jueves, 21 de mayo de 2026

Tras las negras nubes.

Subido a aquel peñasco, sintiendo el embate de aquellas rachas huracanadas, hacía frente, inamovible, el fiero licántropo que se mantenía erguido frente a los vientos desasosegados que lo golpeaban sin contemplaciones. Él seguía protegiendo a su amada, que se encontraba resguardada tras su ancha espalda.

Los ojos del licántropo brillaban intensamente, reflejando la furia de la tormenta que rugía a su alrededor. Cada ráfaga de viento parecía querer derribarlo, pero su determinación era más fuerte que cualquier tempestad. Sabía que debía mantenerse firme, no solo por su propia supervivencia, sino por la de ella.

Su amada, con el rostro pálido y los ojos llenos de miedo, miraba hacia el horizonte donde las nubes oscuras se arremolinaban. —¿Por qué no huimos? —preguntó con voz temblorosa.

—No puedo dejar que te hagan daño —respondió él, su voz profunda resonando como un trueno en medio del caos. Era un protector nato, un guerrero que había luchado contra demonios y criaturas de la noche. Pero enfrentarse a la naturaleza misma era un desafío diferente.

Mientras el viento aullaba y la lluvia comenzaba a caer en torrentes, ella sintió una mezcla de admiración y preocupación. Se acercó un poco más, buscando refugio en su calor. —Confío en ti —susurró.

El licántropo giró la cabeza hacia ella, sus ojos llenos de una feroz lealtad. En ese momento, supo que no podía permitirse fallar. Con cada golpe del viento, se aferró a la promesa de protegerla hasta el último aliento.

Y así, mientras la tormenta arremetía con toda su furia, el licántropo se mantuvo firme, un faro de coraje en medio del tumulto. Por eso, cuando más aterrador parecía aquel huracán, él sabía que tras las negras nubes está el sol.

M. D. Álvarez 

miércoles, 20 de mayo de 2026

¿De verdad te gustan?

En la goma de sus calzoncillos estaba deshilachada, y ella decidió comprarle unos gayumbos nuevos y jubilar aquellos bóxer tan viejos. Pero él tenía un especial cariño a sus calzoncillos y no tenía pensado deshacerse de ellos, pues con ellos triunfó la noche que la conoció en aquella discoteca. 

De entre todas las chicas con las que intentó acostarse, solo ella admiró sus bonitos calzoncillos. 

—¿De verdad te gustan? —preguntó, sorprendido.  

—Adoro tus gayumbos, cielo —dijo ella con una pícara sonrisa.

M. D. Álvarez 

martes, 19 de mayo de 2026

Serigrafiado en los calzoncillos.

En la goma de sus calzoncillos había serigrafiado la información clave. Ahora tenía que hacerla llegar a las manos adecuadas, y las únicas en las que confiaba eran en las de su novia, Ava Jenkins. 

Debía ingeniárselas para que su maltrecho cuerpo llegara a las manos de Ava; solo ella podría descifrar la clave y sabría que no estaba muerto, tan solo bajo los efectos de la tetradotoxina. 

Sintió cómo su corazón se ralentizaba hasta un límite casi imperceptible. Los carceleros lo sacaron y lo dejaron en el anatómico forense donde trabajaba Ava, quien, al descubrir su cuerpo, percibió un leve latido en la yugular.

M. D. Álvarez 

lunes, 18 de mayo de 2026

Sorprendido en la tormenta.

Ella finge dormir mientras él se dedica a besarla con cautela, como si tuviera miedo de despertarla. De pronto, ella se gira y abre los ojos, diciéndole: "¿Qué he hecho yo para merecerte?"

De repente, un trueno rasgó el cielo, iluminando la habitación. Ella pudo ver su atrevido aspecto y su apostura; la embelesaba.

—Anda, ven aquí, que te voy a enseñar un par de cosas, -rió traviesa.

Extendió su níveo brazo y tomó con dulzura la mano de él, que permanecía en las sombras. Temerosos de su aspecto, siempre había permanecido oculto y desaparecía cada mañana sin dejar ni huella. Aquella noche de tormenta se sorprendió al ser descubierto por el amor de su vida.

M. D. Álvarez 

Por ella.

Ella finge dormir cuando él llega cansado y dolorido después de machacarse en el gimnasio para lucir su musculatura con ella. Pero eso sería por la mañana, cuando se levantará a preparar el desayuno para ella. 

Él la mimaba y quería con locura; se desvivía por ella, por eso cuidaba su físico. Sabía que a ella le gustaba su personalidad y su capacidad para solventar problemas. 

Su trabajo en la agencia lo mantenía activo, y cuando llegaba a casa, ella le tenía preparada la cena y, a veces, le esperaba despierta, aunque últimamente fingía dormir para que la despertara con dulces besos.

M. D. Álvarez 

Oculto en los calzoncillos.

En la goma de sus calzoncillos llevaba escondido el anillo con el que le pediría matrimonio. 

Bueno, eso sí lograba pasarlo de contrabando; la frontera se había cerrado a cal y canto, no podía pasar nadie. Así que se arriesgó y cruzó a nado el gran río que lo separaba de su amor. 

Al llegar a la otra orilla, ella lo esperaba, pero se sorprendió al ver que él se arrodillaba y sacaba de su calzoncillo un precioso anillo de matrimonio. No le dejó ni pedírselo; lo abrazó y besó. Era e gran l amor de su vida y no lo iba a dejar escapar.

M. D. Álvarez 

domingo, 17 de mayo de 2026

Capaz de todo por ella.

En la goma de sus calzoncillos se encontraba una lentejuela. Agnes no comprendía cómo en los calzoncillos de su chico había una lentejuela. 

Mal sabía ella que él ejercía de boy en un garito para sacarse unos chavos y regalarle aquel vestido tan vaporoso que había visto, observando e implorando con ojos anhelantes. 

No podía permitírselo y, por eso, se buscó un empleo extra. Por ella, era capaz de todo, hasta de perder la vergüenza. 

Dos semanas después, se presentó con un paquete de regalo y, al abrirlo, supo que era capaz de todo por ella.

M. D. Álvarez