domingo, 16 de agosto de 2026

La coraza de hielo.

Allá en el gran norte, todo es oscuridad y hielo. Ahí estaba enterrado su corazón, al cual renunció tras perder al amor de su vida.

Cada vez que algo o alguien quiere destruir su coraza, debe adentrarse en las frías planicies donde él abdicó a su dolor, sumergido bajo varias capas de permafrost: un corazón inerte.

Solo ella podría fundir su dolor, pero ya no está; se fue y condenó a su amado a una ventisca glacial y eterna.

M. D. Álvarez

De concierto a Melbourne.

No la oyó llegar; estaba escuchando el último disco de Dua Lipa, "Radical Optimism". Ella adoraba a la estrella emergente y él había conseguido dos entradas para el último concierto que llevaría a cabo en la ciudad de Melbourne, Australia. Ahora solo tenía que ingeniárselas para llevarla a Melbourne sin que sospechara nada.

Por el rabillo del ojo, la vio acercarse y le dio tiempo de esconder las entradas y cambiar al siguiente disco: era "Adventures in Hannover" de Mike Oldfield.

—¿Qué estás escuchando? —preguntó ella, cogiendo uno de los auriculares.

—Mike Oldfield, el último álbum recopilatorio. Me encantan todos los álbumes de Mike Oldfield —respondió él con una arrolladora sonrisa.

Ella sonrió, disfrutando de la música mientras se acomodaba en el sofá. Sin embargo, él sabía que el tiempo se estaba acabando. Necesitaba encontrar la manera de revelarle la sorpresa sin arruinar el momento. 

—¿Te gustaría ir a un lugar especial este fin de semana? —preguntó, intentando sonar casual.

—Claro, suena emocionante. ¿A dónde? —respondió ella, con curiosidad en los ojos.

Él tomó aire y, con una sonrisa cómplice, dijo: —A Melbourne. ¡Vamos a ver a Dua Lipa en vivo!

Sus ojos se iluminaron de felicidad y, sin pensarlo, ella le dio un beso apasionado. La aventura estaba por comenzar.

M. D. Álvarez 

sábado, 15 de agosto de 2026

Juego de lucha y supervivencia.

—No los puedo dejar tirados, protestó mientras lo sacaban a la fuerza. Su grupo de amigos miraba con desesperación cómo aquellos matones lo sacaban del cuarto.

Él era su pieza clave; sin él, el juego no valía la pena. Sus amigos terminarían derrotados y humillados. Se las ingenió para transmitir las instrucciones por el diminuto micrófono implantado en su muñeca al auricular de su lugarteniente, que pudo ocultar su sonrisa. Bajo su mando, ganarían aquel juego.

Todo dependería de que siguieran sus instrucciones al pie de la letra. Si así lo hacían, nadie lograría ganar a sus amigos en aquel juego de lucha y supervivencia.

M. D. Álvarez 

viernes, 14 de agosto de 2026

Devoción por él.

Alis fue todos los días al hospital mientras estuvo ingresado tras recibir una paliza de un grupo de neonazis que le rompieron cinco costillas, el radio del brazo derecho y le causaron una fractura de cráneo. Los médicos le hablaban, inducido un coma; ella le llevaba a diario un ramo de flores frescas y le contaba su día en la cafetería, de lo mucho que lo echaba de menos. 

Creyó percibir un leve movimiento en sus dedos y llamó al doctor. Él le dijo: —Puede ser un acto reflejo, sin más. Sus lesiones son muy graves y no creo que se pueda recuperar.

Alis quedó devastada, no daba crédito a lo que el doctor le decía y le respondió: —Usted no sabe de lo que es capaz. Y si le digo que saldrá de esta, es que lo logrará. Quiero hablar con otro especialista. 

—Haya, usted, dijo despectivamente el médico.

Alis fue a hablar con uno de los mejores neurocirujanos y amigo personal de ella. Le contó cuán importante era su amigo para ella y de su capacidad de sufrimiento, ya que lo conocía desde que eran críos y sabía que, si se lo proponía, lograría superar el coma.

El neurocirujano la escuchó con atención y le prometió hacerse cargo de su compañero. Alis regresó al día siguiente y notó una gran mejoría en el estado de su amigo, pero todavía seguía inconsciente. 

—Todo se andará, tiene una gran fortaleza y capacidad de recuperación, ‐dijo el neurocirujano.

Alis regresó día tras día hasta que una mañana él abrió los ojos y la vio sentada a su lado.

—Alis, ¿cuánto he estado durmiendo? —preguntó él. 

Al escuchar, aunque fuera con un hilo de voz, ella lo miró con dulzura y le dijo:— Bienvenido al mundo de los vivos.

Alis no pudo reprimir sus lágrimas después de haberse mantenido fuerte para él. Ahora sentía cómo sus lágrimas se desbordaban y no podía parar, pero no eran de tristeza; todo lo contrario, eran de alegría. Siempre supo que él lograría regresar junto a ella.

M. D. Álvarez 

Hasta que la tierra se congele.

—Hasta que se extinga el sol fue la promesa que Marcus le hizo a Angie de que no la abandonaría jamás.

Ella lo abrazó y besó con ternura; conocía el corazón de su chico y, cuando prometía algo, lo cumplía hasta las últimas consecuencias.

En aquella noche en la que el sol ya no saldría, él la tomaría en sus brazos y la colmaría de atenciones y mimos hasta que la tierra se congelara en su corazón.

La llevaría hasta el borde mismo de la eternidad, siempre juntos en la adversidad.

M. D. Álvarez 

jueves, 13 de agosto de 2026

Su grácil cuello.

Adoraba cómo olía su piel; era irresistible para él oler su cuello. El aroma a mandarinas lo impelía a besar con deleite su grácil cuello con dulce determinación. 

Ella reía con agrado cada vez que él le prendía en su garganta sutiles besos de amor.

Aquella fresca mañana estaba especialmente radiante, risueña y, conocedora de la debilidad de él por su olor, ofreció su nívea garganta. 

Ahí seguía su perfume fresco, dulce y suavemente afrutado; era el signo de su pureza y juventud.

M. D. Álvarez 

El planeta de los híbridos.

Habían pasado más de diez años desde su desaparición en las agrestes y húmedas selvas de aquel planeta perdido de la mano de Dios. Era un mundo salvaje e inhóspito. Lo enviaron por sus capacidades alteradas que le permitían adaptarse a cualquier mundo. 

El mundo en cuestión albergaba una especie de híbrido que, cuando su sol surgía, lo hacía parecer un bípedo atlético. Tanto los machos como las hembras eran guapos, atléticos y de gran estatura. Por las noches, cuando el sol se ponía, algo en su interior se despertaba y, entre convulsiones, nacía su parte animal.

Cuando lo enviaron a aquel mundo, él ya controlaba su parte animal, pero en cuanto llegó a aquel mundo, por la noche, su lobo se abrió paso desgarrando su piel, sumiéndolo en un profundo sueño.

Los pobladores, todavía recelosos, lo acechaban y espiaban cuando se dedicaba a inspeccionar aquel agreste mundo.

Cuando hubo escaneado la superficie de aquel mundo, se dispuso a volver. Echaba de menos a su chica; sabía que lo esperaba al pie de la escalerilla. Había tardado en volver diez años, pero todavía lo amaba a pesar de su indomable aspecto.

M. D. Álvarez