domingo, 8 de marzo de 2026

Una mujer de bandera.

Era una mujer de bandera, autosuficiente e inteligente. Él no comprendía qué había visto en ella para pedirle una cita.

Él, todo un apuesto guerrero, se sentía cohibido por ella. Su mera presencia le hacía parecer un grano de arena en una playa cualquiera, pero ella lo enardecía y hacía que se creciera hasta cotas inimaginables.

Una noche, bajo el palio de un cielo cobrizo, él por fin entendió el misterio. No se trataba de una conquista, sino de un reconocimiento. Mientras ella hablaba con una elocuencia que silenciaba el ruido del mundo, él dejó de luchar contra su propia sombra.

Ella era todo para él, y él lo era todo para ella; la mujer lo veía como a un igual. Ella no buscaba a alguien que la protegiera, sino a un igual que no temiera su luz. En el reflejo de sus ojos, él ya no era arena; era la marea misma, rugiendo con una fuerza nueva, listo para conquistar horizontes que antes solo se atrevía a soñar.

M. D. Álvarez

Feliz 8 de marzo, chicas.

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