sábado, 9 de mayo de 2026

Promesa del héroe.

Héroe. Pero, ¿qué es un héroe sino un ser humano que, presionado por aciagos momentos, se enfrenta con valor y determinación a las sombras que lo rodean? Dicho esto, cualquiera puede convertirse en un gran héroe en un momento dado.

Su historia comenzó una noche fatídica cuando unos traficantes asaltaron su vivienda, golpeando a su madre y reduciendo a su padre. El pequeño asistió escondido, temblando de miedo mientras aquellos salvajes gritaban palabras que él no comprendía, pues solo tenía cuatro años. Cuando finalmente se fueron, su madre corrió a buscarlo; él no lloró por no querer entristecerla. Pero por dentro, su alma lloraba desconsoladamente.

Con el tiempo, cuando la calma volvió a la casa, el niño se acercó a sus padres y les prometió que cuidaría de ellos cuando creciera. Ellos le respondieron con ternura: “Cielo mío, no tengas prisa en crecer”.

Los años pasaron y el pequeño creció en fuerza y valor. Un buen día, justo al cumplir 18 años, se encontró cara a cara con uno de los asaltantes. El corazón le latía con fuerza; esta era su oportunidad. Sin embargo, al encararse con el hombre, vio miedo en sus ojos.

—Perdóname —suplicó el asaltante—. No sabía lo que hacía.

El joven sintió una mezcla de emociones: rabia, tristeza y algo más profundo. En lugar de dejarse llevar por la ira, decidió actuar con compasión.

—Si realmente quieres cambiar —le dijo—, ve a unas charlas sobre el control de la ira. Puede que encuentres un camino diferente.

El asaltante quedó atónito ante la respuesta del joven. Mientras se alejaba, comprendió que aquel acto de perdón era más valiente que cualquier venganza.

M. D. Álvarez 

viernes, 8 de mayo de 2026

Más allá del frío.

Tras esa fina capa de hielo que los separaba, le dijo cuánto la necesitaba, pero debía cuidar de ella. Si rompía el hielo, la perdería para siempre. La única opción que le quedaba era sumergirse en esas heladas aguas prístinas y primigenias. La oyó gritar que esperara, que lo necesitaba; sin él no era nada. Él continuó adentrándose en las profundas y oscuras aguas abismales, cuando de repente sintió que algo tiraba de él hacia arriba. Se volvió y vio una intensa luz que lo envolvía en un aura cálida, y dentro de aquella luz se encontraba ella, que sin pensárselo dos veces rompió el hielo y se zambulló a rescatarlo.

El impacto del agua fría fue inmediato, pero su presencia iluminó todo a su alrededor. Él sintió cómo su corazón latía con fuerza mientras ella se acercaba, nadando con una gracia sorprendente. En ese instante, los miedos y dudas que lo habían mantenido alejado parecieron desvanecerse.

—¿Por qué te arriesgas? —logró preguntar entre burbujas de aire.

—Porque no puedo perderte —respondió ella con determinación, sus ojos brillando como estrellas en la oscuridad del agua.

Juntos lucharon contra la corriente, aferrándose el uno al otro mientras emergían hacia la superficie. La luz que los rodeaba parecía guiarlos, empujándolos hacia arriba, hacia el aire fresco y revitalizante. Cuando finalmente rompieron la superficie, el frío se volvió un mero susurro en comparación con el calor de su conexión.

Afuera, el mundo era un paisaje helado, pero en ese instante compartido, todo parecía posible. Ella lo miró a los ojos y él vio reflejados en ellos su propio miedo y amor.

—No importa cuánto tiempo pase —dijo él—, siempre estaré aquí para ti.

Ella sonrió con lágrimas brillando en sus mejillas heladas.

—Y yo siempre estaré dispuesta a romper el hielo por nosotros.

En ese momento comprendieron que juntos podían enfrentar cualquier tempestad. Se abrazaron fuertemente mientras las aguas frías los rodeaban, sabiendo que habían superado algo más que el hielo; habían encontrado su fuerza mutua.

Con cada latido de sus corazones, comenzaron a nadar hacia la orilla, dejando atrás no solo las aguas oscuras sino también las cadenas del miedo que los habían mantenido separados. A medida que se acercaban a la costa, el sol comenzaba a asomar en el horizonte, prometiendo un nuevo día lleno de esperanza.

M. D. Álvarez 

jueves, 7 de mayo de 2026

La nueva condición.

No imaginábamos que lo pasaríamos tan mal cuando, hace dos meses, le mordió un humano. Su color comenzó a cambiar de un tono mortecino y frío a un rosado calentito. Nos teníamos que contener para no morder sus achuchables mofletitos; su adorable sonrisa nos espantaba sin sus adorables colmillitos. 

