miércoles, 4 de marzo de 2026

Luna llena de sangre.

—No los puedo dejar tirados, jalando de orgullo, y a pesar de sus heridas, logró levantarse y, renqueante, volvió al campo de batalla, donde sus amigos se defendían como podían. 

El grupo atacante no lo vio llegar, cosa que aprovechó; había anochecido y la luna llena estaba en lo alto. Aquello lo transformó en un aterrador licántropo que dio buena cuenta de los atacantes. Sus amigos lo creían muerto, por eso parecían asustados.  

—Tranquilos, soy yo. No podía dejaros así —dijo, esbozando una aterradora sonrisa. 

Ella se acercó con cautela y acarició su denso pelaje, consiguiendo traer de nuevo al joven que amaba con dulzura.

M. D. Álvarez 

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