jueves, 26 de marzo de 2026

El chirrido.

Le dio la idea de embadurnar con aceite los escalones; era una buena percepción. Ella era muy ingeniosa; siempre se le ocurrían planes fantásticos. Era su mejor amiga y la única que escuchaba sus miedos y desamores.

Aquella noche, los escalones no chirriaron y logró salir sin ser oído. Al llegar al bosque, su cuerpo comenzó a convulsionar, pero escuchó un leve crujido. Se volvió y la vio; su rostro mostraba preocupación, pero también el amor que sentía por él. Trató de dejarla atrás. Por mucho que lo intentaba, ella lo encontraba. Cuando no fue capaz de dominar a la bestia, luchó con todas sus fuerzas tratando de ahuyentarla.

M. D. Álvarez 

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