Pero él parecía encantado con su nueva condición; gateaba por toda la casa haciendo las delicias de su abuelita, que no tenía dentadura y era la única a la que permitía morderlo, emitiendo tiernos gorjeos de felicidad. El resto de la familia terminó por acostumbrarse a su nueva apariencia.

M. D. Álvarez

miércoles, 6 de mayo de 2026

El maratón solidario.

"Ser útil me hace feliz", dijo entre resuello y resuello. Los dos se habían conocido en el parque; corriendo, se preparaban para la gran maratón de Los Ángeles. Ella se dedicaba a la preparación física y él era un gran corredor de fondo. Idearon prepararse para participar en aquel maratón, que era muy especial, ya que este año los beneficios serían destinados a las investigaciones de las enfermedades raras.

—Además, lo importante es participar; ya llegues primero o último, lo bueno es que se haga para pasarlo bien —relató él.

—Tienes razón —respondió ella, resoplando del esfuerzo.

—Un esprint —dijo él, acelerando.

—Venga —articuló ella.

M. D.Álvarez 

martes, 5 de mayo de 2026

El corazón de una hadriel. 3ra parte.

Esa noche, Ares se presentó en el lugar acordado, el Jardín de las Hespérides, un sitio tranquilo y apartado. La luna llena iluminaba el rostro de Iris, realzando su belleza. Ella le sonrió con dulzura, una expresión que casi desarma la cautela del joven.

"No te asustes, mi Ares," susurró Iris, tomando suavemente su mano. El contacto fue como una descarga, pero esta vez, Ares no se retiró. "Lo que sientes no es debilidad, es pasión. La pasión es un fuego. Si no la controlas, te quema; si la dominas, te da una fuerza inigualable."

Lo guio a un banco de piedra. Ella se sentó y lo invitó a hacer lo mismo. Iris no le enseñó un truco ni una fórmula mágica. Le habló de la paciencia, de respirar hondo antes de actuar y de canalizar esa energía en la observación.

"Mírame, Ares. Siente la tensión, pero no dejes que te ciegue. Obsérvame."

Ares la miró fijamente. Vio la sonrisa, no el torrente. Sintió el roce, pero percibió el respeto. Se dio cuenta de que su arrebato no era por ella, sino por su propia falta de control.

Una paz inusual lo invadió. "Entiendo," dijo con voz firme. "Es la calma en medio de la tormenta."

Iris asintió con una mirada de orgullo. "Ahora eres un caballero, Ares. Uno que sabe que su mayor poder es la mente, no la fuerza bruta."

Ares conocía el poder de los hadrieles, e Iris le mostró cómo controlar su ira incontrolable tan solo con la observación.

M. D. Álvarez 

lunes, 4 de mayo de 2026

El corazón de una hadriel. 2da parte.

Su torpeza estuvo a punto de costarle un disgusto hasta que la bella Hadriel se apiadó de él. Se lo llevó a parte y le dijo: "Eres encantador y tienes unos prontos irresistibles, pero tienes que calmarte si no quieres que te expulsen del grupo."

Iris no sabe cómo comportarse cuando estás tú presente; siento como si mi cuerpo se revolucionara, me hirviera la sangre y me comportara de forma bobalicona, acertó a decir, muerto de vergüenza.

"Oh, mi lindo Ares, eres encantador hasta cuando no lo sabes", refirió Iris, rozando con sus dedos el rostro de Ares.

Él enseguida se puso tenso; el leve roce hizo que sintiera un arrebato, pero logró contenerse.

"Sabes, esta noche te voy a enseñar algo que te ayudará a comportarte como un caballero."

Ares la miró con cautela; a ella era a la que más temía, pero aceptó.

Continuará...

M. D. Álvarez 

domingo, 3 de mayo de 2026

El corazón de una hadriel.

Tenía una mente privilegiada; su CI era de los más altos y era un autodidacta. Creció en una región aislada de uno de los planetas exteriores. Con tan solo 15 años, su familia lo mandó a la academia interplanetaria para pulir su agresividad.

No necesitaba mucho para estallar y llevarse por delante a todo bicho viviente.

En la academia, se juntó con un grupo variopinto de seres inadaptados que lo tomaron como líder por su inteligencia, dotes de mando y capacidad de sacrificio. Uno de aquellos integrantes era una hermosa hadriel de ojos verdes que lo miraba con fervor.

Él no era ajeno a los anhelos de la bella hadriel, pero era inexperto en el arte del amor, lo que lo volvía loco. No sabía cómo hablar con ella; el resto del grupo no sabía dónde meterse. Cada vez que ellos dos coincidían, había momentos tensos e incómodos.

Continuará...

M. D. Álvarez