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lunes, 1 de julio de 2013

La esencia.



La caja tenía unos seis metros de largo por dos de ancho y uno y medio de alto. Su exterior de madera noble de ébano, estaba primorosamente grabada con motivos exotéricos. La tapa estaba laboriosamente trabajada y fuertemente sellada con los cerrojos más resistentes que había en aquellos tiempos. ¡Al parecer no querían que saliera lo que había allí dentro!

Aunque de algún modo se habían roto los cerrojos y la caja permanecía abierta, de ella emanaba una  esencia y un perfume embriagador.

La doncella permanecía embelesada, ajena a lo que iba a ocurrir. La caja era demasiado grande para contener aquel aroma tan dulce. La jovencita se acercó a la caja y se asomó al borde. La imagen que vio la aterrorizo y paralizó.

En un interior sin fondo, se podía apreciar a una criatura tan espeluznante que resultaba casi imposible que aquella fragancia surgiera de aquel engendro. Pero de allí procedía el aroma más embriagador de todos. La esencia era un cebo para atraer a dulces doncellas que, a pesar de quedar horrorizadas por aquel ser en cuestión, caían dentro del arcón que se cerraba tras ellas. Encerrándolas hasta que soltaran toda su esencia de juventud que era atrapada por el ser que hacía suya la esencia, para seguir atrayendo a jovencitas incautas.

® M. D. Álvarez

lunes, 10 de junio de 2013

Las trompetas de Jericó.

         Ya habían tocado los seis de los siete arcángeles. Ellos habían conseguido derribar sus respectivos muros.

             Ahora era el turno del séptimo arcángel. Él era el encargado de tocar la última trompeta que seria la que derribaría los muros de la desigualdad. Aunque antes, creo, que se le debió preguntar si sabría tocarla, porque cuando se la llevo a los labios y sopló, surgió un sonido que, en vez de derribar creó más y más muros.

            De ahí que, el pobre, se retirara a meditar sus aptitudes para tocar un instrumento tan poderoso. Mientras, nosotros, seguimos aquí desesperados ante tantos y tantos muros a la espera de que aparezca un arcángel adecuado que, con la séptima trompeta, consiga derribar todos los muros.


© M. D. Álvarez

domingo, 9 de junio de 2013

Hasta que volvamos a vernos.



            Llevabas muerta cinco días. Pero yo te seguía viendo a mi lado,  seguías estando fría y distante.

            Aunque ya sabía que no estabas conmigo, permanecías a mi lado acompañándome en los momentos más tristes de mi vida. Había perdido al ser querido que mas amaba.

            Tenía que decirte adiós, pero era tan difícil despedirse. Sentía que te retenía junto a mí. Y ya era hora de dejarte partir y quedarme sólo con mi dolor, mi querida y añorada esposa. Muy pronto volveremos a vernos, ya que no soy nada sin ti. Ansío el momento de reunirme de nuevo allá donde te encuentres.


© M. D. Álvarez

Mujer de armas tomar.



            No se como lo hice, pero ya estaba hecho y no había vuelta atrás. Por fin, había tenido el valor suficiente para enfrentarse a él y abandonarlo, llevándome a mi hija.

            Ya nunca más volverá a ponerme la mano encima. Porque se la corte con un machete de cocina, cuando iba a pegarme de nuevo.

            ¡Pero, ahora es completamente inofensivo!

© M. D. Álvarez

Scila.



            Los había visto acercarse, con sigilo. Ellos no se percataron de que estaba despierta. Si se hubieran dado cuenta, habrían huido despavoridos. ¡Presos de pavor!. Al verla aparecer ante ellos, cayeron fulminados por el aliento infecto y pestilente que emanaba de las fauces de Scila.

            Los fue devorando uno a uno, pero se reservó unos cuantos, ya que su digestión le resultaba muy pesada y le duraba algo así, como unos diez años.

            Así que los dejó para futuras hambrunas que compartiría con su compañera de enfrente Caribdis y con la que formaba un estrecho endiabladamente difícil de sortear.

© M. D. Álvarez

En el ara de sacrificios.



            Ahora me encuentro al pie del ara, apunto de ser sacrificada a un dios sin nombre. A la espera de que alguien me rescate y me libere de mi inmolación.

            Ya es tarde. Veo venir al oficiante con la daga de diamante. Además para eso me ofrecí. El sacerdote con su toga especial para sacrificios de color azul con borlas doradas y filigranas en color sangre, esta listo. Levanta la daga con ambas manos y zas…

            … la hunde en mi corazón.

            Pero como es posible si aun estoy viva. Entonces me doy cuenta de que morí y mi espíritu se niega a avanzar; por algún motivo permanezco en este lugar.

