domingo, 29 de marzo de 2026

Los felibunos

Aquellos cuádrupedos misteriosos aparecieron de la nada; habían tomado aquel erial como su territorio. Su aspecto de grandes felinos, con una mezcla de lobos siberianos, los hacía no aptos para aquel entorno, pero su determinación y capacidad para adaptarse los hacían adecuados para cualquier territorio. Su pelaje podía cambiar de color y adaptarse tanto a terrenos selváticos como a desérticos. Sus lobunas cabezas, con sus puntiagudas orejas, los dotaban de un oído perfecto que detectaba cualquier presa.

A medida que los cuádrupedos avanzaban por el erial, su pelaje cambiaba como un camaleón, mimetizándose con la arena dorada y las sombras alargadas de las rocas. Se movían en silencio, sus patas suaves apenas hacían ruido al pisar el suelo seco. 

Los habitantes de la región, desconcertados por su presencia, comenzaron a murmurar leyendas sobre estas criaturas. Algunos decían que eran guardianes de un antiguo secreto escondido en las entrañas del desierto, mientras que otros afirmaban que eran heraldos de un cambio inminente.

Una noche, bajo el fulgor de una luna llena, un grupo de ellos se reunió en un claro iluminado por estrellas. En ese momento, uno de los más grandes alzó la cabeza y emitió un aullido profundo y resonante que hacía eco en el silencio del desierto. Los demás se unieron en una armonía sobrenatural, como si estuvieran comunicándose en un lenguaje ancestral.

El más grande se situó al lado del más joven cazador y, en su lengua ancestral, comenzó a instruirlo en las historias ancestrales de su raza. Ellos provenían de las estrellas y un día regresarán a ellas.

M. D. Álvarez 

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