domingo, 29 de marzo de 2026

Los felibunos

Aquellos cuádrupedos misteriosos aparecieron de la nada; habían tomado aquel erial como su territorio. Su aspecto de grandes felinos, con una mezcla de lobos siberianos, los hacía no aptos para aquel entorno, pero su determinación y capacidad para adaptarse los hacían adecuados para cualquier territorio. Su pelaje podía cambiar de color y adaptarse tanto a terrenos selváticos como a desérticos. Sus lobunas cabezas, con sus puntiagudas orejas, los dotaban de un oído perfecto que detectaba cualquier presa.

A medida que los cuádrupedos avanzaban por el erial, su pelaje cambiaba como un camaleón, mimetizándose con la arena dorada y las sombras alargadas de las rocas. Se movían en silencio, sus patas suaves apenas hacían ruido al pisar el suelo seco. 

Los habitantes de la región, desconcertados por su presencia, comenzaron a murmurar leyendas sobre estas criaturas. Algunos decían que eran guardianes de un antiguo secreto escondido en las entrañas del desierto, mientras que otros afirmaban que eran heraldos de un cambio inminente.

Una noche, bajo el fulgor de una luna llena, un grupo de ellos se reunió en un claro iluminado por estrellas. En ese momento, uno de los más grandes alzó la cabeza y emitió un aullido profundo y resonante que hacía eco en el silencio del desierto. Los demás se unieron en una armonía sobrenatural, como si estuvieran comunicándose en un lenguaje ancestral.

El más grande se situó al lado del más joven cazador y, en su lengua ancestral, comenzó a instruirlo en las historias ancestrales de su raza. Ellos provenían de las estrellas y un día regresarán a ellas.

M. D. Álvarez 

sábado, 28 de marzo de 2026

El vigilante

Su forma de vestir informal, con camisa a cuadros y tejanos, lo convertía en un chico cualquiera, pero no era un chico cualquiera; era un capitán que estaba de incógnito. No perdía la oportunidad de demostrar a su equipo que él siempre estaba presente en las misiones arriesgadas, y aquella en la que estaba embarcado lograba, por partida doble, cuidar de un efectivo muy valioso y, a la vez, realizar el seguimiento del capo más buscado.

El efectivo del que debía cuidar era su pareja, que llevaba a cabo las labores de inspección de los edificios a vigilar, así como la instalación de cámaras y micrófonos..

Mientras observaba a su pareja colocar un micrófono con manos expertas, una sombra cruzó la ventana del piso superior. Su instinto gritó. La misión se torcía. Actuando rápido, se deslizó entre la multitud, su voz un susurro urgente en el comando del equipo: "Abortar, es una trampa". Pero era demasiado tarde. Su compañera, sintiendo el peligro, se giró justo para ver cómo dos hombres la encañonaban. El capitán contuvo el aliento, cada músculo en tensión. El capo, con una sonrisa fría, apareció detrás de ellos. Lo sabían. Los habían cazado, o no, con él todo salía a la perfección, y aquella misión no iba a ser diferente.

M. D. Álvarez 

viernes, 27 de marzo de 2026

El anillo de plata.

Ella confiaba en él y se lo demostró entregándole un hermoso anillo de plata grabado con filigranas en forma de flor de lis. 

Sabía que la plata haría que el licántropo que habitaba en su interior se retorcería de dolor con el leve contacto del anillo sobre su dedo anular. 

Era un recordatorio del amor que le profesaba, un amor eterno e incondicional. En los días de luna llena, él mantenía su promesa de no quitárselo, pasara lo que pasara. Por mucho que le molestara al licántropo, él mantenía el control sin permitirle quitárselo. 

El dolor era un acicate para demostrar su amor por ella.

M. D. Álvarez 

jueves, 26 de marzo de 2026

El chirrido.

Le dio la idea de embadurnar con aceite los escalones; era una buena percepción. Ella era muy ingeniosa; siempre se le ocurrían planes fantásticos. Era su mejor amiga y la única que escuchaba sus miedos y desamores.

Aquella noche, los escalones no chirriaron y logró salir sin ser oído. Al llegar al bosque, su cuerpo comenzó a convulsionar, pero escuchó un leve crujido. Se volvió y la vio; su rostro mostraba preocupación, pero también el amor que sentía por él. Trató de dejarla atrás. Por mucho que lo intentaba, ella lo encontraba. Cuando no fue capaz de dominar a la bestia, luchó con todas sus fuerzas tratando de ahuyentarla.

