martes, 31 de marzo de 2026

Amor y determinación.

—Yo alucino con vosotros. ¿Cómo os atrevéis a decir que la he tratado mal, si no tengo tiempo ni para dormir? Me tenéis de aquí para allá resolviendo vuestros problemas —respondió con furia.

Sus amigos lo estaban poniendo a prueba; sabían que ella era su debilidad y trataban de hacerle cambiar de opinión. Querían que la dejara, ya que ella era su punto débil, pero no lo conocían bien; él era capaz de protegerla a ella y a su grupo.

Desafiante y lleno de determinación, él se apartó de sus amigos. Su mirada mostraba una resolución inquebrantable. 

—Ella es mi fuerza y mi refugio. No importa lo que digáis, no la abandonaré. Bramo colerico

Con cada paso, sentía el peso del conflicto, pero también la firmeza de su decisión. .

M. D. Álvarez

lunes, 30 de marzo de 2026

Espada de Damasco.

Su origen era extremadamente exótico; provenía de la florida y de la adusta Damasco. Su rostro moreno, pero imberbe, lo hacían parecer un europeo cualquiera, pero nada más lejos de su linaje: su madre era una hermosa princesa y su padre, un aguerrido capitán.

Seguía los pasos de su padre; ya era el capitán más joven de la Corte del sultán, era el orgullo de su valiente padre y el favorito de su adorada madre, que no veía con buenos ojos las trifulcas en las que se metía su apuesto hijo. Lo que su hermosa madre no sabía era que él prefería las trifulcas a los devaneos de la corte.

Una noche, mientras la luna iluminaba con su luz plateada los pasillos del palacio, el joven capitán decidió que era hora de dejar atrás los lujos y las sonrisas falsas de la corte. Con un atrevido destello en sus ojos, se deslizó fuera de su habitación, decidido a buscar la aventura que tanto anhelaba.

Las calles de la célebre Damasco estaban llenas de vida y misterio. El sonido de las risas y las canciones se mezclaba con el aroma de especias y dulces que emanaban de los puestos. Era un mundo vibrante y auténtico, muy diferente al frío mármol del palacio. Allí, entre las sombras, encontró a sus amigos: un grupo de jóvenes guerreros que compartían su sed de emoción.

Esa noche, planeaban un desafío en el mercado: una competencia de habilidades con espadas. Mientras se preparaban, él sintió el cosquilleo de la adrenalina recorrer su cuerpo. Era allí donde realmente se sentía vivo, lejos del peso de las expectativas familiares.

Sin embargo, en lo profundo de su corazón, sabía que cada golpe y cada risa llevaban consigo un riesgo. Su madre siempre decía que la vida en la corte era una danza delicada, donde cada paso podía llevarte al abismo. Pero él estaba dispuesto a arriesgarlo todo por un instante más de libertad.

Recibió un leve corte con una cimitarra en el deltoides cuando llevaba peleando un buen rato con uno de sus amigos. Al ver la herida, se dio cuenta de que el padre del capitán lo vería con orgullo, pero la madre mandaría despellejar al que osó herir a su adorado hijo.  

—Tranquilo, yo me encargaré de que no te pase nada —dijo con una gran sonrisa.

Al llegar al palacio, una de las sirvientes, que estaba locamente enamorada de él, lo vio sangrando y le dijo:  

—Si su madre lo ve de esa guisa, despellejará a todo el servicio".  

—No es esa mi intención", dijo él, con un hilo de voz que reflejaba su timidez hacia las mujeres.  

—Acompáñame y te limpiaré y coseré esa herida", respondió ella con aquella adorable mirada color avellana.  

Él la siguió mansamente; no sabía por qué se sentía tan azorado con aquella jovencita. Él era todo un guerrero y capitán de cinco cohortes.

—¿Qué os ocurre, mi príncipe? —preguntó ella con aquella meliflua voz.

—Nada, no me gustan los tejemanejes de la corte, pero no deseo ofender a mi amada madre —respondió con veracidad.

—  Deberías hablar con ella sabes que solo desea tu felicidad dijo ella con docilidad mientras limpiaba y cosia el corte de su deltoides 

—Lo tendré en cuenta —respondió él al comprobar que apenas se distinguía la cicatriz.

Al cabo de unas semanas, se decidió a hablar con su augusta madre. No conseguía adaptarse a la vida palaciega; no se veía participando en los muchos bailes y recepciones de la corte. Lo suyo eran las batallas y los combates. En el salón azul, donde su madre gustaba de disfrutar de dulces pastelitos de miel, ella le preguntó:

—Dime, hijo, ¿qué te aflige? —preguntó ella, viéndolo cabizbajo.

