domingo, 22 de marzo de 2026

De camino a las duchas.

Casi siempre terminaba sus entrenamientos extenuado y sudoroso; por eso, disfrutaba de una cálida ducha que relajaba sus músculos. Ella lo sorprendió cuando iba de camino a las duchas.

Adoro cuando terminas de entrenar y estás sudoroso y excitado —le susurró al oído con aquella sonrisa pícara que lo desarmaba completamente, haciendo que se derritiera por ella. Su aliento caliente en su cuello le erizó la piel, y él contuvo un gemido.

—¿No puedes esperar a la noche? —preguntó sumiso, aunque sus manos ya se deslizaban hacia su cintura, traicionando sus palabras—. Aquí es peligroso, nos pueden pillar en cualquier momento —repuso con cautela, besándola tímidamente en el cuello

—De acuerdo, de esta noche no pasa —refirió ella con sutileza mientras acariciaba suavemente los atributos de él, que, victorioso, sabía que ella era la única que lo hacía sentirse vivo. Su mirada ardiente prometía más, mucho más, y él supo que no podría resistirse.

M. D. Álvarez 

sábado, 21 de marzo de 2026

Mi diosa.

¿Sabéis cuándo sentís que algo es verdaderamente divino? Lo idolatras, así se sentía él al verla a ella; su calidez, templanza y hermosura lo embargaban. Hasta el arrobamiento, se sentía transportado a un mundo lleno de amor y color.

Cuando ella apareció en su radar, sintió que ya no tenía que seguir buscando; ella sería su elegida.

Se embarcó en la mayor de sus aventuras: la conquista de la joven diosa, que al principio lo observaba con desidia. Solo veía a un joven que trataba de cortejarla con medios lo suficientemente poderosos como para hacerla vibrar.

Con el transcurso del tiempo, ella se fue encariñando con el joven, que seguía llevándole hermosos presentes y luchaba contra los que osaban ofenderla. Aquello la fue enamorando hasta que un día uno de aquellos bárbaros lo hirió de una puñalada en el corazón. Ella descendió de su pedestal y fulminó a aquel bárbaro que había dado muerte a su mayor defensor; se arrodilló al lado del joven que, con el último aliento, dijo: —Si tan solo necesitabas que entregara mi corazón para que descendieras de tu pedestal, lo habría hecho mucho antes".

Ella depositó su cálida mano sobre su pecho y, alzándolo con un suave beso, le otorgó lo que él más deseaba: una vida con su amada diosa, que lo ensalzó de la siguiente manera:

—Jamás dudé de tu valor, mi joven protegido. Desde hoy estarás a mi lado como mi pareja."

M. D. Álvarez

viernes, 20 de marzo de 2026

Esposas.

Se despertó atado a la cama y con su mejor amiga a su lado. No recordaba la noche anterior, pero ella parecía satisfecha.

Caraspeó y le susurró: —"¿Puedes quitarme las esposas?"

Ella abrió los ojos y lo miró con deseo.

—"No me voy a escapar", —dijo él con ironía.  

Ella se quitó la llave que llevaba al cuello y lo soltó.

—"Lo de ayer debió de ser apoteósico si has tenido que esposarme", —dijo él tratando de recordar.

—"No lo sabes tú bien. Lo hicimos en todos los sitios más inverosímiles que te puedas imaginar, hasta que te traje a mi cama y logré atarte. Disfruté con tus atributos y nos corrimos los dos. Sabes que eres inagotable y creo que podemos hacerlo otra vez", —dijo ella, subiéndose sobre él.

Él la miró, aún un poco aturdido, mientras su mente trataba de recuperar fragmentos de la noche anterior. La sonrisa traviesa de ella lo hacía sentir una mezcla de nervios y emoción.

—"¿En serio hicimos todo eso?" —preguntó, intentando recordar, pero solo podía imaginar escenas disparatadas llenas de risas y locura.

Ella se inclinó hacia él, su aliento cálido acariciando su piel. 

—"Sí, y si te portas bien, tal vez pueda dejarte recordar más," —dijo, guiñándole un ojo mientras comenzaba a desabrocharse la blusa, revelando un destello de piel que lo dejó sin palabras.

—"No sé si soy capaz de soportar otra ronda tan intensa," —respondió él con una sonrisa nerviosa. —"Aún me duele el cuerpo."

Ella se rió, su risa como música en sus oídos. 

—"Eso es solo una señal de que lo hicimos bien. Pero no te preocupes, tengo algunas ideas nuevas para esta vez," —dijo con complicidad, mientras se movía lentamente sobre él.

Él sintió un escalofrío recorrer su espalda. Mientras ella se acercaba más, las dudas comenzaron a desvanecerse. Quizás la noche anterior no había sido solo una locura; tal vez era el comienzo de algo más profundo entre ellos.

—"¿Y si esto cambia nuestra amistad?" —preguntó él, un poco más serio.

Ella lo miró a los ojos, su expresión cambiando a una más contemplativa.

—"A veces, Luzia," —dijo suavemente— "las mejores cosas surgen del caos. ¿Te atreves a descubrirlo conmigo?"

Él sonrió, sintiendo que el riesgo valía la pena. 

—"Definitivamente estoy listo para otra aventura," —respondió con determinación, mientras la abrazaba con fuerza.

La habitación se llenó de risas y promesas, mientras ambos se sumergían en un nuevo capítulo de su historia juntos.

M. D.Álvarez 

jueves, 19 de marzo de 2026

La mina de Llakaka.

