miércoles, 13 de mayo de 2026

El tamaño no importa.

En la goma de sus calzoncillos nuevos había una etiqueta que decía: "provoca inflamación en algunos clientes". 

Se quedó mirando y pensó: "Si ya estoy bien dotado, ¿hará que crezca más?". Sonrió pensando en la cara de satisfacción de su novia cuando se los quitara. Se llevó tres pares.

Aquella noche estrenó uno de aquellos bóxer. Ella percibió el aumento y dijo: "Cielo, no hace falta que aumentes el tamaño, solo quítatelos y vámonos a la cama". Así lo hizo; se quitó los bóxer y, cogiéndola por la cintura, se encerrón en el dormitorio.

M. D. Álvarez 

martes, 12 de mayo de 2026

La única célula sana.

En la goma de sus calzoncillos quedaba la única célula sana con la que podrían clonarlo de nuevo. Ella no estaba preparada para perderlo. Con la única célula sana, comenzó la reconstrucción de su amado chico. En tan solo un mes, su adorado amado dormía plácidamente.

Con delicadeza, tocó el antebrazo de su amado, que se despertó como si no hubiera pasado el tiempo. 

Al verse desnudo, con tan solo unos adorables calzoncillos, preguntó:  
—¿Y esto? —con una mirada perspicaz.

—Son tus calzoncillos favoritos y los adoro, aunque más te adoro a ti, mi dulce amor —respondió, feliz de que no recordara nada de su muerte.

M. D. Álvarez 

lunes, 11 de mayo de 2026

La furia de un guerrero. 2da parte.

El guerrero, abrazó el cuerpo inerte de su amada,, sintiendo cómo la vida se había extinguido de su piel antes vibrante. Sus lágrimas no eran de pena, sino de una rabia helada que buscaba cauce. 

Los contendientes observaban desde la distancia, paralizados, no por el miedo a sus espadas, sino por la tempestad que se fraguaba en el alma del coloso.

​El silencio fue roto por un susurro apenas audible, que resonó en el corazón del fornido guerrero como el toque de una campana de guerra: "No llores, mi fiero protector... Vive."
​él levantó la cabeza, su rostro una máscara de dolor y furia. En sus ojos, el color miel habitual había dado paso a un brillo dorado y salvaje, el inconfundible signo de su herencia ancestral. 

La locura furibunda que sus amigos temían no era una simple rabia, era la transformación del hombre en la bestia primigenia, el espíritu del Licántropo de la Montaña que fluía por sus venas.

M. D. Álvarez 

domingo, 10 de mayo de 2026

La furia de un guerrero.

Nunca lo habían oído lanzar un aterrador rugido como aquel. Aquello lo paralizó todo; los atacantes que peleaban con furia se detuvieron y abrieron paso al aterrador guerrero que, cubierto de sangre, avanzaba con férrea determinación hacia el lugar donde reposaba ella, a quien habían herido. 

Su aterrador rugido paralizó de terror a los contendientes. Cuando estuvo a su altura, lanzó un bestial guantazo al individuo que permanecía al lado de ella, lo desplazó a 500 metros de distancia. Se arrodilló a su lado, cogiéndola con mimo, y fulimino con una mirada furibunda a los adversarios que retrocedían a su paso.

La trasladó con pausado caminar a una zona cubierta, donde no pudo contener sus lágrimas; todo un fiero guerrero sufría tal dolor por la pérdida de su amada. 

Sus amigos se aproximaron cautelosamente; sabían que su dolor por la pérdida de su amada lo llevaría a un estado de locura furibunda que estallaría con tal furia que arrasaría el campo de batalla y a todo aquel que permaneciera en él.

M. D. Álvarez 

sábado, 9 de mayo de 2026

Promesa del héroe.

Héroe. Pero, ¿qué es un héroe sino un ser humano que, presionado por aciagos momentos, se enfrenta con valor y determinación a las sombras que lo rodean? Dicho esto, cualquiera puede convertirse en un gran héroe en un momento dado.

Su historia comenzó una noche fatídica cuando unos traficantes asaltaron su vivienda, golpeando a su madre y reduciendo a su padre. El pequeño asistió escondido, temblando de miedo mientras aquellos salvajes gritaban palabras que él no comprendía, pues solo tenía cuatro años. Cuando finalmente se fueron, su madre corrió a buscarlo; él no lloró por no querer entristecerla. Pero por dentro, su alma lloraba desconsoladamente.

