jueves, 20 de agosto de 2026

El árbol del ahorcado.

Fue el momento en que mataron al árbol, cuando la última rama viva se secó, tras servir de patíbulo para ajusticiar al joven licántropo, juzgado por un delito que no había cometido. 

Él era instruido y educado, y lo estaban culpando de haber aniquilado a tres rebaños de obejas. No era aterrador ni sanguinario; era todo lo contrario: dulce, encantador y estaba enamorado de una hermosa doncella que lloró e imploró, diciendo que él no pudo ser el culpable porque se encontraba con ella.

El joven dijo: "Mi sol, cierra los ojos, no quiero que me recuerdes así".

Un crujido seco y todo acabó. Ella maldijo al árbol.

M. D. Álvarez 

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