sábado, 22 de agosto de 2026

La cabaña en el árbol.

Fue el momento en que mataron al árbol cuando la cabaña en el árbol explotó con una carga de demolición.

 Necesitaban despejar el camino, ya que por ahí debía pasar una de las fuerzas telúricas y necesitaban tener acceso directo a ella si querían que él alcanzara todo su potencial.

La onda expansiva no solo astilló la madera; fracturó el silencio de la montaña. Al caer el coloso, la tierra rugió, liberando un torrente de energía esmeralda que ascendió por las grietas. Él aguardaba en el epicentro, sintiendo cómo el pulso del mundo, ahora sin obstáculos, inundaba finalmente sus venas.

M. D. Álvarez 

Ella es el sol.

Hasta que se apague el sol, susurró con ternura al oído de ella, que permanecía sumida en un sueño profundo. Se recostó a su lado sin intención de abandonarla en la profundidad de sus sueños.

Él era quien la rescataba de las batallas oníricas, donde las sombras la asaltaban por su luz. Su amor lo convertía en el guardián de sus sueños, donde su vida transcurría entre batalla y batalla, hasta que el sol se extinga; entonces él la sacará y el sol volverá a brillar.

M. D. Álvarez 

viernes, 21 de agosto de 2026

El grabado de amor

Fue el momento en que mataron al árbol, cuando tuvieron que talarlo para leña. 

Aquel árbol fue donde Marcus grabó el nombre de Angie y el suyo dentro de un corazón. 

Ante el dilema de morir congelados, el árbol, que tenía la misma edad que ellos y fue plantado cuando los dos nacieron como símbolo de un amor imperecedero, debía sucumbir al hacha. 

Marcus recortó el trozo de corazón y lo guardó como un tesoro; se lo entregó a Angie, que lo miró entristecida. Aquel árbol era el símbolo de su amor.

—Tuve que hacerlo, solo quedaba nuestro árbol —dijo Marcus—. No dejaré que te congeles.

M. D. Álvarez 

El origen de la franguesa.

¿De dónde surgió la franguesa?  
Este es un mito que atañe a la diosa egipcia Hathor y a su adorado Sobek.

Según cuentan las tradiciones, Sobek amaba profundamente a Hathor, pero no se creía digno de ella, pues la pretendían tanto Horus como Ra. Sin embargo, ella había visto algo en el dios del Nilo, una determinación tal que puso a prueba a los tres, diciendo:  
"Seré de aquel que me traiga el presente más dulce y sabroso."

Horus viajó por el mundo en busca de un presente para ella, pero todo lo que probaba le parecía insípido o desagradable al gusto.

Ra hizo lo propio, pero lo buscó en el Amenti, donde todo lo que probaba le sabía amargo.

Sobek, en cambio, no buscó tal fruto ni en la tierra ni en el inframundo; lo creó como una planta de tallos largos y hojas verdosas por el haz, blanquecinas y pubescentes por el envés, y divididas normalmente en tres o cinco hojitas dentadas. Con flores pequeñas, de color blanco o rosado, que aparecen agrupadas en pequeños racimos, el fruto presenta una piel aterciopelada y un tono rojo escarlata clásico.

Sobek tomó el fruto de tan digna planta. Al probarlo, sintió en la lengua un dulzor meloso que evocaba el abrazo del lodo del Nilo a las raíces; supo de inmediato que aquel sabor le daría la mano de Hathor.

M. D. Álvarez 

jueves, 20 de agosto de 2026

El árbol del ahorcado.

Fue el momento en que mataron al árbol, cuando la última rama viva se secó, tras servir de patíbulo para ajusticiar al joven licántropo, juzgado por un delito que no había cometido. 

Él era instruido y educado, y lo estaban culpando de haber aniquilado a tres rebaños de obejas. No era aterrador ni sanguinario; era todo lo contrario: dulce, encantador y estaba enamorado de una hermosa doncella que lloró e imploró, diciendo que él no pudo ser el culpable porque se encontraba con ella.

El joven dijo: "Mi sol, cierra los ojos, no quiero que me recuerdes así".

Un crujido seco y todo acabó. Ella maldijo al árbol.

M. D. Álvarez 

El olor de la juventud.

Aquel perfume evocaba su juventud; le recordaba el olor de su madre cuando pelaba las mandarinas, que luego embotaba en almíbar. El olor a mandarinas lo inundaba todo cuando abría los frascos. Y cuando mi chico comenzó a oler a mandarinas, no pude reprimir mis ganas de comérmelo a besos.

Las tardes pasaban lentas, pero entre aquellas paredes, la dulzura de la fruta traía de vuelta los días luminosos. Miré sus ojos brillar mientras reía. Entonces entendí que el verdadero hogar no es un lugar físico, sino la memoria guardada en la piel de quienes amamos.

M. D. Álvarez 

miércoles, 19 de agosto de 2026

El árbol de Júpiter.

Fue el momento en que mataron al árbol. Pese a los nobles intentos de salvarlo, no hubo manera de recuperarlo; aquel rayo lo había fulminado en un acto de furia.

 Su pecado fue simple: haber cobijado bajo sus ramas el amor de su bella hija por un joven lugareño, imberbe y de ojos azules, que todas las noches acudía al encuentro amoroso bajo las ramas de tan hermoso árbol.

Y, para mayor irritación de su padre, fue que el árbol llevaba su nombre: el árbol de Júpiter.

M. D. Álvarez