miércoles, 25 de marzo de 2026

Cazador cazado.

Su intención nunca fue erradicar a las criaturas mitológicas de toda la faz de la tierra. Cuando había cazado casi la totalidad de dragones, unicornios y fénixes, divisó a lo lejos a una adorable jovencita que lo observaba con estupor mientras despedazaba una de las criaturas más hermosas y necesarias para la subsistencia de la raza humana. 

Aquel hermoso unicornio de crines plateadas le profetizó de la siguiente forma: "Cazador, que crees ser inigualable, llegará un día en el que la dueña de tu corazón te prive de tu valor y termine también contigo, tal y como tú lo has hecho con nosotros".

Aquello lo dejó perplejo; él no tenía dueña y nada ni nadie podía herirle.

La joven que lo observaba, aterrorizada, se aproximó al fiero cazador, que, al ver su candor, se enamoró perdidamente de ella. Olvidó por completo la profecía del hermoso unicornio. .

El cazador vivió una temporada con su amada, pero un día sintió la llamada de la caza y no pudo reprimirla. Salió a hurtadillas; no quería que ella se entristeciera por la crueldad de sus actos.

Se encaminó al bosque y esperó. Había algo en el ambiente; el aire era pesado y denso. Cuando vio aparecer un espectacular fénix, se posó sobre un gran tronco y esperó. Él no daba crédito a la paz que emanaba de tan hermosa criatura, pero su impulsividad lo obligó a disparar una de sus mágicas flechas que nunca erraban el blanco.

Sorpresa: el fénix la esquivó y lo miró fijamente. Debió de presentir algo en aquel belicoso cazador que volvió a disparar otra flecha, que el fénix volvió a esquivar. Fue entonces cuando el fénix desplegó sus alas embueltas en llamas y abrasó al experimentado cazador, que en el último momento de su vida vio a su dulce amada en los ojos del fénix y recordó la profecía del unicornio. Había sido cazado por su amada bajo la forma del ave fénix.. 

M. D.  Álvarez 

martes, 24 de marzo de 2026

Mi gran lobito feroz.

Lo tenían sujeto, colgado boca abajo, con contrapesos. Era la víctima propiciatoria para el aterrador señor de la noche, aunque el señor de la oscuridad prefería dulces vírgenes con las que satisfacer su sed de sangre. Sin embargo, aquel apuesto joven de fuerte musculatura tenía el vigor suficiente como para satisfacer su sed de sangre durante un mes. Además, tenía la vista fijada en la chica del apuesto joven que colgaba boca abajo.

—Ha sido tan fácil atrapar un espécimen tan vigoroso como tú, así que, después de que te desangre, me deleitaré con esta dulce novilla —dijo al oído del joven que permanecía con los ojos cerrados. Pero al oír lo que aquel monstruo iba a hacer, abrió los ojos y vio horrorizado cómo se dirigía hacia su chica, que lo miraba implorando.

Lo que el señor de la oscuridad no sabía era que había caído en su trampa. Su cuerpo comenzó a retorcerse y a convulsionar hasta que su piel empezó a rasgarse en jirones, y del cuerpo musculoso del joven surgió un aterrador licántropo que fijó su furia en el señor de la noche. Con un prodigioso salto, se plantó entre su chica y el amo del averno.

Lanzó un aterrador aullido de furia y atacó salvajemente al aterrorizado príncipe del infierno, que trató de huir, pero fue atrapado por el licántropo colérico que lo despedazó, a pesar de las súplicas que este le hacía. A lo que el hombre lobo rugió: —"Si la hubieras tocado a ella, no sería tan comedido contigo."

Cuando terminó de despedazarlo, se giró hacia ella, que lo observaba con ternura. Mientras él se acercaba dócilmente, ella le dijo: "Eres mi gran lobito feroz."

M. D. Álvarez 

lunes, 23 de marzo de 2026

La invasión.

