martes, 19 de mayo de 2026

Serigrafiado en los calzoncillos.

En la goma de sus calzoncillos había serigrafiado la información clave. Ahora tenía que hacerla llegar a las manos adecuadas, y las únicas en las que confiaba eran en las de su novia, Ava Jenkins. 

Debía ingeniárselas para que su maltrecho cuerpo llegara a las manos de Ava; solo ella podría descifrar la clave y sabría que no estaba muerto, tan solo bajo los efectos de la tetradotoxina. 

Sintió cómo su corazón se ralentizaba hasta un límite casi imperceptible. Los carceleros lo sacaron y lo dejaron en el anatómico forense donde trabajaba Ava, quien, al descubrir su cuerpo, percibió un leve latido en la yugular.

M. D. Álvarez 

lunes, 18 de mayo de 2026

Sorprendido en la tormenta.

Ella finge dormir mientras él se dedica a besarla con cautela, como si tuviera miedo de despertarla. De pronto, ella se gira y abre los ojos, diciéndole: "¿Qué he hecho yo para merecerte?"

De repente, un trueno rasgó el cielo, iluminando la habitación. Ella pudo ver su atrevido aspecto y su apostura; la embelesaba.

—Anda, ven aquí, que te voy a enseñar un par de cosas, -rió traviesa.

Extendió su níveo brazo y tomó con dulzura la mano de él, que permanecía en las sombras. Temerosos de su aspecto, siempre había permanecido oculto y desaparecía cada mañana sin dejar ni huella. Aquella noche de tormenta se sorprendió al ser descubierto por el amor de su vida.

M. D. Álvarez 

Por ella.

Ella finge dormir cuando él llega cansado y dolorido después de machacarse en el gimnasio para lucir su musculatura con ella. Pero eso sería por la mañana, cuando se levantará a preparar el desayuno para ella. 

Él la mimaba y quería con locura; se desvivía por ella, por eso cuidaba su físico. Sabía que a ella le gustaba su personalidad y su capacidad para solventar problemas. 

Su trabajo en la agencia lo mantenía activo, y cuando llegaba a casa, ella le tenía preparada la cena y, a veces, le esperaba despierta, aunque últimamente fingía dormir para que la despertara con dulces besos.

M. D. Álvarez 

Oculto en los calzoncillos.

En la goma de sus calzoncillos llevaba escondido el anillo con el que le pediría matrimonio. 

Bueno, eso sí lograba pasarlo de contrabando; la frontera se había cerrado a cal y canto, no podía pasar nadie. Así que se arriesgó y cruzó a nado el gran río que lo separaba de su amor. 

Al llegar a la otra orilla, ella lo esperaba, pero se sorprendió al ver que él se arrodillaba y sacaba de su calzoncillo un precioso anillo de matrimonio. No le dejó ni pedírselo; lo abrazó y besó. Era e gran l amor de su vida y no lo iba a dejar escapar.

M. D. Álvarez 

domingo, 17 de mayo de 2026

Capaz de todo por ella.

En la goma de sus calzoncillos se encontraba una lentejuela. Agnes no comprendía cómo en los calzoncillos de su chico había una lentejuela. 

Mal sabía ella que él ejercía de boy en un garito para sacarse unos chavos y regalarle aquel vestido tan vaporoso que había visto, observando e implorando con ojos anhelantes. 

No podía permitírselo y, por eso, se buscó un empleo extra. Por ella, era capaz de todo, hasta de perder la vergüenza. 

Dos semanas después, se presentó con un paquete de regalo y, al abrirlo, supo que era capaz de todo por ella.

M. D. Álvarez 

sábado, 16 de mayo de 2026

El magnetismo.

En la goma de sus calzoncillos estaba la lista de conquistas. Nadie lo conocía tan bien como su equipo, pero jamás sospecharon que su líder fuera todo un don Juan. Solo Ava percibió un leve chuletón en el cuello, pero no dijo nada; lo amaba en secreto. Un día lo siguió y fue testigo del magnetismo que irradiaba con las chicas. Él se sorprendió al verla, pues conseguía intimidarlo.

—¿Ava, qué haces aquí? —preguntó nervioso.

—Tan solo quería saber... —se puso roja.

—¿Quieres un vaso de agua? —preguntó él, avergonzado—. Sabes que esto no es lo que parece; a mí me gustas tú —confesó él.

M. D. Álvarez 

viernes, 15 de mayo de 2026

Frío polar.

En la goma de sus calzoncillos llevaba una ganzúa que le ayudó a librarse de las esposas. Una vez liberado, se acercó a la joven, que lo miró sorprendida y dijo: —"Eres un chico con muchos recursos".

—"No lo sabes tú bien", respondió él, que no parecía tener frío con tan solo unos bóxer.

—"No tienes frío?", preguntó sorprendida.

—"Soy un chico del norte. Hace falta más que una leve brisa para congelarme", dijo, echándosela al hombro. La sacó trepando por el acantilado.  —"Aquí estarás a salvo".

—"¿Y tú a dónde vas?", preguntó preocupada.

—"A buscar mi ropa", respondió él con una sonrisa encantadora.

M. D. Álvarez