viernes, 16 de octubre de 2026

Glauco y Atalanta.

El Argo era la única nave que el joven Glauco no había localizado en sus viajes por los siete mares. Necesitaba encontrarlo; solo así encontraría el destino de su bella Atalanta. En uno de sus muchos viajes, localizó un pecio con una viga hueca, la sacó a pulso y la llevó a una de las agrestes playas de la divina Iberia. Desgajó el hueco y allí halló un viejo portulano que mostraba la ubicación del Argo en una pequeña bahía al norte de la magna Iberia, donde desembocaba el río que bañaba la muy noble ciudad de Oiasso.

Glauco nadó y nadó hasta llegar a la desembocadura del río Oiasso. Allí, los lugareños lo trataron amigablemente y le informaron que los héroes que el noble Argo llevó hasta allí se habían adentrado en los montes Pirene. El joven Glauco preguntó por la hermosa Atalanta y los pobladores le dijeron que ella se dirigió a la cascada de Meazuri en busca de la salvaje ondina..

Glauco la siguió y la halló charlando con una hermosa joven de cabello rubio. Al verlo llegar, se zambulló en la cristalina laguna. Atalante se volvió y, al ver al bello Glauco, sonrió y lo abrazó.

—No te esperaba, mi dulce Glauco —dijo ella, visiblemente feliz de ver una cara conocida.

M. D. Álvarez 

La teoría de la ardilla.

Iban paseando cpor el bosque, cogidos de la mano, cuando él dijo: —"Anda, mira eso".

—¿Qué? —preguntó ella, volviéndose en la dirección que él señalaba.

—La naturaleza dota a los menos agraciados con hembras esculturales —señaló él, mientras apuntaba  a una pequeña ardilla que se lo estaba montando con una espectacular ardilla.

—Marcus, mira que eres tonto, no ves que ese pequeñín está muy bien dotado —replicó ella con una sonrisa traviesa. Además, no siempre ocurre que la naturaleza da dotes a los menos agraciados; tú eres la prueba —dijo con una sonrisa aterciopelada.

—Vaya, gracias, ahora sé que no solo me quieres por mi hermosura —dijo con su sonrisa más genuina.

M. D. Álvarez 

jueves, 15 de octubre de 2026

La lanza celestial.

—Cuando encienda el volcán, no habrá vuelta atrás, rugió el bravo guerrero, enarbolando la lanza celestial. 

Un fuego ardía en sus entrañas, el mismo que alimentaba el ancestral que vivificaba la pasión que ardía por la hermosa y dulce dámisela que lo observaba hechizada en la distancia, arrebatada por la pasión que sentía por el gallardo soldado y por su valor en la batalla. 

Sabiéndose observado por su amor, blandía con destreza tan poderosa arma, arrasando filas y filas de gentiles guerreros que caían a diestro y siniestro bajo el empuje de tan belicoso mozo que lucharía por el amor de la doncella.

M. D.  Álvarez 

El firmamento de los poetas.

Me preguntaba en qué momento se había complicado tanto ser poeta. Escribir poesía para él era lo más hermoso del mundo. Poder plasmar la belleza de las mujeres en poesía era su única ambición. Su musa era muy especial para él, la quería con locura. Adorada como le imspiraba.

Si conseguía que se derritiera, lograría su más preciado tesoro: el amor incondicional de su musa y su amor verdadero. En aquella ocasión logró que el hielo se fuera fundiendo con tal pasión que alcanzó sus dos objetivos: ser el mejor poeta y amante. 

Todo a través de su musa, su verdadero amor. Conquistó su lugar en el firmamento de los poetas. Desde entonces, grabado entre las estrellas, comprendió que la estrofa más sublime jamás escrita era solo un pálido reflejo del calor de su abrazo. Pues la verdadera gloria de un poeta no reside en la inmortalidad de su firma, sino en saberse la causa eterna del fuego en los ojos de su musa.

M. D. Álvarez 

miércoles, 14 de octubre de 2026

Como una burbuja.

—Cuando encienda el volcán, será mejor que os alejéis. Todavía no he medido la intensidad de la explosión ni la velocidad de la nube piroplástica —dijo el muchacho que había colocado los sensores en el cono, que visiblemente se había elevado unos 40 metros desde la última comprobación.

Cuando estuvieran a una distancia prudencial, el joven se elevó en un globo aerostático y, cuando estuvo a suficiente altura, agarró una férrea lanza de unos 7 metros y, con su poderoso brazo, la lanzó a la boca del volcán, que parecía una burbuja hinchada. Lo que sucedió a continuación fue que la burbuja estalló. Controlada.

M. D. Álvarez

El escamas doradas.

Escamas doradas, grandes alas, majestuosas patas, brazos poderosos y una magnífica cabeza; era el dragón más deseado entre la clase de gran alcurnia de Voldring, el reino lunar de Arentil. Su nombre era sinónimo de terror; sus fauces habían devorado a todos los cazadores que los drusok habían mandado a por él, cuyo nombre era conocido por la dueña de su corazón.

"Argontil, ¿dónde te has metido?" la oyó llamarlo. Su gran cuerpo era difícil de disimular, pero él conseguía ocultarse a sus ojos. Cuando jugaban a esconderse, él lograba mimetizarse con el paisaje. Por eso, cuando ella pasó ante un gran pedrusco, no lo vio. Él, feliz, la cogió con delicadeza.

"Estás aquí, mi adorable dragón" dijo ella, acariciando la magna cabeza de Argontil, mientras él, sujetándola por la cintura, lamió con suavidad el alegre rostro de su amada.

M. D. Álvarez 

martes, 13 de octubre de 2026

Peñas de Aya.

—Cuando encienda el volcán, ni os daréis cuenta; habréis sido barridos por la nube piroplástica, y los que no hayáis perecido lo haréis en el transcurso de los días, pues mis ríos de lava serán aterradores.

Una pregunta: ¿alguien se ha dado cuenta de que este no es un volcán vulgar y corriente? Es un mega volcán con ínfulas de dios de la destrucción.

Dicho volcán duerme y se llama Peñas de Aya. Si ya sé que no hay ningún volcán, pero como ya he dicho, está dormido y sueña con explotar, borrando del mapa una pequeña región de los Pirineos y mi ciudad.

M. D. Álvarez