—No deseo importunarte, madre, solo... quisiera que me dispensarais de mis obligaciones en palacio. Me siento descolocado —respondió él con determinación.

—Mi amado hijo, si tan solo eso es lo que te consume, te propongo una cosa: un último baile con una adorable jovencita. Si sigues queriendo partir a guerrear, te será concedida tal premisa, respondió su madre.

Él accedió al punto; esa misma noche se celebraba el baile de gala y él iba vestido sobria pero elegantemente. Al cinto llevaba su gran cimitarra y una hermosa daga cuya saya estaba ricamente decorada con hilos de oro y perlas. La joven cubría su hermoso rostro con un precioso velo y llevaba un delicado vestido vaporoso que dejaba entrever su apetecible cuerpo. Él quedó cautivado en el momento tras el sugerente baile. La llevó hasta el balcón que daba al suntuoso jardín, que con agradables fragancias envolvía a los dos. Él le quitó delicadamente el velo a la doncella y reconoció a la joven sirvienta que, con tal delicadeza, había cosido su herida.

—He de reconocer que me has sorprendido —dijo él con una adorable sonrisa—. Tú serás la única que me mantenga en la corte.

—Mi señor, no soy una vulgar doncella. Mi padre me envió para conoceros y sois verdaderamente impresionante. Vuestra augusta madre me propuso conquistaros.

—Pues lo has logrado... ¿cuál es tu nombre? —preguntó dulcemente.

—Mi nombre es Azahara y provengo de la cohorte del gran visir de la dinastía búyida. Os ofrezco un trato: disfrutáis de seis meses en la cohorte de vuestra madre y seis meses guerreando. Si aceptáis, habréis ganado mi favor y mi mano.

Él quedó pensativo. La joven era verdaderamente hermosa e inteligente; no le hizo falta pensárselo mucho más. Aceptó la propuesta de la hermosa Azahara.

El tiempo transcurrió, y el valor y la nobleza del joven príncipe fueron motivo de orgullo tanto para sus amados padres como para su bella y sabia esposa Azahara.  

M. D. Álvarez

domingo, 29 de marzo de 2026

Los felibunos

Aquellos cuádrupedos misteriosos aparecieron de la nada; habían tomado aquel erial como su territorio. Su aspecto de grandes felinos, con una mezcla de lobos siberianos, los hacía no aptos para aquel entorno, pero su determinación y capacidad para adaptarse los hacían adecuados para cualquier territorio. Su pelaje podía cambiar de color y adaptarse tanto a terrenos selváticos como a desérticos. Sus lobunas cabezas, con sus puntiagudas orejas, los dotaban de un oído perfecto que detectaba cualquier presa.

A medida que los cuádrupedos avanzaban por el erial, su pelaje cambiaba como un camaleón, mimetizándose con la arena dorada y las sombras alargadas de las rocas. Se movían en silencio, sus patas suaves apenas hacían ruido al pisar el suelo seco. 

Los habitantes de la región, desconcertados por su presencia, comenzaron a murmurar leyendas sobre estas criaturas. Algunos decían que eran guardianes de un antiguo secreto escondido en las entrañas del desierto, mientras que otros afirmaban que eran heraldos de un cambio inminente.

Una noche, bajo el fulgor de una luna llena, un grupo de ellos se reunió en un claro iluminado por estrellas. En ese momento, uno de los más grandes alzó la cabeza y emitió un aullido profundo y resonante que hacía eco en el silencio del desierto. Los demás se unieron en una armonía sobrenatural, como si estuvieran comunicándose en un lenguaje ancestral.

El más grande se situó al lado del más joven cazador y, en su lengua ancestral, comenzó a instruirlo en las historias ancestrales de su raza. Ellos provenían de las estrellas y un día regresarán a ellas.

M. D. Álvarez 

sábado, 28 de marzo de 2026

El vigilante

Su forma de vestir informal, con camisa a cuadros y tejanos, lo convertía en un chico cualquiera, pero no era un chico cualquiera; era un capitán que estaba de incógnito. No perdía la oportunidad de demostrar a su equipo que él siempre estaba presente en las misiones arriesgadas, y aquella en la que estaba embarcado lograba, por partida doble, cuidar de un efectivo muy valioso y, a la vez, realizar el seguimiento del capo más buscado.

El efectivo del que debía cuidar era su pareja, que llevaba a cabo las labores de inspección de los edificios a vigilar, así como la instalación de cámaras y micrófonos..

