martes, 17 de febrero de 2026

Un Martedì Grasso.

La máscara veneciana era su distintivo. Cada vez que resolvía un caso anónimo, firmaba con su rúbrica, y en carnavales se hinchaba a firmar. Su talante era noble, pero en aquellas fechas se sentía especialmente desinhibido y no ponía su intelecto al servicio del bien, sino que se sentía oscuro y ansioso.

Una noche de carnaval, una cortesana enmascarada lo interceptó y susurró al oído: 

—Se quién eres y conozco tus dos mitades. Si quieres permanecer en el anonimato, ven a la plaza. San Marcos está media noche o daré a conocer tu verdadera identidad.

Se sentía turbado por la mujer; no conocía su rostro, pero ella parecía conocer su identidad. Acudió con su máscara a la plaza de San Marcos cuando las campanas anunciaban la hora bruja. ¡Cuál fue su sorpresa! Aquél día era Martedì Grasso y la plaza estaba abarrotada de nobles y cortesanas, cada cual con sus respectivas máscaras. ¿Cómo iba a reconocer a la mujer que lo había citado allí?

Una voz a su espalda lo alteró: —No te gires y ve hasta el Caffè Florian. 

Atravesaron  toda la plaza hasta llegar al lugar. Se sentaron en un reservado y allí se quitaron las máscaras. Él, un tanto sorprendido, vio que la cortesana no era otra que su secretaria, una adorable joven de ojos verdes que, con una gran sonrisa, le dijo: —Marcus, ¿a que no te diste cuenta de que era yo?

—¡Angie! ¿Pero cómo te has atrevido a asaltarme de esa manera a la mañana? —preguntó, herido en su amor propio.

—Oh, vamos, Marcus, siempre me ignoras y ni te das cuenta de que me gustas a rabiar. Solo me dejaste una opción y parece que he captado tu atención.

—Vaya, si la has captado —respondió Marcus con aquella sonrisa que alelaba a las mujeres—. ¿Quieres tomar algo? —preguntó Marcus, mucho más calmado.

—Pues mira, si un Spritz Veneziano, - respondió ella con su sonrisa encantadora.

Marcus fue a por las bebidas y regresó con el Spritz Veneziano para ella y un Hugo Spritz para él.

—Bueno, ¿qué te parece si, tras tomarnos las copas, nos perdemos en el bullicio del Martedì Grasso? -sugirió Marcus con aquella mirada azul celeste que era capaz de escudriñar los recovecos más oscuros del alma humana.

M. D. Álvarez 

lunes, 16 de febrero de 2026

Amor genuino.

Sus amigas eran unas auténticas lobas, pero él siempre fue cortés con ellas; nunca les dio pie a pensar que estaba interesado en algunas de ellas. Su único amor era ella; no quería agraviarla, así que se cuidaba mucho de mostrar solo interés por ella.

Era galante, cortés y dulce con ella, y se mostraba indiferente con el resto, que no cesaba de atosigarlo con roces y susurros.

A pesar de su indiferencia, las amigas de ella no se daban por vencidas. Cada día inventaban nuevas formas de llamar su atención, pero él permanecía imperturbable. Su corazón solo latía por ella, y cada gesto, cada palabra, estaba destinado a hacerla sentir especial.

Ella notó su incomodidad con sus amigas y las reunió en una de las muchas cenas de amigas y les pidió que dejaran de atosigarlo. Él había decidido y no habría vuelta de hoja.  

Las amigas, sorprendidas por su valentía, prometieron respetar su deseo. Con el tiempo, su amor floreció en un entorno más tranquilo. Él, aliviado, pudo expresar sus sentimientos sin interferencias. Juntos construyeron un vínculo profundo, sabiendo que las verdaderas amistades también apoyan los amores genuinos y sinceros." 

M. D. Álvarez 

domingo, 15 de febrero de 2026

El licántropo tierno.

Era un chico adorable, afectuoso, tierno y amoroso, pero tenía un defecto: era una criatura de la noche. De día, era cauto, gentil y educado. 