Era la mayor mina subterránea de zafiros. La veta madre se encontraba a una profundidad de novecientos metros. Los túneles apenas se sostenían por las raquíticas vigas que sostenían los techos de las galerías. Él trabajaba en la galería número 68, tan solo con la fuerza de sus brazos y sirviéndose de su fiel pico, hollaba las frías paredes donde la veta madre soltaba grandes pedruscos de los más hermosos zafiros. 

Uno de aquellos pedruscos encerraba en su interior una preciosa piedra, pero lo extraordinario de aquella piedra fue lo que él halló en su interior: un hermoso zafiro con la forma de un corazón. Y lo más sorprendente de todo fue el tamaño del zafiro: medía de ancho 5.5cm, de largo 7cm y de profundidad 3.5cm. El zafiro ya tenía dueña: la diosa de su corazón.

Ella lo esperaba todas las noches, sentada en el porche. Al verlo venir con aquella cálida y dulce sonrisa, supo que había encontrado algo muy especial. Se arrodilló delante de ella, extendió los dos puños cerrados y le dijo: "Escoge". 

Ella tocó su puño derecho y él volteó el puño, mostrándole la hermosa piedra que había engarzado con un pequeño eslabón, donde enganchó una hermosa y fina cadena de la más pura plata.

Era un jefe ejemplar; bajaba a la mina con sus trabajadores, los tenía a todos asegurados con los mejores seguros médicos y unos sueldos astronómicos. Pero sus trabajadores eran los más cualificados y ninguno se dejaba sobornar por minas rivales. Él siempre los trató bien.

M. D. Álvarez 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Hermano Marte. 2da parte.

El guijarro de rodio, al ser tocado por el joven, se activó con una tenue luz violácea. No era una piedra, sino una llave. El Regente explicó que los "sembradores de estrellas" eran antiguos arquitectos de la vida y que el rodio servía para convocarlos en momentos de gran necesidad.

La geobomba no solo había dañado la superficie, sino que había fracturado el núcleo del planeta, desestabilizándolo lentamente. Marte se estaba muriendo. La única esperanza era contactar a esos seres ancestrales.

La misión ya no era de explotación, sino de salvación. Una alianza entre dos mundos, guiada por la fe en una leyenda cósmica y en la esperanza que un joven héroe sostenía en la palma de su mano.

Adner se preguntó cómo podía comunicarse si tan solo era un simple humano. El Regente le respondió: —"No eres un simple humano; tu carácter noble y altruista te llevarán a superar todos los obstáculos que se presenten. En ti está nuestra esperanza y la de tu mundo.".

M. D. Álvarez 

martes, 17 de marzo de 2026

Hermano Marte.

¿Por qué dejamos de ir a Marte? Es una buena pregunta, pero la respuesta no es tan simple. Los vuelos privados del magnate cibernético Elon Shark querían terraformar nuestro hermano gemelo en una tierra rica en materiales nobles y raros de los que no disponemos en la Tierra. 

Lo que el magnate no divulgó fue que, bajo el subsuelo de Marte, se encontraron con una civilización arraigada en ancestrales costumbres de cuidar del mundo. No se le ocurrió otra cosa que tratar de destruir su cultura detonando una geobomba sísmica para aplastar a los pobladores de Marte. 

No contaban con que un joven observador de estrellas, gracias al observatorio astronómico del Teide, fuera testigo de la detonación de tal artefacto en Marte.

Elevó una protesta al Congreso de la ONU, que ordenó desmantelar las instalaciones en Marte y concedió a los marcianos el privilegio de cuidar de su mundo, aceptando la ayuda de los científicos para reconstruir sus maltrechas edificaciones.

El regente aceptó con una condición: deseaba conocer al joven que salvó su civilización.

Al cabo de diez meses, el regente pudo recibir al joven héroe que había antepuesto su civilización a la codicia del magnate. El rey le otorgó su bien más preciado: un gran guijarro de rodio, y le explicó que con aquel material ellos podían contactar con los sembradores de estrellas.

Continuará...

M. D. Álvarez 

lunes, 16 de marzo de 2026

Enana blanca.

El trabajo de él era determinante para localizar posibles estrellas a punto de implosionar, ya que debía colocar un gigantesco cargador para proveer de una gran cantidad de energía alternativa, puesto que en su mundo no les quedaba mucha materia de la que tirar para convertirla en energía.

Debía buscar estrellas binarias donde una de ellas fuera una enana blanca, ya que cuando esta implosionase, la energía que liberara sería extraordinaria y sería recogida en el gigantesco cargador. Él había localizado una justo en uno de los brazos de la galaxia Abell 1835 IR, ubicada en la constelación Canis Major. Le llevó más de 7 años localizar una enana blanca a punto de implosionar. Colocó el dispositivo de carga y regresó a la Tierra, donde su amada esposa lo esperaba con pasión.. 

Cuando lo localizaron en la órbita de Marte, supieron que había tenido éxito. En cuanto tomó tierra, fue recibido como un gran héroe, pero él solo la buscaba a ella. Cuando la divisó entre la muchedumbre, corrió hasta ella, la abrazó y la besó con dulzura.

A los pocos días, la sonda colocada junto al gigantesco cargador comenzó a enviar datos y más datos, hasta que, de pronto, un gran fogonazo en el cielo, que duró apenas quince segundos, dejó de transmitir. Tras esto, la energía irradiada por aquella explosión fue llegando a los dispositivos electrónicos; la Tierra volvía a ser un faro de civilizaciones en el universo, todo ello gracias a él.

M. D. Álvarez