lunes, 2 de marzo de 2026

​El rugido del Mustang.

—No los puedo dejar tirados, pensó para sí. Ellos nunca lo harían. Giró el volante en redondo, derrapando, y con un rugido de su Mustang, aceleró. 

Cuando lo vieron partir, el alma se les cayó al suelo. De pronto, un rugido y un claxon rompieron el silencio, haciendo que se apartaran de la pared justo a tiempo, pues un gran impacto tiró el muro, sembrando el desconcierto entre los captores. 

Abrió la puerta del Mustang y desenfundó sus pistolas Smith & Wesson, y con certeros balazos eliminó a los captores.

Sus amigos no daban crédito; había vuelto por ellos. —¿Cómo iba a dejarlos?, dijo sonriendo.

M. D. Álvarez 

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