Aquella noche, los escalones no chirriaron y logró salir sin ser oído. Al llegar al bosque, su cuerpo comenzó a convulsionar, pero escuchó un leve crujido. Se volvió y la vio; su rostro mostraba preocupación, pero también el amor que sentía por él. Trató de dejarla atrás. Por mucho que lo intentaba, ella lo encontraba. Cuando no fue capaz de dominar a la bestia, luchó con todas sus fuerzas tratando de ahuyentarla.
M. D. Álvarez
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