viernes, 10 de julio de 2026

Psíthyros.

Ya está aquí otra vez la corriente de aire. La juventud de ella la convertía en una ráfaga cálida, no como sus hermanos, que se habían convertido en tempestuosos huracanes y fieros tifones.

Ella era más dulce y delicada que ellos; así la originó su padre, el rey de los vientos, Eolo, quien había puesto especial cuidado en aquella sensible y susurrante corriente, que recibiría el sugerente nombre de Psíthyros. 

Fue concebida con la ninfa Egle del Anteparaíso, quien quiso conocer al padre de los vientos que asomaban a su reino. Al verlo tan encantador, quedó prendada de él; y tras una noche de pasión, nació la pequeña Psíthyros.

M. D. Álvarez.

El origen la la zarzamora.

Yarilo era el dios eslavo de la fertilidad que deambulaba por las tierras de la gran madre Escitia, una región cuajada de pueblos guerreros y bellas doncellas de ardiente sangre. Esta es la historia de una de ellas; su nombre era Zlatica, quien, tras pasar el día cazando, se relajó en una hermosa laguna bañada por el cálido sol. Yarilo acertó a pasar por aquel lugar justo cuando la bella Zlatica se bañaba desnuda.

La observó desde el linde de un bosquecillo de abedules. Ella se percató del apuesto mancebo sin saber que aquel gallardo ser era el dios de la primavera.

Sin ningún pudor, salió de la laguna dirigiéndose hacia donde se encontraba Yarilo, que ardía en deseos de poseerla. El encuentro, breve pero tan intenso como el estío, dejó en la joven una huella imborrable; sin embargo, al ver al dios partir hacia el sur, la joven Zlatica quedó apesadumbrada.

Yarilo, conmovido por la profunda tristeza de la joven, la transformó en una hermosa zarzamora para que su amor perdurara en la tierra, otorgando a sus frutos el color morado como símbolo sagrado.

M. D. Álvarez 

jueves, 9 de julio de 2026

La brisa invernal.

Ya está aquí otra vez la corriente de aire y, con el frío invernal, no me extrañaría que pillara una buena pulmonía. Bueno era yo, para pillar los catarros, neumonías y pulmonías ajenas; para eso soy un tiarrón del norte, para que todos los males recaigan sobre mí y dejen en paz a mis amores. No iba a dejar que aquella nimia brisa, aunque invernal, se colara aviesa en dirección a ellas.

M. D. Álvarez 

Kyparíssis, el hermoso ciprés.

¿Qué me diríais si os digo que el porte, la altura y la frondosidad del ciprés se deben al amor de Apolo hacia una hermosa humana llamada Kyparíssis? 

Un buen día, Apolo transitaba por los cielos y vislumbró a la joven doncella disfrutando de un baño de sol. Se enamoró a primera vista, descendió de los cielos en su magnífico carro celestial y yació con ella, tras de lo cual la abandonó. 

Ella, al verse ultrajada y mancillada, lloró desconsolada la pérdida de su amado. El joven Apolo, arrepentido, la convirtió en un hermoso ciprés.​ Las hojas se tiñeron de un verde oscuro, perenne y sombrío, reflejo eterno del luto que inundó su alma herida.

M. D. Álvarez 

miércoles, 8 de julio de 2026

Las faldas al viento.

Ya está aquí otra vez la corriente de aire. Rugió feliz uno de los mozos. Aquella corriente era un espectáculo, como soplaba, alzando las faldas de las jovencitas que, con recato, trataban de cubrir sus braguitas. 

Los jóvenes imberbes disfrutaban del espectáculo, haciendo jarana y jolgorio ante el estupor de los mayores, que, con torva mirada, les increpaban que dejaran de festejar tales divertimentos o serían castigados por el guardián de las corrientes de aire.

M. D. Álvarez 

martes, 7 de julio de 2026

La llegada del invierno.

Ya está aquí otra vez la corriente de aire; ya regresaba el azaroso invierno con sus rachas carabáticas, el mismo en el que él regresaría con los fríos polares. 

Oyó el trineo tirado por los 20 huskies siberianos que ladraban alegres bajo el mando de su dueño. 

Las noches siguientes en el iglú fueron ardientes y pasionales. A la semana de su regreso, él volvió a partir con la algarabía de sus huskies, que veloces lo trasladaron al gélido norte, dejándola a ella esperando con el corazón ardiente.

M. D. Álvarez 

lunes, 6 de julio de 2026

Rangwali Holi.

En la ciudad de Vrindavan, donde Marcus había localizado una célula del mal, estaban de celebración. Celebraban la famosa batalla de los colores, también conocida como Rangwali Holi. Debía encontrar a Angie antes de que la población en masa saliera de sus casas, cargada de polvos de colores y agua. Marcus sabía que, si lo pillaban en medio de la aglomeración, no podría desarticular el corpúsculo malvado que se había instalado en la sagrada ciudad de Vrindavan.

Había dejado a Angie en el Hotel Radisson, descansando tras una larga noche de festejos. Se dirigía al centro neurálgico de la ciudad; faltaban apenas cinco minutos para dar comienzo a la mayor fiesta del calendario hindú. 

Si no se daba prisa, lo atraparía entre la multitud. Vislumbró un grupo de encapuchados vestidos de negro y se fue hacia ellos. En aquel momento, fue bombardeado con polvos de colores; había dado comienzo la fiesta de Holí, pero no podía dejarlos escapar y dejó salir al licántropo que llevaba dentro. Los que lo rodeaban ni se inmutaron y siguieron lanzando polvos de colores. 

El pobre Marcus se tuvo que retirar y, al llegar al hotel, descubrió que Angie lo encontraba adorable. Su pelaje negro, como el vantablack, estaba teñido de vivos colores que le daban un tierno aspecto de lobito arcoíris.

Continuará...

M. D. Álvarez