martes, 24 de marzo de 2026

Mi gran lobito feroz.

Lo tenían sujeto, colgado boca abajo, con contrapesos. Era la víctima propiciatoria para el aterrador señor de la noche, aunque el señor de la oscuridad prefería dulces vírgenes con las que satisfacer su sed de sangre. Sin embargo, aquel apuesto joven de fuerte musculatura tenía el vigor suficiente como para satisfacer su sed de sangre durante un mes. Además, tenía la vista fijada en la chica del apuesto joven que colgaba boca abajo.

—Ha sido tan fácil atrapar un espécimen tan vigoroso como tú, así que, después de que te desangre, me deleitaré con esta dulce novilla —dijo al oído del joven que permanecía con los ojos cerrados. Pero al oír lo que aquel monstruo iba a hacer, abrió los ojos y vio horrorizado cómo se dirigía hacia su chica, que lo miraba implorando.

Lo que el señor de la oscuridad no sabía era que había caído en su trampa. Su cuerpo comenzó a retorcerse y a convulsionar hasta que su piel empezó a rasgarse en jirones, y del cuerpo musculoso del joven surgió un aterrador licántropo que fijó su furia en el señor de la noche. Con un prodigioso salto, se plantó entre su chica y el amo del averno.

Lanzó un aterrador aullido de furia y atacó salvajemente al aterrorizado príncipe del infierno, que trató de huir, pero fue atrapado por el licántropo colérico que lo despedazó, a pesar de las súplicas que este le hacía. A lo que el hombre lobo rugió: —"Si la hubieras tocado a ella, no sería tan comedido contigo."

Cuando terminó de despedazarlo, se giró hacia ella, que lo observaba con ternura. Mientras él se acercaba dócilmente, ella le dijo: "Eres mi gran lobito feroz."

M. D. Álvarez 

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