domingo, 26 de abril de 2026

El despacho.

Si los celos de Igor no le afectan al trabajo, no sería suficiente para alterarlo y sacarlo de sus casillas. Necesitaban que saliera de su despacho, así que no se les ocurrió otra cosa que hacer sonar la alarma de incendios. Cuando lo vieron salir disparado, aprovecharon el desconcierto para colarse en el despacho de Igor. 

Buscaron las pruebas con las que les había amenazado si no conseguía lo que quería, que no era otra cosa que tirarse a su secretaria, Angie, que era un auténtico pibonazo. Cuando Marcus descubrió las intenciones de Igor, estalló en improperios varios, pero al ver el rostro de su pareja, se contuvo a duras penas. Ella era su amor verdadero y cada vez que alguien le tiraba los tejos, él no lograba controlarse y se iba hecho una furia contra el desaprensivo que trataba de echarle el lazo a su dulce Angie.

Igor había grabado un video donde los dos se lo montaban en la mesa de su despacho, pero era de un básico surrealista. Lo había guardado en su ordenador personal, pero claro está, con contraseña.

Igor había grabado un video en el que Angie y Marcus se lo montaban en la mesa de su despacho, pero era de un estilo básico surrealista. Lo había guardado en su ordenador personal, pero, claro está, con contraseña. Sin embargo, Igor era un hombre predecible,  y no les costó mucho descubrir su contraseña. Seguro que ya la habéis acertado; si no, os la digo yo: el nombre del objeto de su deseo era "Angie". Una vez dentro, borramos el video y todas sus copias, aunque descubrimos que Angie no había sido la primera. Igor era un violador en serie. Entonces, ella sacó un pendrive y copió todos los archivos de video, 

Al salir del despacho, se encontraron con los empleados que regresaban, sus rostros llenos de confusión por la falsa alarma. Marcus y Angie intercambiaron una mirada de complicidad antes de desaparecer por las escaleras, llevando consigo la prueba de los crímenes de Igor.

M. D. Álvarez 

sábado, 25 de abril de 2026

Bajo el cielo del Norte.

El Norte era cada vez más frío, haciendo que las delicadas criaturas que lo poblaban bajaran de las altas cumbres. Tan solo los más fuertes resistían los fríos atroces, dotados de una naturaleza poderosa y ardiente. 

Él era una de esas criaturas, con su intenso pelaje color dorado y su gran envergadura, seguido de un corazón apasionado que buscaba a su ansiado amor en las altas y agrestes cumbres del gélido norte. 

Al no hallar a una ansiada hembra de su especie, tuvo que descender de las altas cimas hasta los cálidos prados, donde adorables criaturas disfrutaban de cálidas mañanas y dulces atardeceres. Él posó sus cálidos ojos en una de aquellas delicadas criaturas que inflamaban su noble corazón.

Ella sintió su mirada y, al verlo tan aguerrido y poderoso, se sintió cautivada y caminó con sutileza hacia él, que, sorprendido por la audacia de ella, trató de ocultarse sin conseguirlo; tal era su envergadura que sobresalía, ya que los seres en el cálido prado eran pequeños y no eran lo suficientemente frondosos como para ocultarlo a él.

—No tengas miedo, no te voy a hacer daño —dijo ella, risueña. No creía que podía tener tal poder sobre aquel gran macho.

—Disculpa si te he molestado —dijo él, saliendo de entre los árboles.

Ella pudo comprobar que aquel ejemplar era de alta cuna, pues su color de ojos no era habitual en los prados. —¿Qué hace un ser tan poderoso aquí en los plácidos prados?

Él comprendía que su apariencia era del todo aterradora, pero ella parecía no tenerle miedo y respondió: —Veraneantes, he bajado al gran valle en busca de una compañera a quien amar.

—Eres sincero y atrevido. Hace ya mucho tiempo que nadie desciende de las altas cumbres para emparejarse con nosotras.

