—¿Qué te ocurre? —preguntó ella al ver su rostro dubitativo.
—No sé dónde depositar todas estas bolsas de papel —respondió él pensativo.
—Quítales el plástico y luego las echas al contenedor del papel, y el plástico al contenedor del plástico —refirió ella con una gran sonrisa.
Él la miró con curiosidad y respondió con una agradable sonrisa: —Tienes razón, ¿cómo no lo había pensado antes? Tras un par de horas de retirar el plástico, depositó aquella gran cantidad de bolsas de papel en el contenedor azul y los restos de plástico en el amarillo.
M. D. Álvarez
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