Mientras observaba a su pareja colocar un micrófono con manos expertas, una sombra cruzó la ventana del piso superior. Su instinto gritó. La misión se torcía. Actuando rápido, se deslizó entre la multitud, su voz un susurro urgente en el comando del equipo: "Abortar, es una trampa". Pero era demasiado tarde. Su compañera, sintiendo el peligro, se giró justo para ver cómo dos hombres la encañonaban. El capitán contuvo el aliento, cada músculo en tensión. El capo, con una sonrisa fría, apareció detrás de ellos. Lo sabían. Los habían cazado, o no, con él todo salía a la perfección, y aquella misión no iba a ser diferente.

M. D. Álvarez 

viernes, 27 de marzo de 2026

El anillo de plata.

Ella confiaba en él y se lo demostró entregándole un hermoso anillo de plata grabado con filigranas en forma de flor de lis. 

Sabía que la plata haría que el licántropo que habitaba en su interior se retorcería de dolor con el leve contacto del anillo sobre su dedo anular. 

Era un recordatorio del amor que le profesaba, un amor eterno e incondicional. En los días de luna llena, él mantenía su promesa de no quitárselo, pasara lo que pasara. Por mucho que le molestara al licántropo, él mantenía el control sin permitirle quitárselo. 

El dolor era un acicate para demostrar su amor por ella.

M. D. Álvarez 

jueves, 26 de marzo de 2026

El chirrido.

Le dio la idea de embadurnar con aceite los escalones; era una buena percepción. Ella era muy ingeniosa; siempre se le ocurrían planes fantásticos. Era su mejor amiga y la única que escuchaba sus miedos y desamores.

Aquella noche, los escalones no chirriaron y logró salir sin ser oído. Al llegar al bosque, su cuerpo comenzó a convulsionar, pero escuchó un leve crujido. Se volvió y la vio; su rostro mostraba preocupación, pero también el amor que sentía por él. Trató de dejarla atrás. Por mucho que lo intentaba, ella lo encontraba. Cuando no fue capaz de dominar a la bestia, luchó con todas sus fuerzas tratando de ahuyentarla.

M. D. Álvarez 

miércoles, 25 de marzo de 2026

Cazador cazado.

Su intención nunca fue erradicar a las criaturas mitológicas de toda la faz de la tierra. Cuando había cazado casi la totalidad de dragones, unicornios y fénixes, divisó a lo lejos a una adorable jovencita que lo observaba con estupor mientras despedazaba una de las criaturas más hermosas y necesarias para la subsistencia de la raza humana. 

Aquel hermoso unicornio de crines plateadas le profetizó de la siguiente forma: "Cazador, que crees ser inigualable, llegará un día en el que la dueña de tu corazón te prive de tu valor y termine también contigo, tal y como tú lo has hecho con nosotros".

Aquello lo dejó perplejo; él no tenía dueña y nada ni nadie podía herirle.

La joven que lo observaba, aterrorizada, se aproximó al fiero cazador, que, al ver su candor, se enamoró perdidamente de ella. Olvidó por completo la profecía del hermoso unicornio. .

El cazador vivió una temporada con su amada, pero un día sintió la llamada de la caza y no pudo reprimirla. Salió a hurtadillas; no quería que ella se entristeciera por la crueldad de sus actos.

Se encaminó al bosque y esperó. Había algo en el ambiente; el aire era pesado y denso. Cuando vio aparecer un espectacular fénix, se posó sobre un gran tronco y esperó. Él no daba crédito a la paz que emanaba de tan hermosa criatura, pero su impulsividad lo obligó a disparar una de sus mágicas flechas que nunca erraban el blanco.

Sorpresa: el fénix la esquivó y lo miró fijamente. Debió de presentir algo en aquel belicoso cazador que volvió a disparar otra flecha, que el fénix volvió a esquivar. Fue entonces cuando el fénix desplegó sus alas embueltas en llamas y abrasó al experimentado cazador, que en el último momento de su vida vio a su dulce amada en los ojos del fénix y recordó la profecía del unicornio. Había sido cazado por su amada bajo la forma del ave fénix.. 

M. D.  Álvarez 

martes, 24 de marzo de 2026

Mi gran lobito feroz.

Lo tenían sujeto, colgado boca abajo, con contrapesos. Era la víctima propiciatoria para el aterrador señor de la noche, aunque el señor de la oscuridad prefería dulces vírgenes con las que satisfacer su sed de sangre. Sin embargo, aquel apuesto joven de fuerte musculatura tenía el vigor suficiente como para satisfacer su sed de sangre durante un mes. Además, tenía la vista fijada en la chica del apuesto joven que colgaba boca abajo.

