viernes, 13 de marzo de 2026

El rugido atronador.

Con sus hormonas desbocadas tras un enfrentamiento épico contra un batallón de soldados de élite, se sentía eufórico. 

La adrenalina fluía por sus venas cuando la vio; sus ganas de soltar toda su energía eran incontrolables, así que lanzó un rugido abrumador que la sorprendió gratamente. Ella se sentía atraída por su demostración de fuerza y poderío; la atraía como las polillas a la luz.

Su joven compañero, de todo menos cobarde, era dulce, amable y cortés con ella; en cambio, para los enemigos, era un auténtico adversario duro, inflexible y sanguinario.

Ella, todas las noches, lo lo envolvía en un torbellino de caricias y lo llenaba de besos; como locura, adoraba la buena disposición de su ardoroso compañero.

M. D. Álvarez

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