Cada vez que algo o alguien quiere destruir su coraza, debe adentrarse en las frías planicies donde él abdicó a su dolor, sumergido bajo varias capas de permafrost: un corazón inerte.
Solo ella podría fundir su dolor, pero ya no está; se fue y condenó a su amado a una ventisca glacial y eterna.
M. D. Álvarez
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