Ella no supo lo mucho que le gustaba hasta que lo siguió cuando lo vio adentrarse en el bosque. Lo vio retorcerse y convulsionar; su piel se desgarraba, abriendo paso a un adorable licántropo de sedoso y aterciopelado pelo que se dispuso a saciar sus instintos con las criaturas del bosque más oscuro. 

De pronto, oyó un crujido y se giró; la vio y supo que ella sería la indicada. Con ella podía ser tierno, adorable, afectuoso, amoroso y cariñoso; con el resto no se podía mostrar como tal, debía guardar las apariencias. 

Se acercó con docilidad hacia ella, que lo observaba con ternura. Él se agachó y se puso a su altura. Ella rozó suavemente su aterciopelada cabeza y él lamió con suavidad el dulce rostro de ella, que al contrario de lo que pensáis, adoraba las muestras de cariño de su compañero.

M. D. Álvarez 

sábado, 14 de febrero de 2026

Una historia de amor.

—¿Pero tú de qué pino te has caído, guallabero mío? -dijo ella al ver al hermoso mancebo que acababa de caerle en gracia.

El joven no sabía dónde meterse; era núbil en las lides del romance. Pero, con toda la calma de la que pudo hacer gala, cogió una hermosa flor y se la ofreció casi sin atreverse a mirarla.

—Pero qué tierno eres. Pero mis ojos están aquí, no ahí en el suelo.

—Lo que pasa, señorita, es que su mirada me embelesa y me derrite como un azucarillo —respondió el jovencito con un valor que no creía tener.

Ella rió con suavidad y dijo: —Mira tú por dónde nos ha salido poeta.

—No soy poeta, sino siervo de vuestro corazón, -respondió él con una dulzura que la desarmó.

—Siéntate conmigo, azucarillo, -dijo ella, que había visto el candor y la delicadeza en aquel encantador labriego.

Él se lo pensó un momentito, pero accedió a sentarse con la bella joven.

El atardecer, con sus tonos rojizos y anaranjados, hizo de aquella tarde una hermosa historia de amor entre un inexperto mozo y una encantadora doncella.

M. D. Álvarez

El primer baile. 2da parte.

Mientras el vals se deslizaba suavemente, la música envolvía a Marcus y Angie en un mundo solo para ellos. Cada giro y cada paso parecían acercarlos más, como si el resto del mundo se desvaneciera. Sin embargo, en el fondo de su mente, Marcus no podía evitar sentir una pequeña inquietud.

—¿Vienes aquí a menudo? —preguntó él, buscando un tema de conversación mientras la sostenía con firmeza.

—Es mi primer baile en esta ciudad —respondió Angie, su mirada chispeando con emoción—. Me mudé hace poco. Todo es nuevo para mí.

—¿Y qué te parece hasta ahora? —inquirió él con curiosidad.

—Es hermoso, pero también un poco abrumador —confesó ella—. A veces siento que todos me observan.

Marcus sintió una punzada de empatía. Sabía lo que era sentirse fuera de lugar. Pero había algo en ella que lo hacía querer protegerla.

—No te preocupes por ellos. Lo que importa es este momento —dijo él, sonriendo—. Y aquí estoy, solo para ti.

Angie rió suavemente, y por un instante, el mundo exterior desapareció por completo. Sin embargo, cuando la música comenzó a decaer, Marcus sintió que el tiempo se agotaba.

—Me encantaría continuar esta conversación —dijo él con sinceridad—. ¿Te gustaría salir a tomar algo después del baile?

Angie dudó un momento, sus ojos reflejando una mezcla de emoción y preocupación.

—Me encantaría, pero… no quiero que pienses mal de mí. Mis padres son un poco estrictos con respecto a salir con chicos que acabo de conocer.

La sinceridad en su voz hizo que Marcus sonriera aún más.

—Entiendo perfectamente. Tal vez podríamos encontrar una manera de hacer esto sin romper las reglas. ¿Qué tal si nos encontramos aquí mañana? Podríamos bailar nuevamente y conocernos un poco más.

Angie consideró la propuesta y finalmente asintió, su sonrisa iluminando su rostro.

—Me parece perfecto. Será nuestro pequeño secreto.

