Hasta que un día, su pareja fue brutalmente golpeada. Sintió que toda su inocencia desaparecía en un océano de dudas. Frente al cuerpo apaleado de ella, juró que no consentiría que el mal prevaleciera en su mundo; él se encargaría.
Tras perder la inocencia, su corazón luchó con todas sus fuerzas hasta que no quedó ni una pizca de maldad en su mundo.
M. D. Álvarez