Al entrar en casa, la encontró en la terraza, luciendo un vestido vaporoso que resaltaba su belleza.
Su sonrisa brilló como el sol al verlo. Le entregó la bolsa de papel y sirvió vino en un vaso. Mordió el bocadillo con gusto mientras él no podía apartar la mirada; era la chica más maravillosa y su novia.
Terminaron de cenar y él sonrió: "¿Mejor que el del año pasado?"
M. D. Álvarez
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