Eso debería hacerles desistir, pero si todavía seguían queriendo entrar, les tenía preparadas más trampas.
No lo conocían bien; era un formidable cazador y aquel era su hogar. En la puerta de acceso a su casa colocó una recortada de doble cañón cargada con postas, a la que le colocó un dispositivo de disparo por presión. Si pisaban delante de la puerta, recibirían una andanada de perdigones y, si aún así insistían en entrar, les aguardaba preparado con ella y todo un arsenal.
M. D. Álvarez
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