—Ha sido tan fácil atrapar un espécimen tan vigoroso como tú, así que, después de que te desangre, me deleitaré con esta dulce novilla —dijo al oído del joven que permanecía con los ojos cerrados. Pero al oír lo que aquel monstruo iba a hacer, abrió los ojos y vio horrorizado cómo se dirigía hacia su chica, que lo miraba implorando.

Lo que el señor de la oscuridad no sabía era que había caído en su trampa. Su cuerpo comenzó a retorcerse y a convulsionar hasta que su piel empezó a rasgarse en jirones, y del cuerpo musculoso del joven surgió un aterrador licántropo que fijó su furia en el señor de la noche. Con un prodigioso salto, se plantó entre su chica y el amo del averno.

Lanzó un aterrador aullido de furia y atacó salvajemente al aterrorizado príncipe del infierno, que trató de huir, pero fue atrapado por el licántropo colérico que lo despedazó, a pesar de las súplicas que este le hacía. A lo que el hombre lobo rugió: —"Si la hubieras tocado a ella, no sería tan comedido contigo."

Cuando terminó de despedazarlo, se giró hacia ella, que lo observaba con ternura. Mientras él se acercaba dócilmente, ella le dijo: "Eres mi gran lobito feroz."

M. D. Álvarez 

lunes, 23 de marzo de 2026

La invasión.

Le dio la idea de embadurnar con aceite los escalones para que, al pisar sobre ellos, resbalaran y aterrizaran en los cristales de las bombillas que había desmenuzado.

Eso debería hacerles desistir, pero si todavía seguían queriendo entrar, les tenía preparadas más trampas.

No lo conocían bien; era un formidable cazador y aquel era su hogar. En la puerta de acceso a su casa colocó una recortada de doble cañón cargada con postas, a la que le colocó un dispositivo de disparo por presión. Si pisaban delante de la puerta, recibirían una andanada de perdigones y, si aún así insistían en entrar, les aguardaba preparado con ella y todo un arsenal.

M. D. Álvarez

domingo, 22 de marzo de 2026

De camino a las duchas.

Casi siempre terminaba sus entrenamientos extenuado y sudoroso; por eso, disfrutaba de una cálida ducha que relajaba sus músculos. Ella lo sorprendió cuando iba de camino a las duchas.

Adoro cuando terminas de entrenar y estás sudoroso y excitado —le susurró al oído con aquella sonrisa pícara que lo desarmaba completamente, haciendo que se derritiera por ella. Su aliento caliente en su cuello le erizó la piel, y él contuvo un gemido.

—¿No puedes esperar a la noche? —preguntó sumiso, aunque sus manos ya se deslizaban hacia su cintura, traicionando sus palabras—. Aquí es peligroso, nos pueden pillar en cualquier momento —repuso con cautela, besándola tímidamente en el cuello

—De acuerdo, de esta noche no pasa —refirió ella con sutileza mientras acariciaba suavemente los atributos de él, que, victorioso, sabía que ella era la única que lo hacía sentirse vivo. Su mirada ardiente prometía más, mucho más, y él supo que no podría resistirse.

M. D. Álvarez 

sábado, 21 de marzo de 2026

Mi diosa.

¿Sabéis cuándo sentís que algo es verdaderamente divino? Lo idolatras, así se sentía él al verla a ella; su calidez, templanza y hermosura lo embargaban. Hasta el arrobamiento, se sentía transportado a un mundo lleno de amor y color.

Cuando ella apareció en su radar, sintió que ya no tenía que seguir buscando; ella sería su elegida.

Se embarcó en la mayor de sus aventuras: la conquista de la joven diosa, que al principio lo observaba con desidia. Solo veía a un joven que trataba de cortejarla con medios lo suficientemente poderosos como para hacerla vibrar.

Con el transcurso del tiempo, ella se fue encariñando con el joven, que seguía llevándole hermosos presentes y luchaba contra los que osaban ofenderla. Aquello la fue enamorando hasta que un día uno de aquellos bárbaros lo hirió de una puñalada en el corazón. Ella descendió de su pedestal y fulminó a aquel bárbaro que había dado muerte a su mayor defensor; se arrodilló al lado del joven que, con el último aliento, dijo: —Si tan solo necesitabas que entregara mi corazón para que descendieras de tu pedestal, lo habría hecho mucho antes".

Ella depositó su cálida mano sobre su pecho y, alzándolo con un suave beso, le otorgó lo que él más deseaba: una vida con su amada diosa, que lo ensalzó de la siguiente manera:

—Jamás dudé de tu valor, mi joven protegido. Desde hoy estarás a mi lado como mi pareja."

M. D. Álvarez

viernes, 20 de marzo de 2026

Esposas.

Se despertó atado a la cama y con su mejor amiga a su lado. No recordaba la noche anterior, pero ella parecía satisfecha.

