Él, sintiendo esa nueva motivación, se había propuesto ir a correr todas las mañanas por el parque. Un día, mientras pasaba junto a un banco donde ella solía leer, levantó la vista. Sus ojos se encontraron, y por un instante, el mundo pareció detenerse. En esa mirada, ella vio reflejada la determinación que él sentía, esa chispa de querer ser mejor.
Él, por su parte, se sintió inundado por la calidez de su sonrisa, una sonrisa que le dio el impulso para seguir adelante, sabiendo que su esfuerzo no pasaba desapercibido.
Fue un cruce de miradas que dijo más que mil palabras, un pequeño detalle que selló el comienzo de algo especial.
M. D. Álvarez
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