Le dio la idea de embadurnar con aceite los escalones para que, al pisar sobre ellos, resbalaran y aterrizaran en los cristales de las bombillas que había desmenuzado.

Eso debería hacerles desistir, pero si todavía seguían queriendo entrar, les tenía preparadas más trampas.

No lo conocían bien; era un formidable cazador y aquel era su hogar. En la puerta de acceso a su casa colocó una recortada de doble cañón cargada con postas, a la que le colocó un dispositivo de disparo por presión. Si pisaban delante de la puerta, recibirían una andanada de perdigones y, si aún así insistían en entrar, les aguardaba preparado con ella y todo un arsenal.

M. D. Álvarez

domingo, 22 de marzo de 2026

De camino a las duchas.

Casi siempre terminaba sus entrenamientos extenuado y sudoroso; por eso, disfrutaba de una cálida ducha que relajaba sus músculos. Ella lo sorprendió cuando iba de camino a las duchas.

Adoro cuando terminas de entrenar y estás sudoroso y excitado —le susurró al oído con aquella sonrisa pícara que lo desarmaba completamente, haciendo que se derritiera por ella. Su aliento caliente en su cuello le erizó la piel, y él contuvo un gemido.

—¿No puedes esperar a la noche? —preguntó sumiso, aunque sus manos ya se deslizaban hacia su cintura, traicionando sus palabras—. Aquí es peligroso, nos pueden pillar en cualquier momento —repuso con cautela, besándola tímidamente en el cuello

—De acuerdo, de esta noche no pasa —refirió ella con sutileza mientras acariciaba suavemente los atributos de él, que, victorioso, sabía que ella era la única que lo hacía sentirse vivo. Su mirada ardiente prometía más, mucho más, y él supo que no podría resistirse.

M. D. Álvarez 

sábado, 21 de marzo de 2026

Mi diosa.

¿Sabéis cuándo sentís que algo es verdaderamente divino? Lo idolatras, así se sentía él al verla a ella; su calidez, templanza y hermosura lo embargaban. Hasta el arrobamiento, se sentía transportado a un mundo lleno de amor y color.

Cuando ella apareció en su radar, sintió que ya no tenía que seguir buscando; ella sería su elegida.

Se embarcó en la mayor de sus aventuras: la conquista de la joven diosa, que al principio lo observaba con desidia. Solo veía a un joven que trataba de cortejarla con medios lo suficientemente poderosos como para hacerla vibrar.

Con el transcurso del tiempo, ella se fue encariñando con el joven, que seguía llevándole hermosos presentes y luchaba contra los que osaban ofenderla. Aquello la fue enamorando hasta que un día uno de aquellos bárbaros lo hirió de una puñalada en el corazón. Ella descendió de su pedestal y fulminó a aquel bárbaro que había dado muerte a su mayor defensor; se arrodilló al lado del joven que, con el último aliento, dijo: —Si tan solo necesitabas que entregara mi corazón para que descendieras de tu pedestal, lo habría hecho mucho antes".

Ella depositó su cálida mano sobre su pecho y, alzándolo con un suave beso, le otorgó lo que él más deseaba: una vida con su amada diosa, que lo ensalzó de la siguiente manera:

—Jamás dudé de tu valor, mi joven protegido. Desde hoy estarás a mi lado como mi pareja."

M. D. Álvarez

viernes, 20 de marzo de 2026

Esposas.

Se despertó atado a la cama y con su mejor amiga a su lado. No recordaba la noche anterior, pero ella parecía satisfecha.

Caraspeó y le susurró: —"¿Puedes quitarme las esposas?"

Ella abrió los ojos y lo miró con deseo.

—"No me voy a escapar", —dijo él con ironía.  

Ella se quitó la llave que llevaba al cuello y lo soltó.

—"Lo de ayer debió de ser apoteósico si has tenido que esposarme", —dijo él tratando de recordar.