Con el tiempo, cuando la calma volvió a la casa, el niño se acercó a sus padres y les prometió que cuidaría de ellos cuando creciera. Ellos le respondieron con ternura: “Cielo mío, no tengas prisa en crecer”.

Los años pasaron y el pequeño creció en fuerza y valor. Un buen día, justo al cumplir 18 años, se encontró cara a cara con uno de los asaltantes. El corazón le latía con fuerza; esta era su oportunidad. Sin embargo, al encararse con el hombre, vio miedo en sus ojos.

—Perdóname —suplicó el asaltante—. No sabía lo que hacía.

El joven sintió una mezcla de emociones: rabia, tristeza y algo más profundo. En lugar de dejarse llevar por la ira, decidió actuar con compasión.

—Si realmente quieres cambiar —le dijo—, ve a unas charlas sobre el control de la ira. Puede que encuentres un camino diferente.

El asaltante quedó atónito ante la respuesta del joven. Mientras se alejaba, comprendió que aquel acto de perdón era más valiente que cualquier venganza.

M. D. Álvarez 

viernes, 8 de mayo de 2026

Más allá del frío.

Tras esa fina capa de hielo que los separaba, le dijo cuánto la necesitaba, pero debía cuidar de ella. Si rompía el hielo, la perdería para siempre. La única opción que le quedaba era sumergirse en esas heladas aguas prístinas y primigenias. La oyó gritar que esperara, que lo necesitaba; sin él no era nada. Él continuó adentrándose en las profundas y oscuras aguas abismales, cuando de repente sintió que algo tiraba de él hacia arriba. Se volvió y vio una intensa luz que lo envolvía en un aura cálida, y dentro de aquella luz se encontraba ella, que sin pensárselo dos veces rompió el hielo y se zambulló a rescatarlo.

El impacto del agua fría fue inmediato, pero su presencia iluminó todo a su alrededor. Él sintió cómo su corazón latía con fuerza mientras ella se acercaba, nadando con una gracia sorprendente. En ese instante, los miedos y dudas que lo habían mantenido alejado parecieron desvanecerse.

—¿Por qué te arriesgas? —logró preguntar entre burbujas de aire.

—Porque no puedo perderte —respondió ella con determinación, sus ojos brillando como estrellas en la oscuridad del agua.

Juntos lucharon contra la corriente, aferrándose el uno al otro mientras emergían hacia la superficie. La luz que los rodeaba parecía guiarlos, empujándolos hacia arriba, hacia el aire fresco y revitalizante. Cuando finalmente rompieron la superficie, el frío se volvió un mero susurro en comparación con el calor de su conexión.

Afuera, el mundo era un paisaje helado, pero en ese instante compartido, todo parecía posible. Ella lo miró a los ojos y él vio reflejados en ellos su propio miedo y amor.

—No importa cuánto tiempo pase —dijo él—, siempre estaré aquí para ti.

Ella sonrió con lágrimas brillando en sus mejillas heladas.

—Y yo siempre estaré dispuesta a romper el hielo por nosotros.

En ese momento comprendieron que juntos podían enfrentar cualquier tempestad. Se abrazaron fuertemente mientras las aguas frías los rodeaban, sabiendo que habían superado algo más que el hielo; habían encontrado su fuerza mutua.

Con cada latido de sus corazones, comenzaron a nadar hacia la orilla, dejando atrás no solo las aguas oscuras sino también las cadenas del miedo que los habían mantenido separados. A medida que se acercaban a la costa, el sol comenzaba a asomar en el horizonte, prometiendo un nuevo día lleno de esperanza.

M. D. Álvarez 

jueves, 7 de mayo de 2026

La nueva condición.

No imaginábamos que lo pasaríamos tan mal cuando, hace dos meses, le mordió un humano. Su color comenzó a cambiar de un tono mortecino y frío a un rosado calentito. Nos teníamos que contener para no morder sus achuchables mofletitos; su adorable sonrisa nos espantaba sin sus adorables colmillitos. 

Pero él parecía encantado con su nueva condición; gateaba por toda la casa haciendo las delicias de su abuelita, que no tenía dentadura y era la única a la que permitía morderlo, emitiendo tiernos gorjeos de felicidad. El resto de la familia terminó por acostumbrarse a su nueva apariencia.

M. D. Álvarez