Caraspeó y le susurró: —"¿Puedes quitarme las esposas?"

Ella abrió los ojos y lo miró con deseo.

—"No me voy a escapar", —dijo él con ironía.  

Ella se quitó la llave que llevaba al cuello y lo soltó.

—"Lo de ayer debió de ser apoteósico si has tenido que esposarme", —dijo él tratando de recordar.

—"No lo sabes tú bien. Lo hicimos en todos los sitios más inverosímiles que te puedas imaginar, hasta que te traje a mi cama y logré atarte. Disfruté con tus atributos y nos corrimos los dos. Sabes que eres inagotable y creo que podemos hacerlo otra vez", —dijo ella, subiéndose sobre él.

Él la miró, aún un poco aturdido, mientras su mente trataba de recuperar fragmentos de la noche anterior. La sonrisa traviesa de ella lo hacía sentir una mezcla de nervios y emoción.

—"¿En serio hicimos todo eso?" —preguntó, intentando recordar, pero solo podía imaginar escenas disparatadas llenas de risas y locura.

Ella se inclinó hacia él, su aliento cálido acariciando su piel. 

—"Sí, y si te portas bien, tal vez pueda dejarte recordar más," —dijo, guiñándole un ojo mientras comenzaba a desabrocharse la blusa, revelando un destello de piel que lo dejó sin palabras.

—"No sé si soy capaz de soportar otra ronda tan intensa," —respondió él con una sonrisa nerviosa. —"Aún me duele el cuerpo."

Ella se rió, su risa como música en sus oídos. 

—"Eso es solo una señal de que lo hicimos bien. Pero no te preocupes, tengo algunas ideas nuevas para esta vez," —dijo con complicidad, mientras se movía lentamente sobre él.

Él sintió un escalofrío recorrer su espalda. Mientras ella se acercaba más, las dudas comenzaron a desvanecerse. Quizás la noche anterior no había sido solo una locura; tal vez era el comienzo de algo más profundo entre ellos.

—"¿Y si esto cambia nuestra amistad?" —preguntó él, un poco más serio.

Ella lo miró a los ojos, su expresión cambiando a una más contemplativa.

—"A veces, Luzia," —dijo suavemente— "las mejores cosas surgen del caos. ¿Te atreves a descubrirlo conmigo?"

Él sonrió, sintiendo que el riesgo valía la pena. 

—"Definitivamente estoy listo para otra aventura," —respondió con determinación, mientras la abrazaba con fuerza.

La habitación se llenó de risas y promesas, mientras ambos se sumergían en un nuevo capítulo de su historia juntos.

M. D.Álvarez 

jueves, 19 de marzo de 2026

La mina de Llakaka.

Era la mayor mina subterránea de zafiros. La veta madre se encontraba a una profundidad de novecientos metros. Los túneles apenas se sostenían por las raquíticas vigas que sostenían los techos de las galerías. Él trabajaba en la galería número 68, tan solo con la fuerza de sus brazos y sirviéndose de su fiel pico, hollaba las frías paredes donde la veta madre soltaba grandes pedruscos de los más hermosos zafiros. 

Uno de aquellos pedruscos encerraba en su interior una preciosa piedra, pero lo extraordinario de aquella piedra fue lo que él halló en su interior: un hermoso zafiro con la forma de un corazón. Y lo más sorprendente de todo fue el tamaño del zafiro: medía de ancho 5.5cm, de largo 7cm y de profundidad 3.5cm. El zafiro ya tenía dueña: la diosa de su corazón.

Ella lo esperaba todas las noches, sentada en el porche. Al verlo venir con aquella cálida y dulce sonrisa, supo que había encontrado algo muy especial. Se arrodilló delante de ella, extendió los dos puños cerrados y le dijo: "Escoge". 

Ella tocó su puño derecho y él volteó el puño, mostrándole la hermosa piedra que había engarzado con un pequeño eslabón, donde enganchó una hermosa y fina cadena de la más pura plata.

Era un jefe ejemplar; bajaba a la mina con sus trabajadores, los tenía a todos asegurados con los mejores seguros médicos y unos sueldos astronómicos. Pero sus trabajadores eran los más cualificados y ninguno se dejaba sobornar por minas rivales. Él siempre los trató bien.

M. D. Álvarez 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Hermano Marte. 2da parte.

El guijarro de rodio, al ser tocado por el joven, se activó con una tenue luz violácea. No era una piedra, sino una llave. El Regente explicó que los "sembradores de estrellas" eran antiguos arquitectos de la vida y que el rodio servía para convocarlos en momentos de gran necesidad.

