Ella lo abrazó y besó con ternura; conocía el corazón de su chico y, cuando prometía algo, lo cumplía hasta las últimas consecuencias.
En aquella noche en la que el sol ya no saldría, él la tomaría en sus brazos y la colmaría de atenciones y mimos hasta que la tierra se congelara en su corazón.
La llevaría hasta el borde mismo de la eternidad, siempre juntos en la adversidad.
M. D. Álvarez
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