M. D. Álvarez 

miércoles, 25 de marzo de 2026

Cazador cazado.

Su intención nunca fue erradicar a las criaturas mitológicas de toda la faz de la tierra. Cuando había cazado casi la totalidad de dragones, unicornios y fénixes, divisó a lo lejos a una adorable jovencita que lo observaba con estupor mientras despedazaba una de las criaturas más hermosas y necesarias para la subsistencia de la raza humana. 

Aquel hermoso unicornio de crines plateadas le profetizó de la siguiente forma: "Cazador, que crees ser inigualable, llegará un día en el que la dueña de tu corazón te prive de tu valor y termine también contigo, tal y como tú lo has hecho con nosotros".

Aquello lo dejó perplejo; él no tenía dueña y nada ni nadie podía herirle.

La joven que lo observaba, aterrorizada, se aproximó al fiero cazador, que, al ver su candor, se enamoró perdidamente de ella. Olvidó por completo la profecía del hermoso unicornio. .

El cazador vivió una temporada con su amada, pero un día sintió la llamada de la caza y no pudo reprimirla. Salió a hurtadillas; no quería que ella se entristeciera por la crueldad de sus actos.

Se encaminó al bosque y esperó. Había algo en el ambiente; el aire era pesado y denso. Cuando vio aparecer un espectacular fénix, se posó sobre un gran tronco y esperó. Él no daba crédito a la paz que emanaba de tan hermosa criatura, pero su impulsividad lo obligó a disparar una de sus mágicas flechas que nunca erraban el blanco.

Sorpresa: el fénix la esquivó y lo miró fijamente. Debió de presentir algo en aquel belicoso cazador que volvió a disparar otra flecha, que el fénix volvió a esquivar. Fue entonces cuando el fénix desplegó sus alas embueltas en llamas y abrasó al experimentado cazador, que en el último momento de su vida vio a su dulce amada en los ojos del fénix y recordó la profecía del unicornio. Había sido cazado por su amada bajo la forma del ave fénix.. 

M. D.  Álvarez 

martes, 24 de marzo de 2026

Mi gran lobito feroz.

Lo tenían sujeto, colgado boca abajo, con contrapesos. Era la víctima propiciatoria para el aterrador señor de la noche, aunque el señor de la oscuridad prefería dulces vírgenes con las que satisfacer su sed de sangre. Sin embargo, aquel apuesto joven de fuerte musculatura tenía el vigor suficiente como para satisfacer su sed de sangre durante un mes. Además, tenía la vista fijada en la chica del apuesto joven que colgaba boca abajo.

—Ha sido tan fácil atrapar un espécimen tan vigoroso como tú, así que, después de que te desangre, me deleitaré con esta dulce novilla —dijo al oído del joven que permanecía con los ojos cerrados. Pero al oír lo que aquel monstruo iba a hacer, abrió los ojos y vio horrorizado cómo se dirigía hacia su chica, que lo miraba implorando.

Lo que el señor de la oscuridad no sabía era que había caído en su trampa. Su cuerpo comenzó a retorcerse y a convulsionar hasta que su piel empezó a rasgarse en jirones, y del cuerpo musculoso del joven surgió un aterrador licántropo que fijó su furia en el señor de la noche. Con un prodigioso salto, se plantó entre su chica y el amo del averno.

Lanzó un aterrador aullido de furia y atacó salvajemente al aterrorizado príncipe del infierno, que trató de huir, pero fue atrapado por el licántropo colérico que lo despedazó, a pesar de las súplicas que este le hacía. A lo que el hombre lobo rugió: —"Si la hubieras tocado a ella, no sería tan comedido contigo."

Cuando terminó de despedazarlo, se giró hacia ella, que lo observaba con ternura. Mientras él se acercaba dócilmente, ella le dijo: "Eres mi gran lobito feroz."

M. D. Álvarez 

lunes, 23 de marzo de 2026

La invasión.

Le dio la idea de embadurnar con aceite los escalones para que, al pisar sobre ellos, resbalaran y aterrizaran en los cristales de las bombillas que había desmenuzado.

Eso debería hacerles desistir, pero si todavía seguían queriendo entrar, les tenía preparadas más trampas.

No lo conocían bien; era un formidable cazador y aquel era su hogar. En la puerta de acceso a su casa colocó una recortada de doble cañón cargada con postas, a la que le colocó un dispositivo de disparo por presión. Si pisaban delante de la puerta, recibirían una andanada de perdigones y, si aún así insistían en entrar, les aguardaba preparado con ella y todo un arsenal.

M. D. Álvarez