© M. D. Álvarez

El reencuentro.(Versión mejorada)

Había algo en aquel ser que me atraía, algo que resonaba vagamente en mi memoria. Sus ojos, de un color ambarino profundo, me escrutaban hasta lo más profundo de mi ser.

Me acerqué un poco más y pareció asustarse, aunque no retrocedió. Esperó a que yo diera el primer paso y avanzó cauteloso hacia mí.

- ¿No me conoces? –le oí decir.

- Me eres vagamente familiar –respondí.

Sus colmillos asomaron bajo una dulce sonrisa.

- Tienes mis mismos ojos –afirmó.

La promesa resonó en el aire antes de que sus dientes se hundieran en mi cuello.

Finalmente, había encontrado a mi padre. Ahora, los dos éramos criaturas de la noche, unidos por la sangre y la oscuridad. 

© M. D. Álvarez

sábado, 8 de junio de 2013

Sonrisa angelical.



            Fue lo que me llamo la atención, su sonrisa sin malicia y casi angelical. Me sonrió para atraerme. Aunque ya me había fijado en ella. Su mirada y su sonrisa me hechizaron de tal forma, que haría lo que me pidiera. Era como si no hubiera nadie más en el mundo.

            Pero detrás de esa sonrisa se ocultaba un autentico diablo. Que consiguió lo que quería de mí. Mi alma inmortal. Lo que sé, es que mereció la pena perder lo más sagrado por aquella sonrisa, tan angelical.

            Le había vendido mi alma a un diablo, por una sonrisa que se transformó en un contrato de venta para toda la eternidad.

© M. D. Álvarez

Un final.



            Sentada ante mi ordenador. Me debatía en busca de un final para mi obra y eso que ya la tenía terminada, sólo me quedaba un final apoteósico y se me resistía. Era como  si se negara a concluir la que sería mi obra maestra.

            Hoy por fin he encontrado un final, no como lo esperaba. Pero es un final de acuerdo a lo establecido. No tan apoteósico como lo predije, pero me vale, al menos ya no estoy bloqueada ante el ordenador.

© M. D. Álvarez

Nacimiento del nuevo universo.



            Estaba con un grupo de personas observando aquel cielo tan extraño que tenía la tonalidad de un rojo sangre. Cuando de pronto, surgió de no se donde, aquella cosa. Lo llamo cosa, porque no se como llamar a aquello. Era como un huevo pero del tamaño de un balón de rugby.

            El universo se estaba apunto de desmoronar y aquel huevo parecía que iba a eclosionar. Cuando al fin eclosiono tuvimos asientos de primera fila para asistir a la destrucción de nuestro universo y el nacimiento de uno nuevo

© M. D. Álvarez

Eterna juventud.

Había descubierto el escondite del elixir de la eterna juventud. La hallé en una gruta perdida del Himalaya, custodiada por diez criaturas de un aspecto increíblemente fiero, me estoy refiriendo a celebérrimo Yetis. Pero que resultaron ser de lo más mansos, al menos hasta que intente coger el elixir, después de lo cual se volvieron irascibles. Porque tras coger el elixir la gruta se cerro dejándonos encerrados y con un dilema.

¡Me lo tomo o no!

Si quería subsistir, debería; pero subsistir ¿para qué? si estaba encerrado con aquellas criaturas, que de dóciles angelitos, se habían transformado en diabólicos seres que me miraban con cara de hambre.

© M. D. Álvarez

El fiordo de Walhal.




Es uno de los paisajes más hermosos y extraordinarios que yo había visto. Era el fiordo mas bello y maravilloso que los dioses del Valhala, habían creado para su deleite.

Y ahora que se acercaba el Ragnarok sería destruido por las fuerzas del mal que capitaneadas por Loki, arrasarían y camparían a sus anchas por el reino de Odin.  Y no se libraría ningún lugar de ser ollado por las hordas sanguinarias. Ni siquiera el más bello paisaje de todos que hay sobre la faz de la tierra. Aquel que me había mostrado mi madre en mi niñez, “El estuario de Walhal” 
M. D. Alvarez 

lunes, 3 de junio de 2013

El árbol sagrado.



            La escultura estaba hecha de madera de boj, pero era un boj muy especial. Había sido plantado hacia 1.000 años y era un árbol sagrado.

            El leñador nada sabía de su edad ni que era considerado sagrado por la tribu que habitaba en sus alrededores, los bomanis.

            Del leñador podemos despedirnos, pues halló la muerte de forma poco habitual. Digamos, ensartado por diez lanzas. Así que sigamos con el árbol. De su madera sólo se pudo tallar una figura y el artista terminó de igual forma que el leñador. El dueño de la tienda que compró la talla, falleció de la misma manera.

            Y yo que la he comprado, acabo de ver al chaman de la tribu, maldiciendo a todo aquel que osara tocar la madera del boj sagrado.