La geobomba no solo había dañado la superficie, sino que había fracturado el núcleo del planeta, desestabilizándolo lentamente. Marte se estaba muriendo. La única esperanza era contactar a esos seres ancestrales.

La misión ya no era de explotación, sino de salvación. Una alianza entre dos mundos, guiada por la fe en una leyenda cósmica y en la esperanza que un joven héroe sostenía en la palma de su mano.

Adner se preguntó cómo podía comunicarse si tan solo era un simple humano. El Regente le respondió: —"No eres un simple humano; tu carácter noble y altruista te llevarán a superar todos los obstáculos que se presenten. En ti está nuestra esperanza y la de tu mundo.".

M. D. Álvarez 

martes, 17 de marzo de 2026

Hermano Marte.

¿Por qué dejamos de ir a Marte? Es una buena pregunta, pero la respuesta no es tan simple. Los vuelos privados del magnate cibernético Elon Shark querían terraformar nuestro hermano gemelo en una tierra rica en materiales nobles y raros de los que no disponemos en la Tierra. 

Lo que el magnate no divulgó fue que, bajo el subsuelo de Marte, se encontraron con una civilización arraigada en ancestrales costumbres de cuidar del mundo. No se le ocurrió otra cosa que tratar de destruir su cultura detonando una geobomba sísmica para aplastar a los pobladores de Marte. 

No contaban con que un joven observador de estrellas, gracias al observatorio astronómico del Teide, fuera testigo de la detonación de tal artefacto en Marte.

Elevó una protesta al Congreso de la ONU, que ordenó desmantelar las instalaciones en Marte y concedió a los marcianos el privilegio de cuidar de su mundo, aceptando la ayuda de los científicos para reconstruir sus maltrechas edificaciones.

El regente aceptó con una condición: deseaba conocer al joven que salvó su civilización.

Al cabo de diez meses, el regente pudo recibir al joven héroe que había antepuesto su civilización a la codicia del magnate. El rey le otorgó su bien más preciado: un gran guijarro de rodio, y le explicó que con aquel material ellos podían contactar con los sembradores de estrellas.

Continuará...

M. D. Álvarez 

lunes, 16 de marzo de 2026

Enana blanca.

El trabajo de él era determinante para localizar posibles estrellas a punto de implosionar, ya que debía colocar un gigantesco cargador para proveer de una gran cantidad de energía alternativa, puesto que en su mundo no les quedaba mucha materia de la que tirar para convertirla en energía.

Debía buscar estrellas binarias donde una de ellas fuera una enana blanca, ya que cuando esta implosionase, la energía que liberara sería extraordinaria y sería recogida en el gigantesco cargador. Él había localizado una justo en uno de los brazos de la galaxia Abell 1835 IR, ubicada en la constelación Canis Major. Le llevó más de 7 años localizar una enana blanca a punto de implosionar. Colocó el dispositivo de carga y regresó a la Tierra, donde su amada esposa lo esperaba con pasión.. 

Cuando lo localizaron en la órbita de Marte, supieron que había tenido éxito. En cuanto tomó tierra, fue recibido como un gran héroe, pero él solo la buscaba a ella. Cuando la divisó entre la muchedumbre, corrió hasta ella, la abrazó y la besó con dulzura.

A los pocos días, la sonda colocada junto al gigantesco cargador comenzó a enviar datos y más datos, hasta que, de pronto, un gran fogonazo en el cielo, que duró apenas quince segundos, dejó de transmitir. Tras esto, la energía irradiada por aquella explosión fue llegando a los dispositivos electrónicos; la Tierra volvía a ser un faro de civilizaciones en el universo, todo ello gracias a él.

M. D. Álvarez

domingo, 15 de marzo de 2026

El gemelo oscuro. 2da parte.

La puerta se cerró de golpe tras la salida forzosa del gemelo, pero la vibración de la amenaza y la lujuria desenfrenada parecían haberse quedado flotando en el aire de la habitación. Un silencio pesado se instaló entre ellos.

Ella, aún pálida y con el corazón latiéndole como un tambor de guerra, rompió el hielo con una voz que apenas era un susurro.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?—No había acusación en su tono, solo una profunda confusión y un atisbo de dolor.

Él, con los puños aún apretados y la mandíbula tensa, se acercó lentamente. Los ojos azul celeste que tanto amaba ahora estaban nublados por la angustia y la culpa.

—Porque esto—dijo, haciendo un gesto vago hacia la puerta—no es parte de mi vida. Es un error, una sombra de la que huí hace años. Quería proteger lo nuestro de... de esa parte de mí. De mi sangre—dijo mientras la tomaba de las manos—. Mi hermano no es solo problemático, es... un vacío. Devora todo lo bueno que toca. Y tú—su voz se quebró—tú eres lo más puro y bueno que tengo. La sola idea de que te mirara así... me enloquece.

