martes, 11 de agosto de 2026

Adusta tierra.

Bajo un cielo plomizo, las promesas del viento se congelan en la garganta. Dicen que allí  solo aguarda una tierra adusta, donde el frío no es mero clima, sino una forma de mirar.

​El viajero ajusta el abrigo, desgastado por la desilusión. Sabe que más allá de las montañas el sol es una trampa de luz tibia que jamás llega a calentar los huesos. Allí arriba, las certezas se endurecen como el hielo y las palabras sobran.

​Acelera el paso hacia esa helada penumbra, consciente de que donde todo se congela, ya nada puede romperse.

M. D  Álvarez 

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