domingo, 4 de octubre de 2026

Eres valiente.

Aquel gigante estaba castigando su hígado con un puño americano. Sus amigos no sabían cuánto aguantaría hasta perder el conocimiento o la vida. Estaba colgado de las muñecas; en uno de aquellos guantazos brutales, una costilla estuvo a punto de perforar el pulmón, pero lo que no soportaba aquel gorila era que no emitiera ningún quejido. Así que siguió golpeándole con saña hasta que se dio cuenta de que no respiraba. Entonces, lo descolgó y lo arrastró hasta la fosa común.

Sus amigos observaron horrorizados cómo aquel bruto orinaba sobre el cadáver de su líder. Ella se levantó y agarró una barra de acero templado, y le golpeó con todas sus fuerzas. El mastodonte se giró y la observó.

—Eres valiente, pero no te servirá de nada. Tu líder tuvo arrestos para soportar el dolor, pero tú... —dijo, relamiéndose.

Ella trató de golpearlo de nuevo, pero aquel salvaje agarró la barra y la tomó del cuello, susurrándole: —Tú y yo lo vamos a pasar muy bien.

Habían pasado quince minutos cuando él inspiró de repente. Llenó sus pulmones de aire, aunque el aire era enrarecido y olía a rancio. Cuando acostumbró su vista, se percató de que lo habían arrojado a la fosa común.

Salió arrastrándose; apenas se tenía en pie, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para llegar al lugar donde estaba su equipo. Cuando llegó, vio tres cuerpos; faltaba ella.

Oyó susurros y brutales jadeos; casi no podía pensar. Se dirigió hacia la sala contigua, donde presenció el hecho más abominable: aquel animal la había atado con cadenas y la penetraba salvajemente mientras oprimía con brutalidad sus delicados pechos. No pudo soportarlo; sacó todas sus fuerzas y se lanzó, cargado de la furia más atronadora. El gorila se vio sorprendido y, ante la furia de aquel al que creía haber dado muerte, salió huyendo. Hizo ademán de perseguirlo, pero no podía dejarla así. Rompió las cadenas, la cubrió con una manta y, con delicadeza, la cogió en brazos, dirigiéndose a la sala, donde sus tres amigos permanecían atados e inconscientes.

La depositó con cuidado en el suelo; tenía que sacarla de allí lo antes posible. Ella se movió levemente. Él se agachó para calmarla; ella se encogió temerosa, pero él la tranquilizó: —No tengas miedo, soy yo... siento no haber podido llegar antes.

—Te vi mo... ‐trató de decir con dudas.

—Tengo siete vidas, dijo con suavidad. —Te juro que lo cazaré y le haré pagar todo lo que te ha hecho.

Continuará...

M. D. Álvarez

Pegatinas.

Esta mañana me volví a encontrar la tapa del water levantada. Y estoy segura de que lo hace para molestarme. 

Se lo he dicho cientos de veces y continúa haciéndolo para cabrearme. 

Todos tenemos un límite y yo acababa de alcanzar el mío. Será la última vez que se le olvide. Cada vez que vaya al water se lo encontrará lleno de pegatinas.

M. D. Alvarez 

sábado, 3 de octubre de 2026

Donante.

Rústicamente intercambiaron sus pulseras identificativas, pero siempre con un único fin: el de conseguir un donante sano que les sirviera para intercambiar los órganos necesarios para su subsistencia. No podían esperar su turno. 

Su padre se moría de una insuficiencia renal. Le habían dado seis meses de vida; si no aparecía pronto un donante, no habría nada que hacer.

M. D. Alvarez

La hermana gemela.

A mí me empezaban a entrar las dudas de si verdaderamente murió en aquel accidente.

No se encontró su cuerpo. Nos dijeron que se había incinerado debido a las altas temperaturas que se habían producido en el incendio. Pero yo no podía creérmelo, porque yo la sentía como cuando éramos pequeñas y se cayó a un pozo. Todos creían que había muerto, pero yo insistí en que estaba viva hasta que la encontraron sana y salva donde yo les dije que estaba.

La conexión entre nosotras dos sigue tan fuerte como en aquel momento. Por eso tengo mis dudas y sigo buscando entre los restos calcinados de aquella caravana. Y lo que no podía creer se convirtió en realidad: hallé el colgante que le regalé y del que nunca se separaba. Pero ¿cómo era posible? Yo la sentía a mi lado. Puede que nuestra conexión perdure en el tiempo...

M. D. Alvarez

viernes, 2 de octubre de 2026

Otros gustos.

—Debemos probar otros gustos culinarios —dijo el jovencito licántropo, mirando el plato que le acababan de servir—. No tenía ni idea de qué era aquello, pero tenía una pinta deliciosa.

 —Perdona, ¿me puedes decir qué es esto? —preguntó al camarero, que lo miró sorprendido, nunca habían servido a un jovencísimo licántropo.

 Este le respondió —Causa a la limeña, un pastel frío hecho con capas de puré de papa amarilla sazonada con limón y ají amarillo, relleno de aguacate y atún. ¡Buen provecho, señor!

El licántropo cogió con delicadeza el tenedor y tomó una pequeña porción que se llevó a la boca. En cuanto lo probó, una explosión de sabores inundó sus papilas, que de puro placer sucumbieron al sabor y textura del plato. 

El resto del grupo lo miraba pensativo, preguntándose cuándo le dirían que lleva picante.

—Déjalo, está disfrutando y con muy buenos modales —respondió una de sus amigas, que no lo había visto disfrutar tanto.

M. D. Álvarez 

Encuentro en el Vaticano.

 A mí me empezaban a entrar dudas de que sucediera lo que dijeron.
Era un suceso tan extraordinario que no podía ser real. ¿Dónde se ha oido, que aterrizará un OVNI en medio del Vaticano? Y mucho menos que sus tripulantes descendieran y se declararan católicos practicantes.

Solo podía ser una campaña publicitaria para atraer feligreses. Últimamente habían dejado de acudir a la iglesia como fuente de salvación.

La campaña había sido orquestada por la camarilla de asesores del Papa. Solo les falló una cosa. No sabían que tendrían que enfrentarse con el mejor sabueso de lo desconocido, que les desmontó la campaña en un pis pas.

M. D. Álvarez

jueves, 1 de octubre de 2026

No estoy gordo.

—"Que estoy gordo, bufo, herido en su amor propio.

—"No, mi vida, tú no estás gordo, solo tienes los huesos más densos." Trató de calmarlo poniendo su grácil mano sobre su pecho.

—"Como vuelva a oír a alguno de tus amigos llamarme gordo, lo voy a espabilar, pero no a hostias, lo voy a espabilar a guantazos, — rugió fuera, de sí.

Mientras ella trataba de apaciguarlo, sus amigos se partían el culo y hacían gestos.

—"Os podéis largar de una puta vez o lo dejo que os arree con ganas."

—"Venga, déjalo, no sabemos qué has visto en él."

—"Te estás ganando una somanta de palos. Lo prefiero a él mil veces antes que juntamente con unos desaprensivos como vosotros. Él es más dulce y encantador, también tiene su puntito de mala leche que, como no lo frene, os molería a palos."

Él la miró con dulzura y amor; siempre se preguntó qué había visto en él y ahora lo sabía.

—¿De verdad me prefieres a mí en vez de a ellos? 

—Claro que sí, mi adorable y dulce bribón.

M. D. Álvarez