Cuando por fin llegaron al mostrador, la puerta se abrió de golpe y un encapuchado entró con una recortada, gritando: "¡Arriba las manos! Esto es un atraco".
Eso lo enojó de sobremanera y se lanzó a por el arma, sujetándola con su mano derecha. Noqueó con la izquierda al atracador. La noche acabó mal para el atracador, pero bien para ambos; los bocadillos salieron gratis.
M. D. Álvarez
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