—Debo decirte que mis intenciones son honestas; me uniré a ti si me aceptas. No te faltará comida con que alimentarte, ni pasarás frío. Serás mi reina allí en el gran norte; te colmaré de atenciones y mi corazón apasionado te mantendrá a salvo, dichosa y amada por siempre.

Ella lo miró curiosa; nunca antes, venido del gran norte, se había comportado tan cortés y galante con ella. Siempre habían sido brutos, salvajes y desconsiderados con las hembras del valle.

—Eres de noble corazón y estaré dispuesta a unirme a ti en tu reino de agrestes cumbres.

Él se sintió contento y satisfecho; había encontrado en ella lo que no había encontrado en su reino. Ella era hermosa, atenta, leal y lo amaría con dulzura, ternura y pasión.

M. D. Álvarez 

viernes, 24 de abril de 2026

El alfa y la omega.

Su trozo de bizcocho era relativamente más grande que el de los demás, pero tenía su porqué: era el líder de la manada y necesitaba reponer fuerzas rápidamente si quería que su manada no se revolucionara.

Pero él compartía su trozo con la única que sabía de su potencial: su compañera y bienamada pareja, a la que toda la manada respetaba sin fisuras.

Todas las mañanas desayunaba en aquella preciosa cafetería. Junto a su novia, repartía su desayuno con ella desde hacía siete días. La mimaba con delicadeza; sabía algo que el resto del grupo ignoraba: ella debía alimentarse mejor en su estado. Ella se lo había dicho; temía su reacción, pero él suavemente la besó con ternura y le dijo: —No debes temerme, me has hecho el hombre más feliz del planeta.

Ella sonrió, sus ojos brillando con gratitud. Sabía que, a pesar de las presiones externas, su relación era un refugio seguro. Mientras él partía otro trozo de bizcocho, se sintió afortunada de tenerlo a su lado. 

—¿Crees que los demás se darán cuenta de lo que estamos haciendo? —preguntó, mirando por encima del hombro hacia el resto de la manada que ocupaba las mesas cercanas.

Él se encogió de hombros, disfrutando de ese momento compartido. 

—No importa lo que piensen. Lo único que importa es que estemos bien nosotros —respondió con una sonrisa tranquila—. Y tú necesitas estar fuerte para lo que viene.

Ella asintió, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo ante la idea de lo que podría suceder en los días siguientes. La manada había estado hablando sobre un cambio inminente, algo que podría alterar la dinámica entre ellos.

—Tú siempre ves el lado positivo —dijo ella, tomando un sorbo de su café—. Pero ¿y si no podemos mantener la calma?

Él tomó su mano entre las suyas y la miró a los ojos. 

—Siempre habrá desafíos, pero juntos somos más fuertes. No olvides que siempre puedes contar conmigo —declaró con firmeza.

En ese instante, todo parecía posible. Con cada bocado compartido y cada mirada cómplice, su amor se convertía en un poderoso escudo contra cualquier adversidad.

Así, mientras el sol comenzaba a elevarse en el horizonte, llenando la cafetería de luz dorada, ambos sabían que estaban listos para enfrentar cualquier tormenta juntos.

M. D. Álvarez 

jueves, 23 de abril de 2026

El señor de la estepa.

Montado sobre su brioso corcel, galopaba por las estepas, seguido de un escuadrón de lanceros cosacos aguerridos que estaban dispuestos a dar su vida por el joven señor que liberó a sus familias.

Su valor jamás fue puesto en entredicho; es más, quien osara ofenderlo sería fulminado por su hueste de bravos usares, su guardia personal, aunque él se valía solo para defender su honor.

En vista está su última hazaña: descabalgó al capitán que trató de humillar a su amada con tan solo un certero golpe que cercenó de cuajo la cabeza del humillador.

El joven señor, con la mirada fija en el horizonte, alzó su espada ensangrentada como símbolo de justicia. Los cosacos vitorearon su nombre, mientras él, sereno, prometía proteger a los suyos. Su amada, con lágrimas de gratitud, supo que su amor era eterno, forjado en valentía y honor.

M. D..Álvarez 

miércoles, 22 de abril de 2026

Un tío genial.

