Su luz se apagó, al igual que se ahogan las estrellas, dejándolo solo con su dolor, y no estaba dispuesto a renunciar a su amor.
La seguiría tras el sol muerto, donde se escondían los sueños de libertad, donde nadie le robara su delicado rostro ni su acaramelada sonrisa.
M. D. Álvarez
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