lunes, 27 de julio de 2026

Bajo las estrellas. El despertar del guerreroo.

Era el chico más duro y problemático del grupo, pero ella debió ver su potencial. En aquellos juegos de peleas, él siempre vencía a oponentes más grandes y fuertes que él. Pero en su interior tenía la fuerza del universo corriendo por sus venas; él no conocía su potencial e ignoraba que tal poder fluyera por su interior, aunque ella sí lo percibió. Sus ojos azules destelleaban en la oscuridad.

Ella se acercó a él entre la multitud, desafiante, con una sonrisa que ocultaba un secreto. 

—Sabes que no es solo suerte, ¿verdad?, susurró, mientras el chico bajaba la guardia por primera vez. Sus palabras resonaron en él como un eco perdido. 

Esa noche, bajo las estrellas parpadeantes del firmamento, algo cambió. Cada golpe que daba en la batalla ya no era solo furia ciega, sino algo más... como si sus manos obedecieran a una voz antigua 

—¿Quién eres?", preguntó él, pero ella solo se limitó a reír. 

—Alguien que ve lo que tú no.  Soy tu reflejo en el espejo del destino —respondió ella, mientras el aire vibraba con una electricidad estática que erizaba el vello de sus brazos.

De repente, el chico cerró los puños y sintió que el calor ya no era superficial; era un incendio controlado que nacía en su pecho. El suelo bajo sus pies pareció ceder levemente ante una gravedad nueva y aplastante. No era técnica, era esencia.

Él miró sus manos, donde pequeñas grietas de luz azulada comenzaban a serpentear bajo su piel. Ya no era el busca-pleitos del callejón; era el despertar de algo colosal.

M. D. Álvarez 

domingo, 26 de julio de 2026

El chambergo..

¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó, cohibida, al ver a su primo completamente desnudo y con el sombrero cubriendo su pundonor.

—No es lo que parece —trató de decir el joven—. Era lo único que tenía a mano para cubrirme.

—Estás deshonrando el honor de la familia —respondió con melancolía.

Aquel sombrero de ala ancha con plumas rojas había conocido grandes aventuras y ahora servía para tapar las vergüenzas de su alocado primo.

—Si el abuelo levantara la cabeza, te marcaría con su espada ropera para que no tocaras su chambergo de plumas rojas —dijo con aflicción.

M. D. Álvarez 

sábado, 25 de julio de 2026

El sombrero de copa.

—¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó Vanesa, mirando cómo Marcus sacaba el sombrero de copa de una voluminosa sombrerera.

—Intento encontrar el conejo —respondió Marcus, que sostenía el maravilloso sombrero de su abuelo sobre su cabeza. Al ponérselo, no solo vio el conejo, sino que también vio a su abuelo, que le sonreía y saludaba. Marcus se quitó el sombrero y le dijo a Vanesa: —Es un sombrero mágico —y lo dejó con cuidado reverencial. 

En el interior había una etiqueta que ponía "Harry Houdini".

M. D. Álvarez 

viernes, 24 de julio de 2026

La gorra de cazador.

¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó con melancolía Jessica.

Adler lo miró con visible excitación; era el sombrero más famoso de la historia y había pertenecido a su abuelo, un reputado detective que había desaparecido sin dejar huella, tan solo un precioso sombrero que le fue entregado unas semanas después de su desaparición.

—Yo te encontraré, abuelo —sentenció Adler, poniéndose la gorra.

Jessica sonrió con tristeza, pero no quiso privar a su primo de un sueño imposible. Pues, como todo el mundo sabe, el único detective reputado que llevaba con orgullo tan emblemático sombrero era Sherlock Holmes, y fue un creación de Conan Doyle.

M. D. Álvarez 

jueves, 23 de julio de 2026

Y tu le consientes.

—¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó su madre, que lo observaba perpleja al ver cómo su mozalbete se servía del sombrero de cowboy de su abuelo para imitar a los cowboys de rodeo sobre su tierno corcel, que lanzaba miradas suplicantes a la ama.

—Y tú, encima, se lo consientes —bufó ella. 

El pequeño lobo no quería defraudar a su amigo y se agachó para que el pequeño vaquero se subiera a su lomo y salió al trote, seguido por la madre.


M. D. Álvarez 

miércoles, 22 de julio de 2026

La inocencia infantil.

—¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó horrorizada su madre al ver cómo su pequeño se colocaba aquel capirote blanco que le cubría la cara.

—No entiendo qué ven en este sombrero tan raro y que huele a humo —dijo el chiquillo, quitándoselo y arrojándolo al suelo.

—Mamá, ¿por qué el abuelo es tan raro? No le gusta que juegue con mis amigos.

—No, cielo. No le gusta que juegues con ciertos amigos.

—Pero todos somos iguales, ¿verdad? —preguntó el angelito al ver la mirada de odio en su abuelo.

—Sí, mi amor, todos somos iguales —respondió con resignación su madre, que lo estrechó con dulzura.

M. D. Álvarez

martes, 21 de julio de 2026

En bucle.

¿Qué haces con el sombrero del abuelo? La oyó preguntar antes de desaparecer engullido por aquel enigmático sombrero que lo transportó a un mundo de oscuridad y peligros. Cuando quiso regresar, el sombrero había desaparecido y, en su lugar, solo había un pozo sin fondo, lleno de las tinieblas más aterradoras que un joven guerrero no debería conocer, hasta años después, tras haber peleado en cien mil batallas. 

El tiempo en aquel lugar transcurrió muy despacio. Por eso, cuando logró regresar, se vio a sí mismo antes de ser engullido por el sombrero. No pudo impedir volver a desaparecer, pero ¿recordaría haberse visto antes de ser tragado?

M. D. Álvarez