Pero no soy un objeto que se pueda robar—murmuró, buscando la seguridad en su mirada—. Soy tuya porque así lo elijo cada día. Y ningún gemelo con ojos avellana puede cambiar eso.

—Lo sé, pero él no entiende de elecciones. Solo entiende de deseos. Y tú... eres irresistible —dijo, abrazándola con fuerza.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad...

El gemelo, con un moretón empezando a formarse en su mandíbula, caminaba con pasos largos y furiosos. Pero la rabia pronto dio paso a una sonrisa torcida y calculadora. Los ojos avellana brillaban con una luz peligrosa. La advertencia de su hermano no había sembrado miedo, sino que había avivado el desafío.

"Tan protector como siempre," pensó, recordando la ferocidad en los ojos azules de su hermano. "Eso lo hace predecible. Y la hace a ella... un trofeo aún más dulce."

Sacó su teléfono móvil. No iba a enfrentarse a su hermano directamente, no de inmediato. Era más inteligente que eso. La obsesión que había sentido al verla —su inocencia mezclada con una fuerza silenciosa— era un nuevo juego, el más interesante que había encontrado en años. Su hermano tenía un punto débil expuesto, y él era un experto en explotarlos.

M. D. Álvarez 

sábado, 14 de marzo de 2026

El gemelo oscuro.

Ella no sabía nada de que él tuviera un hermano, y mucho menos que fuera gemelo. Pero lo que no podía sospechar era por qué se lo ocultaba, hasta que los vio juntos. Él seguía siendo adorable y tierno con ella, pero su hermano gemelo la observaba con codicia, deseo y lujuria.

Solo había una forma de diferenciarlo de aquel salvaje: sus ojos eran distintos. Su amado tenía los ojos de un color azul celeste, y aquel brabucón los tenía de color avellana. Él no deseaba dejarla a solas con su gemelo; conocía los apetitos salvajes de su hermano. Si la hubiera perdido, aunque solo fuera un instante, su hermano la habría montado y saciado sus deseos carnales con ella.

Él sabía lo autodestructivo que era su hermano y lo protector que él era con ella, así que decidió expulsarlo de su territorio con una advertencia: si volvía por allí, lo despedazaría sin contemplaciones. .

Continuará....

M. D. Álvarez 

viernes, 13 de marzo de 2026

El rugido atronador.

Con sus hormonas desbocadas tras un enfrentamiento épico contra un batallón de soldados de élite, se sentía eufórico. 

La adrenalina fluía por sus venas cuando la vio; sus ganas de soltar toda su energía eran incontrolables, así que lanzó un rugido abrumador que la sorprendió gratamente. Ella se sentía atraída por su demostración de fuerza y poderío; la atraía como las polillas a la luz.

Su joven compañero, de todo menos cobarde, era dulce, amable y cortés con ella; en cambio, para los enemigos, era un auténtico adversario duro, inflexible y sanguinario.

Ella, todas las noches, lo lo envolvía en un torbellino de caricias y lo llenaba de besos; como locura, adoraba la buena disposición de su ardoroso compañero.

M. D. Álvarez

jueves, 12 de marzo de 2026

Líneas de pasión.

La huella de la palma de su mano era la única llave de su destino. Su línea de vida era interminable, pero no era tan larga como la de su destino. Una quiromántica le vaticinó un futuro dorado y lleno de aventuras.

Su suerte cambió al ver a aquella pelirroja de ojos verdes; su corazón estalló de pasión por ella. Sería su primera y única aventura. Después de que la quiromántica le leyera la mano, sus adorables e intensos ojos verdes lo subyugaban, haciendo que se convirtiera en su más férreo y sincero protector. Al parecer, ella quería algo más que un protector y se lo dejó claro cuando se tropezó con él.

—¿Tienes prisa, guapo? —dijo, colocando su mano sobre su pecho.

No sé a qué te refieres —respondió él en un hilo de voz apenas audible.

¿Te gustaría acompañarme? —susurró ella al oído.

Su corazón latía desbocado; ella era capaz de sumirlo en un deseo pasional inextinguible. La seguiría hasta el fin del mundo si se lo pedía.

—Ven conmigo, campeón —dijo ella, tomándolo de la mano. Lo guió hasta su dormitorio.