Nunca supieron que aquel precioso peluche que le regaló su tío era un guardián protector. Su sobrina era muy importante, a la vez que su hermana, que había decidido ser madre soltera, le prohibió que despedazara al padre desaprensivo que se desentendió de la chiquilla.

—No necesita un padre, dijo Alison. —Tú eres un tío increíble y sé que me ayudarás a cuidar de ella.

Era un tío entregado; después de su servicio en el cuartel, acudía a la casa de Alison para cuidar de Briana.

—Como esta, mi sobrina favorita, decía asomándose a la cuna, donde la chiquitina lo recibía con una adorable sonrisa: —Mira lo que te he traído, dijo, sacando un precioso peluche de lobito regordete. 

Ella se quedó ensimismada, observando aquel precioso peluche de ojos azules. No se lo pensó dos veces y estiró sus rollizos bracitos para coger aquel lindo peluche que su tío Marcus le había traído. Seguidamente, lo inspeccionó y observó las lindas orejitas. ¿Qué crees que hizo la chiquilla? Exactamente, se las llevó a la boca.

M. D. Álvarez 

martes, 21 de abril de 2026

En un futuro...

Intrépido y valeroso, así era él: un auténtico hijo de los dioses. Su padre, el gran señor de las cumbres escarpadas, y su madre, la hermosa señora de la sabana, lo concibieron en un intermedio entre guerra y guerra.

El precioso bebé era un adorable bebito de rollizos bracitos. Un buen día, cuando el pequeñín había comenzado a gatear, se bajó de su regia cuna y, valientemente, se dirigió gateando a la habitación de sus augustos padres. 

Allí vio un precioso objeto; sus ojos brillaban de satisfacción. Se encaminó hacia el gran pedestal y, a pesar de ser chiquitín, logró encaramarse al borde del podio. Cuando logró subirse a él, vio una enorme maza cuajada de zafiros, rubíes y diamantes; el mango era de recia madera de los altos árboles del bosque primordial. 

El pequeño agarró con su regordeta manita la maza, sintiendo tal dolor que contuvo el llanto, pero su padre se despertó y lo vio subido al soporte donde todas las noches depositaba su aterradora maza.

—Como se nota que eres hijo mío; tu valor y entereza te han mostrado lo fuerte que llegarás a ser —refirió su padre, cogiéndolo en brazos—, pero ahora será mejor que dejemos a Goldhain en su sitio.

Su benjamín no quería soltar la gigantesca maza e hizo moines, pero su padre le dijo: —Si tu madre se entera de que has tocado mi arma, me desuella vivo.

El chiquitín cedió justo antes de que su adorada madre se despertara.

—¿Qué ocurre, mi señor? —preguntó adormilada.

—Nada, mi reina. Tenemos visita; nuestro precioso querubín ha logrado recorrer la distancia desde su habitación a la nuestra. Menos mal que me he despertado...

Ella lo miró amorosamente y extendió sus níveos brazos hacia su esposo, y le dijo:

—Tendrá hambre —dijo ella, colocando al principito junto a su blanco pecho. El pequeñín mamó con delicadeza hasta que se quedó dormido, soñando con futuras batallas.

M. D. Álvarez 

Ya ha pasado un año.

Ayer hizo un año que mis musas se volvieron desbordantes y creativas.

No sé cuál es la razón de tanta actividad; puede ser que no deseen causarme dolor por la pérdida de mis padres y lo reflejen susurrándome todo tipo de historias.

O, simple y sencillamente, se desviven por mí; no lo sé. Lo que sí sé es que no habría logrado salir del pozo sin su ayuda, una ayuda que no sé si merecí o no, pero ellas me la brindaron sin pedir nada a cambio.

Y así, entre susurros, mis musas tejieron un resplandor en la penumbra. No busco razones, solo abrazo este torrente de ideas e imagenes que me sostuvo y me salvó. Su regalo no fue solo creatividad, sino el coraje para seguir tejiendo luz con palabras. 

Fin.

M. D. Álvarez