—"No lo sabes tú bien. Lo hicimos en todos los sitios más inverosímiles que te puedas imaginar, hasta que te traje a mi cama y logré atarte. Disfruté con tus atributos y nos corrimos los dos. Sabes que eres inagotable y creo que podemos hacerlo otra vez", —dijo ella, subiéndose sobre él.

Él la miró, aún un poco aturdido, mientras su mente trataba de recuperar fragmentos de la noche anterior. La sonrisa traviesa de ella lo hacía sentir una mezcla de nervios y emoción.

—"¿En serio hicimos todo eso?" —preguntó, intentando recordar, pero solo podía imaginar escenas disparatadas llenas de risas y locura.

Ella se inclinó hacia él, su aliento cálido acariciando su piel. 

—"Sí, y si te portas bien, tal vez pueda dejarte recordar más," —dijo, guiñándole un ojo mientras comenzaba a desabrocharse la blusa, revelando un destello de piel que lo dejó sin palabras.

—"No sé si soy capaz de soportar otra ronda tan intensa," —respondió él con una sonrisa nerviosa. —"Aún me duele el cuerpo."

Ella se rió, su risa como música en sus oídos. 

—"Eso es solo una señal de que lo hicimos bien. Pero no te preocupes, tengo algunas ideas nuevas para esta vez," —dijo con complicidad, mientras se movía lentamente sobre él.

Él sintió un escalofrío recorrer su espalda. Mientras ella se acercaba más, las dudas comenzaron a desvanecerse. Quizás la noche anterior no había sido solo una locura; tal vez era el comienzo de algo más profundo entre ellos.

—"¿Y si esto cambia nuestra amistad?" —preguntó él, un poco más serio.

Ella lo miró a los ojos, su expresión cambiando a una más contemplativa.

—"A veces, Luzia," —dijo suavemente— "las mejores cosas surgen del caos. ¿Te atreves a descubrirlo conmigo?"

Él sonrió, sintiendo que el riesgo valía la pena. 

—"Definitivamente estoy listo para otra aventura," —respondió con determinación, mientras la abrazaba con fuerza.

La habitación se llenó de risas y promesas, mientras ambos se sumergían en un nuevo capítulo de su historia juntos.

M. D.Álvarez 

jueves, 19 de marzo de 2026

La mina de Llakaka.

Era la mayor mina subterránea de zafiros. La veta madre se encontraba a una profundidad de novecientos metros. Los túneles apenas se sostenían por las raquíticas vigas que sostenían los techos de las galerías. Él trabajaba en la galería número 68, tan solo con la fuerza de sus brazos y sirviéndose de su fiel pico, hollaba las frías paredes donde la veta madre soltaba grandes pedruscos de los más hermosos zafiros. 

Uno de aquellos pedruscos encerraba en su interior una preciosa piedra, pero lo extraordinario de aquella piedra fue lo que él halló en su interior: un hermoso zafiro con la forma de un corazón. Y lo más sorprendente de todo fue el tamaño del zafiro: medía de ancho 5.5cm, de largo 7cm y de profundidad 3.5cm. El zafiro ya tenía dueña: la diosa de su corazón.

Ella lo esperaba todas las noches, sentada en el porche. Al verlo venir con aquella cálida y dulce sonrisa, supo que había encontrado algo muy especial. Se arrodilló delante de ella, extendió los dos puños cerrados y le dijo: "Escoge". 

Ella tocó su puño derecho y él volteó el puño, mostrándole la hermosa piedra que había engarzado con un pequeño eslabón, donde enganchó una hermosa y fina cadena de la más pura plata.

Era un jefe ejemplar; bajaba a la mina con sus trabajadores, los tenía a todos asegurados con los mejores seguros médicos y unos sueldos astronómicos. Pero sus trabajadores eran los más cualificados y ninguno se dejaba sobornar por minas rivales. Él siempre los trató bien.

M. D. Álvarez