lunes, 2 de marzo de 2026

​El rugido del Mustang.

—No los puedo dejar tirados, pensó para sí. Ellos nunca lo harían. Giró el volante en redondo, derrapando, y con un rugido de su Mustang, aceleró. 

Cuando lo vieron partir, el alma se les cayó al suelo. De pronto, un rugido y un claxon rompieron el silencio, haciendo que se apartaran de la pared justo a tiempo, pues un gran impacto tiró el muro, sembrando el desconcierto entre los captores. 

Abrió la puerta del Mustang y desenfundó sus pistolas Smith & Wesson, y con certeros balazos eliminó a los captores.

Sus amigos no daban crédito; había vuelto por ellos. —¿Cómo iba a dejarlos?, dijo sonriendo.

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de marzo de 2026

No lo dudes.

No los puedo dejar tirados; no se lo merecen. Siempre han estado para mí cuando los he necesitado, como aquella vez que se vio acorralado por un grupito de veinteañeras que no cesaba de atosigarlo. Sus amigos no dudaron en ir a rescatarlo.  

Se lo debía; no sería un buen amigo si los dejaba a su suerte junto con Angie, la chica más maravillosa del grupo. 

No se lo perdonaría jamás, así que se dio la vuelta y dijo: —No os puedo dejar así como así; además, vosotros no lo haríais, ¿verdad?

El grupo de amigos lo miró y dijo al unísono: —No lo dudes.

M. D. Álvarez 

sábado, 28 de febrero de 2026

Un rumor.

Su melancolía lo estaba sumiendo en la más profunda de las tristezas. Ella lo había dejado por un equívoco que él cometió con una de sus mejores amigas cuando se ofreció a llevarla al ver que había bebido demasiado. 

Por mucho que se disculpó, no quiso saber nada de él hasta que lo vio sumido en una tristeza tal que quiso perdonarlo, hasta que la amiga envidiosa a la que acompaño le susurró: "Es un buen partido y está muy bien dotado". 

Aquello acabó destrozando la relación que se había fraguado durante años; no le perdonó sabiendo que nada ocurrió.

M. D. Álvarez 

viernes, 27 de febrero de 2026

Promesas en la tempestad. 2da parte.

Al entrar en la sala de mando, el ambiente se tornó serio. Los capitanes estaban reunidos alrededor de un mapa desgastado, sus rostros iluminados por la luz tenue de las lámparas. Las líneas del mapa trazaban una ruta peligrosa a través de aguas traicioneras y territorios desconocidos.

—Bienvenido, comandante, dijo el capitán Albert, señalando el mapa. —La ruta está llena de desafíos. Habrá tormentas y criaturas marinas que pondrán a prueba nuestras habilidades”.

—Lo sé, respondió él con voz firme, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a fluir en su cuerpo. —Pero hemos enfrentado adversidades peores. Lo que importa es mantenernos unidos y enfocados.

Mientras discutían los detalles de la misión, su mente seguía volando hacia ella. Imaginaba su sonrisa, el brillo en sus ojos cuando ella lo miraba. Esa imagen se convirtió en su faro, guiándolo a través de la oscuridad que acechaba en el horizonte.

—Comandante, interrumpió la capitana Myriam, sacándolo de sus pensamientos. —¿Cuál es nuestra estrategia para enfrentar las tormentas? Necesitamos un plan sólido.

—Las tormentas no nos detendrán, afirmó él con decisión. —Debemos ser rápidos y astutos. Si seguimos este curso y mantenemos el rumbo firme, podremos atravesarlas sin perder tiempo.

Los capitanes asintieron, motivados por su confianza. La conversación fluyó entre tácticas y preparativos, y mientras hablaban, él sentía que cada palabra era un paso más cerca de regresar a su amada.

La noche avanzó, y con cada hora que pasaba, la ansiedad crecía. Finalmente, el cielo se oscureció completamente, y las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer.

“¡Preparados para la tormenta!” gritó el comandante mientras se aferraba al timón. Las olas comenzaron a agitarse violentamente, pero él se mantuvo firme. “Recuerden: somos una tripulación unida. ¡No dejaremos que nada nos detenga!”

