sábado, 23 de mayo de 2026

Buenas noches, mi sol.

Ella finge dormir, tapada con la sábana hasta las orejas, cuando de pronto oye la puerta. Algo se ha colado en su habitación; se mueve silenciosamente por el lugar y, con sumo cuidado, se sienta a los pies de la cama. La chiquilla, todavía aterrorizada, baja un poquito la sábana para descubrir una figura inclinada sobre ella: era su adorado abuelo, que, como siempre, le daba las buenas noches a su adorable nietecita. Pero aquella noche, algo iba mal; su abuelo despedía una luz cálida y pacífica.

Lo que la chiquitina no sabía era que su abuelo había muerto en aquel mismo momento, pero quiso despedirse de ella. La bebita, dándose cuenta de que era su abuelo, estiró sus regordetes bracitos, pero no logró agarrarlo.

"Tranquila, mi sol, estaré aquí", susurró, señalando su pequeño corazoncito.

La niñita esbozó la más deslumbrante de las sonrisas y se durmió.

M. D. Álvarez

viernes, 22 de mayo de 2026

Impreso en la ropa interior.

En la goma de sus calzoncillos estaba bordado con sutil delicadeza: "El dueño de estos calzoncillos es propiedad de Angie. Ni te atrevas a tocarlo".

Él sentía verdadera predilección por su novia y su forma de marcar territorio. Si alguna de sus amigas osaba posar sus hambrientos ojos sobre él, se desatarían todos los infiernos y su ira caería sobre ella; pero para él, serían los mimos y los besos apasionados. 

Nunca dudó de ella, al mismo tiempo que él siempre se sintió enamorado de ella; jamás dudó de su amor incondicional por él.

M. D. Álvarez 

jueves, 21 de mayo de 2026

Tras las negras nubes.

Subido a aquel peñasco, sintiendo el embate de aquellas rachas huracanadas, hacía frente, inamovible, el fiero licántropo que se mantenía erguido frente a los vientos desasosegados que lo golpeaban sin contemplaciones. Él seguía protegiendo a su amada, que se encontraba resguardada tras su ancha espalda.

Los ojos del licántropo brillaban intensamente, reflejando la furia de la tormenta que rugía a su alrededor. Cada ráfaga de viento parecía querer derribarlo, pero su determinación era más fuerte que cualquier tempestad. Sabía que debía mantenerse firme, no solo por su propia supervivencia, sino por la de ella.

Su amada, con el rostro pálido y los ojos llenos de miedo, miraba hacia el horizonte donde las nubes oscuras se arremolinaban. —¿Por qué no huimos? —preguntó con voz temblorosa.

—No puedo dejar que te hagan daño —respondió él, su voz profunda resonando como un trueno en medio del caos. Era un protector nato, un guerrero que había luchado contra demonios y criaturas de la noche. Pero enfrentarse a la naturaleza misma era un desafío diferente.

Mientras el viento aullaba y la lluvia comenzaba a caer en torrentes, ella sintió una mezcla de admiración y preocupación. Se acercó un poco más, buscando refugio en su calor. —Confío en ti —susurró.

El licántropo giró la cabeza hacia ella, sus ojos llenos de una feroz lealtad. En ese momento, supo que no podía permitirse fallar. Con cada golpe del viento, se aferró a la promesa de protegerla hasta el último aliento.

Y así, mientras la tormenta arremetía con toda su furia, el licántropo se mantuvo firme, un faro de coraje en medio del tumulto. Por eso, cuando más aterrador parecía aquel huracán, él sabía que tras las negras nubes está el sol.

M. D. Álvarez 

miércoles, 20 de mayo de 2026

¿De verdad te gustan?

En la goma de sus calzoncillos estaba deshilachada, y ella decidió comprarle unos gayumbos nuevos y jubilar aquellos bóxer tan viejos. Pero él tenía un especial cariño a sus calzoncillos y no tenía pensado deshacerse de ellos, pues con ellos triunfó la noche que la conoció en aquella discoteca. 

De entre todas las chicas con las que intentó acostarse, solo ella admiró sus bonitos calzoncillos. 

—¿De verdad te gustan? —preguntó, sorprendido.  

—Adoro tus gayumbos, cielo —dijo ella con una pícara sonrisa.

M. D. Álvarez 

martes, 19 de mayo de 2026

Serigrafiado en los calzoncillos.

En la goma de sus calzoncillos había serigrafiado la información clave. Ahora tenía que hacerla llegar a las manos adecuadas, y las únicas en las que confiaba eran en las de su novia, Ava Jenkins. 

Debía ingeniárselas para que su maltrecho cuerpo llegara a las manos de Ava; solo ella podría descifrar la clave y sabría que no estaba muerto, tan solo bajo los efectos de la tetradotoxina. 

Sintió cómo su corazón se ralentizaba hasta un límite casi imperceptible. Los carceleros lo sacaron y lo dejaron en el anatómico forense donde trabajaba Ava, quien, al descubrir su cuerpo, percibió un leve latido en la yugular.

M. D. Álvarez 

lunes, 18 de mayo de 2026

Sorprendido en la tormenta.

Ella finge dormir mientras él se dedica a besarla con cautela, como si tuviera miedo de despertarla. De pronto, ella se gira y abre los ojos, diciéndole: "¿Qué he hecho yo para merecerte?"

De repente, un trueno rasgó el cielo, iluminando la habitación. Ella pudo ver su atrevido aspecto y su apostura; la embelesaba.

—Anda, ven aquí, que te voy a enseñar un par de cosas, -rió traviesa.

Extendió su níveo brazo y tomó con dulzura la mano de él, que permanecía en las sombras. Temerosos de su aspecto, siempre había permanecido oculto y desaparecía cada mañana sin dejar ni huella. Aquella noche de tormenta se sorprendió al ser descubierto por el amor de su vida.

M. D. Álvarez 

Por ella.

Ella finge dormir cuando él llega cansado y dolorido después de machacarse en el gimnasio para lucir su musculatura con ella. Pero eso sería por la mañana, cuando se levantará a preparar el desayuno para ella. 

Él la mimaba y quería con locura; se desvivía por ella, por eso cuidaba su físico. Sabía que a ella le gustaba su personalidad y su capacidad para solventar problemas. 

Su trabajo en la agencia lo mantenía activo, y cuando llegaba a casa, ella le tenía preparada la cena y, a veces, le esperaba despierta, aunque últimamente fingía dormir para que la despertara con dulces besos.

M. D. Álvarez