viernes, 15 de mayo de 2026

Frío polar.

En la goma de sus calzoncillos llevaba una ganzúa que le ayudó a librarse de las esposas. Una vez liberado, se acercó a la joven, que lo miró sorprendida y dijo: —"Eres un chico con muchos recursos".

—"No lo sabes tú bien", respondió él, que no parecía tener frío con tan solo unos bóxer.

—"No tienes frío?", preguntó sorprendida.

—"Soy un chico del norte. Hace falta más que una leve brisa para congelarme", dijo, echándosela al hombro. La sacó trepando por el acantilado.  —"Aquí estarás a salvo".

—"¿Y tú a dónde vas?", preguntó preocupada.

—"A buscar mi ropa", respondió él con una sonrisa encantadora.

M. D. Álvarez 

jueves, 14 de mayo de 2026

La prueba del delito.

En la goma de sus calzoncillos estaba la prueba necesaria para encerrar al depredador que lo había maltratado y forzado. Se fue derecho a la comisaría; nada más llegar, dejó la prueba sobre el mostrador y dijo, con su temblorosa voz: —"Quiero denunciar una agresión". 

La joven policía vio a un jovencito magullado y luego vio los calzoncillos manchados de sangre, los embolsó y etiquetó. 

Después, acompañó al jovencito a tomar un chocolate caliente y dijo: —"Eres muy valiente. Enseguida llega tu mamá y te podrás ir a casa. Has hecho lo correcto; lo encerraremos de por vida, ya no volverá a hacer nada a nadie."

M. D. Álvarez 

miércoles, 13 de mayo de 2026

El tamaño no importa.

En la goma de sus calzoncillos nuevos había una etiqueta que decía: "provoca inflamación en algunos clientes". 

Se quedó mirando y pensó: "Si ya estoy bien dotado, ¿hará que crezca más?". Sonrió pensando en la cara de satisfacción de su novia cuando se los quitara. Se llevó tres pares.

Aquella noche estrenó uno de aquellos bóxer. Ella percibió el aumento y dijo: "Cielo, no hace falta que aumentes el tamaño, solo quítatelos y vámonos a la cama". Así lo hizo; se quitó los bóxer y, cogiéndola por la cintura, se encerrón en el dormitorio.

M. D. Álvarez 

martes, 12 de mayo de 2026

La única célula sana.

En la goma de sus calzoncillos quedaba la única célula sana con la que podrían clonarlo de nuevo. Ella no estaba preparada para perderlo. Con la única célula sana, comenzó la reconstrucción de su amado chico. En tan solo un mes, su adorado amado dormía plácidamente.

Con delicadeza, tocó el antebrazo de su amado, que se despertó como si no hubiera pasado el tiempo. 

Al verse desnudo, con tan solo unos adorables calzoncillos, preguntó:  
—¿Y esto? —con una mirada perspicaz.

—Son tus calzoncillos favoritos y los adoro, aunque más te adoro a ti, mi dulce amor —respondió, feliz de que no recordara nada de su muerte.

M. D. Álvarez 

lunes, 11 de mayo de 2026

La furia de un guerrero. 2da parte.

El guerrero, abrazó el cuerpo inerte de su amada,, sintiendo cómo la vida se había extinguido de su piel antes vibrante. Sus lágrimas no eran de pena, sino de una rabia helada que buscaba cauce. 

Los contendientes observaban desde la distancia, paralizados, no por el miedo a sus espadas, sino por la tempestad que se fraguaba en el alma del coloso.

​El silencio fue roto por un susurro apenas audible, que resonó en el corazón del fornido guerrero como el toque de una campana de guerra: "No llores, mi fiero protector... Vive."
​él levantó la cabeza, su rostro una máscara de dolor y furia. En sus ojos, el color miel habitual había dado paso a un brillo dorado y salvaje, el inconfundible signo de su herencia ancestral. 

La locura furibunda que sus amigos temían no era una simple rabia, era la transformación del hombre en la bestia primigenia, el espíritu del Licántropo de la Montaña que fluía por sus venas.

M. D. Álvarez 

domingo, 10 de mayo de 2026

La furia de un guerrero.

Nunca lo habían oído lanzar un aterrador rugido como aquel. Aquello lo paralizó todo; los atacantes que peleaban con furia se detuvieron y abrieron paso al aterrador guerrero que, cubierto de sangre, avanzaba con férrea determinación hacia el lugar donde reposaba ella, a quien habían herido. 

Su aterrador rugido paralizó de terror a los contendientes. Cuando estuvo a su altura, lanzó un bestial guantazo al individuo que permanecía al lado de ella, lo desplazó a 500 metros de distancia. Se arrodilló a su lado, cogiéndola con mimo, y fulimino con una mirada furibunda a los adversarios que retrocedían a su paso.

La trasladó con pausado caminar a una zona cubierta, donde no pudo contener sus lágrimas; todo un fiero guerrero sufría tal dolor por la pérdida de su amada. 

Sus amigos se aproximaron cautelosamente; sabían que su dolor por la pérdida de su amada lo llevaría a un estado de locura furibunda que estallaría con tal furia que arrasaría el campo de batalla y a todo aquel que permaneciera en él.

M. D. Álvarez 

sábado, 9 de mayo de 2026

Promesa del héroe.

Héroe. Pero, ¿qué es un héroe sino un ser humano que, presionado por aciagos momentos, se enfrenta con valor y determinación a las sombras que lo rodean? Dicho esto, cualquiera puede convertirse en un gran héroe en un momento dado.

Su historia comenzó una noche fatídica cuando unos traficantes asaltaron su vivienda, golpeando a su madre y reduciendo a su padre. El pequeño asistió escondido, temblando de miedo mientras aquellos salvajes gritaban palabras que él no comprendía, pues solo tenía cuatro años. Cuando finalmente se fueron, su madre corrió a buscarlo; él no lloró por no querer entristecerla. Pero por dentro, su alma lloraba desconsoladamente.

Con el tiempo, cuando la calma volvió a la casa, el niño se acercó a sus padres y les prometió que cuidaría de ellos cuando creciera. Ellos le respondieron con ternura: “Cielo mío, no tengas prisa en crecer”.

Los años pasaron y el pequeño creció en fuerza y valor. Un buen día, justo al cumplir 18 años, se encontró cara a cara con uno de los asaltantes. El corazón le latía con fuerza; esta era su oportunidad. Sin embargo, al encararse con el hombre, vio miedo en sus ojos.

—Perdóname —suplicó el asaltante—. No sabía lo que hacía.

El joven sintió una mezcla de emociones: rabia, tristeza y algo más profundo. En lugar de dejarse llevar por la ira, decidió actuar con compasión.

—Si realmente quieres cambiar —le dijo—, ve a unas charlas sobre el control de la ira. Puede que encuentres un camino diferente.

El asaltante quedó atónito ante la respuesta del joven. Mientras se alejaba, comprendió que aquel acto de perdón era más valiente que cualquier venganza.

M. D. Álvarez