domingo, 22 de marzo de 2026

De camino a las duchas.

Casi siempre terminaba sus entrenamientos extenuado y sudoroso; por eso, disfrutaba de una cálida ducha que relajaba sus músculos. Ella lo sorprendió cuando iba de camino a las duchas.

Adoro cuando terminas de entrenar y estás sudoroso y excitado —le susurró al oído con aquella sonrisa pícara que lo desarmaba completamente, haciendo que se derritiera por ella. Su aliento caliente en su cuello le erizó la piel, y él contuvo un gemido.

—¿No puedes esperar a la noche? —preguntó sumiso, aunque sus manos ya se deslizaban hacia su cintura, traicionando sus palabras—. Aquí es peligroso, nos pueden pillar en cualquier momento —repuso con cautela, besándola tímidamente en el cuello

—De acuerdo, de esta noche no pasa —refirió ella con sutileza mientras acariciaba suavemente los atributos de él, que, victorioso, sabía que ella era la única que lo hacía sentirse vivo. Su mirada ardiente prometía más, mucho más, y él supo que no podría resistirse.

M. D. Álvarez 

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