© M. D. Álvarez

jueves, 2 de mayo de 2013

Volar

Volar, siempre ha sido uno de los sueños no realizados, por los hombres. Bueno en sueños. Pero en la vida real no podían.

Al menos, hasta ahora que según cuentan, ha nacido una nueva especie de Homo sapien, el Homo Sapiens volātor que sería capaz de desplazarnos como criatura suprema.

Eso, si le damos tiempo, ya que como seres superiores de este planeta nos permitimos seleccionar las especies que viven o mueren.

Así, que volar seguirá siendo, nuestro sueño más preciado.

© M. D. Álvarez

Viajero en el tiempo.


¿Cuánto llevaba inconsciente? No lo recuerdo pero debía de ser mucho. Todos me miraban atónitos y estupefactos, como diciendo ¿de donde ha salido?

Estoy en medio de una calle enorme, con un montón de carros que se mueven pero sin que los arrastren los caballos. Los transeúntes visten unos atuendos rarísimos.


No lo veo llegar hasta que lo tengo encima, aquel carro me golpeo y caí al suelo. Lo último que recuerdo fue lo que dijo un de aquellos individuos.

¡Jo que mal viste!

Me veo desde arriba y en comparación con la indumentaria de los curiosos que se arrevuelan a mi alrededor, es que nadie viste igual.

Soy Rudolf Fenz y nací el 4 de junio de 1868. No se donde me encuentro solo recuerdo que salí de mi casa y acto seguido me encuentro en este mundo, que no reconozco…

© M. D. Álvarez

sábado, 27 de abril de 2013

Fuego y cenizas.



            El poder ardía abrasándole las manos. Aunque él no sentía ningún dolor. Ya que seguía intentando canalizarlo y concentrarlo. De sus manos paso a devorar sus brazos. Si continuaba así, terminaría consumido por completo y no quedaría de él más que un montoncito de cenizas. Que a la más mínima corriente se dispersaría por todos los rincones. La habitación estaba llena de cenizas, que se habían ido acumulando con todos y cada unos de los aspirantes que no lograron dominar la fuerza primigenia.

            Y la energía seguirá esperando a alguien lo suficientemente poderoso como para dominarla. Así, ya no continuaría abrasando todo lo que tocara.

© M. D. Álvarez

jueves, 25 de abril de 2013

El reencuentro.

Había algo en aquel ser que me atraía, me resultaba vagamente familiar. Sus ojos de un color ambarino, me escrutaban hasta lo más profundo de mí ser.

Me acerque un poco más y pareció asustarse, pero no retrocedió. Espero a que yo diera el primer paso y avanzo cauteloso.

- ¿No me conoces? –le oí decir

 - Me eres vagamente familiar.

 - Tienes, mis mismos ojos. –dijo mientras sus colmillos asomaban, bajo una dulce sonrisa.  
- Te prometo que no te dolerá, hija mía. – Dijo, antes de morderme el cuello.

Al fin, había encontrado a mi padre y los dos, somos ahora criaturas de la noche.

© M .D. Álvarez

En el ara de sacrificios.



            Ahora me encuentro al pie del ara, apunto de ser sacrificada a un dios sin nombre. A la espera de que alguien me rescate y me libere de mi inmolación.

            Ya es tarde. Veo venir al oficiante con la daga de diamante. Además para eso me ofrecí. El sacerdote con su toga especial para sacrificios de color azul con borlas doradas y filigranas en color sangre, esta listo. Levanta la daga con ambas manos y zas…

            … la hunde en mi corazón.

            Pero como es posible si aun estoy viva. Entonces me doy cuenta de que morí y mi espíritu se niega a avanzar; por algún motivo permanezco en este lugar.

© M. D. Álvarez

El empecinado:



El pie izquierdo no me quiere hacer caso. Por mucho que yo quiera ir hacia un lado, él se empecina en llevarme a otro lado El problema se agravó en el coche, lo arranque y nada más hacerlo, pisó el acelerador a fondo, empotrándome contra un pilar de hormigón rompiéndome muchos huesos, salvo los de mi pie izquierdo.

Postrado en el hospital, no me deja descansar da saltos de alegría. El condenado parece encantado con haberme  destruido.

©M. D. Álvarez

viernes, 5 de abril de 2013

Dulce licor.



Él, lleno de ardor y desprecio, pensaba en el final. Un final que ella no se esperaba, pensaba que había encontrado a su príncipe azul.

Él, la llevo a un reservado donde la invito a unas copitas de absenta. A él le gustaba el sabor que le daba a la sangre. Y espero a que ella cayera rendida sobre el diván, donde sin perder tiempo la mordió y succionó toda su sangre.

Sintió como una oleada de excitación que le acompañó desde al primer sorbo, hasta que ya no le quedó ni gota.

En cuanto acabo sintió la ansia de seguir bebiendo y volvió a la fiesta a por mas.

M. D. Alvarez