El barco luchó contra las embestidas del mar, pero él sentía que cada ola era un recordatorio de su promesa. Con cada golpe del agua contra el casco, reafirmaba su resolución: volvería a casa.

De repente, un grito alarmado resonó en el aire: “¡Criaturas en el agua!” 

El corazón le dio un vuelco al ver sombras emergiendo de las profundidades; criaturas marinas con escamas brillantes y ojos centelleantes rodeaban el barco.

“¡Defensas listas!” ordenó él con voz autoritaria mientras los hombres se preparaban para luchar.

Sin embargo, en lugar de entrar en pánico, recordó las historias sobre estas criaturas; eran guardianes del mar y podían ser aliados si se les abordaba con respeto.

“¡Esperen!” gritó por encima del estruendo del viento y las olas. “No estamos aquí para pelear; venimos en paz”.

Las criaturas se detuvieron momentáneamente, sus ojos brillando intensamente bajo la luz de la luna. Con un gesto decidido, levantó una mano hacia ellas como símbolo de paz.

“Buscamos un camino seguro hacia nuestra misión”, explicó con sinceridad. “Si nos permiten pasar, prometo honrar su dominio sobre estas aguas”.

Las criaturas intercambiaron miradas entre sí antes de acercarse lentamente al barco. El silencio era palpable mientras todos contenían la respiración.

Finalmente, una de las criaturas más grandes emergió del agua y habló con una voz profunda que resonó en sus corazones: “Si tu intención es noble y tu amor es verdadero, te permitiremos cruzar nuestras aguas”.

Con gratitud desbordante en su pecho, el comandante asintió solemnemente. Sabía que este encuentro no solo era una prueba para él sino también una señal de que su amor lo guiaba incluso a través de lo desconocido.

Continuará...

M. D.  Álvarez 

jueves, 26 de febrero de 2026

Perdido en un mar de dudas.

Era un guerrero fuerte y hábil, pero todavía creía en la inocencia de aquel mundo joven. A pesar del último desenlace, donde el mal floreció, él siguió creyendo que había inocencia en sus actos. 

Hasta que un día, su pareja fue brutalmente golpeada. Sintió que toda su inocencia desaparecía en un océano de dudas. Frente al cuerpo apaleado de ella, juró que no consentiría que el mal prevaleciera en su mundo; él se encargaría. 

Tras perder la inocencia, su corazón luchó con todas sus fuerzas hasta que no quedó ni una pizca de maldad en su mundo.

M. D. Álvarez 

miércoles, 25 de febrero de 2026

El pétalo y su rosa.

Un pétalo, tan solo, era menospreciado por las demás flores que conservaban todos sus pétalos. Sin embargo, este humilde pétalo fue el único que se sacrificó por el amor a su rosa..

 Decidió caer sobre una pequeña oruguita que se disponía a trepar al tallo de su amada rosa, de un rojo tan intenso como su propio corazón. Prefirió saltar sobre ella y evitar que subiera y devorara a su amada rosa. 

La pequeña oruguita, al ver el valor de aquel pétalo, decidió respetar a la hermosa rosa y se dirigió, ante el estupor de las que lo habían menospreciado, en dirección a ellas.

M. D. Álvarez

martes, 24 de febrero de 2026

Alzamiento de un nuevo ángel guardián.

Su legado estaba a punto de cumplirse en su lecho de muerte. A pesar de tener 35 años, la muerte lo encontró. Tenía a todos sus amigos y a su amada, que lo miraba con verdadera tristeza.

Él la llamó y ella se acercó, se sentó a su lado y escuchó sus últimas palabras.

—Mi amor, temo dejarte ahora que he cumplido mis designios en este mundo. Os echaré de menos a todos. Ahora que lo he logrado, tengo que emprender un nuevo reto: alzarme como un ángel guardián que os defenderá ante las tribulaciones. —Expiró y murió, dejándolos esperanzados.

M. D. Álvarez