxima vez.

Esperanza se aferró a la pierna de su padre, como si entendiera el peligro que se avecinaba. Devastación, con su mirada desafiante, parecía listo para enfrentarse al mundo.

Marcus se agachó y los abrazó a ambos.

—No dejaré que nadie os haga daño. Ni ahora, ni nunca.

Angie lo miró con lágrimas en los ojos, pero también con una determinación férrea.

—Entonces nos vamos. Juntos.

Marcus sonrió, mostrando apenas sus colmillos.

—Siempre juntos —respondió con un susurro grave.

Continuará...

M. D. Álvarez

viernes, 28 de agosto de 2026

Historia de una familia dispar. II parte

—Os habéis metido con el lobo equivocado. -Rugió Marcus, sacando hasta su última pizca de salvajismo que quedaba en su interior. Sus profundos ojos azules reflejaban una ferocidad indescriptible, pero ante la defensa de la chica y sus gemelos no había medias tintas. 

Los asaltantes se sorprendieron ante la defensa salvaje de aquel joven licántropo; no se habían percatado de que tras él permanecía su esposa con sus dos preciosos bebés. 

En un acto desesperado de defensa, se lanzó contra los dos asaltantes, que no percibieron el gran nivel de agresividad de Marcus. Los sacó de la habitación a empujones, cerrando tras de sí la puerta. Angie quiso seguirlo, pero él había atrancado la puerta. Angie escuchó a través de la puerta el crujir de huesos, el rechinar de dientes y, finalmente, un golpe seco.

Tras cinco minutos un imperceptible toque en la puerta ella preguntó — ¿Estás bien? 

—Si, ahora sí, -respondió dócilmente desatrancando la puerta. Apareció con su pelaje negro y sus grandes ojos azules, respiró tranquilo. 

Esperanza miró con aquellos ojillos verdes el aspecto de su padre y alargó su regordete brazito con una sonrisa de reconocimiento. Devastación, al igual que su hermana, se lanzó a los brazos de su padre, que lo cazó al vuelo. Alzándolo sobre su majestuosa cabeza, lo colocó sobre su hombro, acercando el hocico a la pequeña Esperanza, que acarició con ternura.

Angie permanecía sorprendida; los gemelos lo reconocían como su padre, tanto humano como licántropo.

Es curioso, dijo Angie.

—¿Qué te parece curioso? —preguntó Marcus, dejando al querubín Devastación en el suelo.

—Que te hayan reconocido como su padre tanto en tu forma humana como en la licántropo —susurró al oído del joven licántropo, que lamió suavemente el blanco rostro de Angie, que se fundió en un abrazo tierno bajo la feliz mirada de la preciosa Esperanza y el bravo Devastación.

Continuará..

M. D. Álvarez