lunes, 17 de agosto de 2026

Sobre su atalaya.

Sobre aquel risco, donde los vientos azotaban gélidos, permanecía el gran lobo blanco de ojos azules, oteando el horizonte a la espera de los rebaños de caribúes. 

Tras el lobo apareció su hembra, que se situó a su lado, apoyando costado con costado. El lobo olfateó las ráfagas que traían el aroma de la caza. 

En el valle habían aparecido los centinelas que ramoneaban los primeros brotes. Detrás de ellos llegó la gran manada; la caza estaba preparada. Descendieron de los riscos helados para cazar y sobrevivir.

M. D. Álvarez 

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