La música terminó y los aplausos estallaron a su alrededor. Mientras se separaban, Marcus sintió una chispa de anticipación en su interior. Había algo especial en Angie que lo atraía irremediablemente, y estaba decidido a descubrirlo.

Sin embargo, justo cuando se dio la vuelta para dejarla ir, notó una figura familiar al otro lado del salón: su hermana mayor, Clara, observándolos con una expresión de desaprobación. 

Marcus frunció el ceño; sabía que Clara nunca había sido fanática de sus elecciones románticas y esperaba que no interfiriera esta vez. Se giró hacia Angie antes de perderla entre la multitud.

—Hasta mañana entonces —susurró él suavemente.

Angie asintió, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y nerviosismo mientras se alejaba hacia la salida del salón.

Mientras tanto, Clara se acercó a él con paso firme.

—¿Quién era esa chica? No me digas que te has metido en problemas otra vez —dijo ella con tono severo pero preocupado.

Marcus suspiró; sabía que tendría que explicarle todo sobre Angie y su deseo de conocerla mejor. Pero también sabía que la verdadera batalla apenas comenzaba: ganar la aprobación de su hermana podría ser tan complicado como conquistar el corazón de Angie. 

Su hermana era excesivamente protectora con él; en el pasado, recogió los trozos de su corazón después de que una de las muchas novias de él se lo rompiera. Aunque Angie era diferente, le gustaba de veras y lucharía por ella, aunque ello le llevara a enfadar a su hermana mayor.

M. D. Álvarez 

El san Valentín de Luperco y la Luna.

¿Por qué celebramos el Día de los Enamorados y qué se celebraba antes? Pues bien, antes de celebrar San Valentín, se conmemoraba una fiesta, en teoría pagana, llamada Lupercalia, en honor al dios Luperco, protector de los rebaños, de la fertilidad y de la naturaleza salvaje.

Era hijo de Picus y de una ninfa del bosque. Según algunas leyendas, Luperco luchó contra los licántropos y fue herido por el licántropo regius, adquiriendo la facultad de transformarse en uno de ellos. Su amor por la hermosa diosa lunar, a la que los licántropos adoraban con devoción, fue tan grande que, tras desaparecer de la tierra, Luperco fue alzado al cielo por su abuelo Saturno, donde conquistó a la hermosa luna, que, mientras transitaba por los cielos, fijaba sus amorosos ojos en aquel tierno pastor. 

​Y desde aquel entonces, se dice que en las noches de febrero, cuando la luna brilla con una intensidad inusual, no es solo el reflejo del sol lo que vemos, sino la mirada de la diosa respondiendo al abrazo de Luperco.

​Los licántropos, sus antiguos devotos, ya no aúllan de terror o sed de sangre, sino de nostalgia por el líder que ascendió a lo más alto por amor. 

Con el paso de los siglos, la Iglesia transformó los antiguos ritos de fertilidad de la Lupercalia en la festividad de San Valentín, pero la esencia permanece intacta.

​Celebramos el Día de los Enamorados porque recordamos, quizás sin saberlo, aquel sacrificio: el del pastor que aceptó su bestia interior para proteger lo que amaba, y el de la luna que bajó su mirada al mundo para siempre. 

Por eso, cada 14 de febrero, cuando dos amantes se miran a los ojos, repiten el antiguo pacto entre el cielo y la tierra, bajo la protección silenciosa de aquel dios que una vez fue lobo, y que ahora es eterno

M. D. Álvarez 

El primer baile.

La vio en aquella escalera y ya no pudo apartar su mirada de ella. La siguió por todo el salón de baile; en un gesto de cortesía, le pidió un baile. La cogió por la cintura y bailó con ella, acaparando todos los bailes. Nadie más bailó con la chica más hermosa, y ella lo disfrutó; adoraba los agradables modos de caballerosidad de aquel apuesto joven.

—Mi nombre es Marcus Suton —se presentó.  

—Yo soy Angie O'Nel —respondió ella con una adorable sonrisa.

—Un placer, Angie —respondió él, besando su mano.

—Te he visto observándome —dijo ella, jugueteando con su cabello.

—Desde que te vi en la escalera, no he podido apartar la mirada de ti.

Continuará...

M. D. Álvarez