La llevaba de aquí para allá; tan solo la dejaba cuidadosamente sobre la cama e iba a preparar la comida o la cena, según las horas del día. En cuanto tenía preparada la comida, ponía dos platos bellamente decorados con deliciosas viandas, dos copas de vino y dos velas. Luego, se dirigía al dormitorio, donde Angie lo esperaba, dócil y arrebatadora. Colocaba la bandeja sobre la cama y la observaba con determinación y pasión.
Angie también lo observaba con cariño sabía que ella era todo para él jamás dejaría que nadie la dañará
Angie cogió un tenedor y probó un pequeño tomatito cherry aderezado con albahaca, miel y limón, sazonado con pimienta negra y sal. Se lo llevó a la boca y degustó, saboreando dulcemente el delicioso tomatito, mientras él esperaba pacientemente su veredicto.
—¿Y bien? —preguntó él, suavemente.
Ella lo miró con ternura y dijo:
—Está delicioso, como tú, mi dulce y atrevido licántropo. Ven aquí que te como a besos dijo ella, estirando los brazos para que él acudiera a ella.
Marcus cruzó la habitación en dos zancadas y se arrodilló delante de ella, dejando que jugara con su densa melena y sus orejas de lobo.
M. D. Álvarez