Una vez dentro, ella lo sentó en un sillón, comenzó a besarlo y tocarlo sin que él se pudiera resistir. Su piel morena y aterciopelada hacían de él un adorable y mimoso osito de peluche. Ella siguió acariciándole y, cuando llegó a su paquete, dijo:  

—Si hubiera sabido que estabas tan bien dotado, habría empezado por tu enorme paquete."  

Él se sintió verdaderamente azorado y excitado; las manos de ella eran un verdadero placer.

Mientras sus labios se encontraban en un vaivén ardiente, él sentía que el mundo exterior se desvanecía. La pelirroja lo envolvía en un torbellino de sensaciones que nunca había experimentado. Cada roce de su piel era como un rayo, electrificando cada fibra de su ser.

—Eres increíble —susurró él entre besos, sus palabras apenas audibles por la intensidad del momento.

Ella sonrió, con una chispa traviesa en sus ojos verdes. —Y aún no has visto nada. 

Con un movimiento ágil, ella se levantó y comenzó a desabrocharse la blusa, revelando una piel suave y bronceada que parecía brillar bajo la luz tenue del dormitorio. Él se quedó boquiabierto, incapaz de apartar la vista.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó ella con una sonrisa coqueta.

—Más de lo que puedo describir —respondió él, su voz temblorosa por la mezcla de asombro y deseo.

Ella se acercó, colocándose justo frente a él y dejando que sus manos exploraran su torso. Cada caricia era un fuego que lo consumía lentamente. Él se sintió atrapado en su hechizo, incapaz de resistirse a la tentación.

—Hoy es solo el principio —dijo ella, inclinándose hacia él. Sus labios rozaron los suyos nuevamente mientras sus manos seguían explorando. —Quiero que me muestres quién eres realmente.

Él sintió cómo su corazón latía con fuerza ante la invitación. Era como si ella pudiera ver más allá de su exterior; como si supiera que había más en él que solo un simple protector. 

Con determinación renovada, tomó su mano y la guió hacia él, atrayéndola más cerca mientras sus cuerpos se fundían en un abrazo ardiente. La conexión era palpable; no era solo deseo físico, sino una mezcla de anhelos profundos y secretos aún por descubrir.

—Eres más que solo una aventura para mí —murmuró él, sus ojos fijos en los de ella.

Ella sonrió con complicidad y respondió: —Entonces hagamos de esta noche algo inolvidable.

Con esas palabras resonando entre ellos, se sumergieron en un mundo donde el tiempo no existía y donde cada caricia prometía una nueva aventura por descubrir. Los dos sabían que estaban cruzando una frontera desconocida, pero esa incertidumbre solo alimentaba su pasión.

M. D. Álvarez 

miércoles, 11 de marzo de 2026

En las profundidades de la montaña.

Lo tenían atrapado en aquella cantera, aterido de frío. Su naturaleza salvaje lo volvía incontrolable; solo ella era capaz de calmarlo y hacer que retornara a su ser. Todos le dijeron que estaba loca por haberlo escogido a él como compañero y amante, pero no iba a permitir que lo exhibieran como a una bestia salvaje. 

Descendió a la cantera; su corazón bombeaba aceleradamente, pero no era miedo, era preocupación por su estado de desconcierto. Lo encontró escondido en uno de los túneles; su cuerpo, cubierto de una suave capa de pelo negro como el vantablack, estaba empapado. 

El agua estaba helada y su mirada azul celeste resaltaba sobre su capa de pelo. Se fue acercando con cuidado y mansedumbre; él jamás la había atacado porque siempre la trataba con ternura. 

Gruñó levemente, pero ella siguió avanzando lentamente. Sacó una gran manta y lo cubrió, frotándolo para secar su pelo. Él permanecía dócilmente agachado. Gruñendo suavemente, ella acarició la gran cabeza del lobo y él lamió suavemente su rostro.

—Ahora a ver cómo te saco de aquí, –dijo pensativa mientras lo acariciaba con dulzura. Él comprendió el lío en el que se había metido y, con un leve gesto de su gran cabeza, le indicó que había otra salida. El túnel donde se escondió se internaba en la gran montaña de granito. 

—Así que sabes salir de aquí, mi adorable licántropo —refirió ella con una gran sonrisa mientras rascaba su pecho con ternura. Él disfrutaba de las atenciones de ella con su expresión de inocencia  y la lengua fuera.

Se internaron en las entrañas de la montaña. Él iba abriendo camino, seguido por ella. Cuando llevaban algo más de dos horas, pudieron vislumbrar un resquicio de luz; era muy pequeño. Ella intentó mover las rocas, pero no lo logró. Él la puso a un lado y comenzó a sacar grandes rocas hasta abrir una abertura lo suficientemente grande como para que cabieran los dos. Le cedió el paso a ella, que dulcemente lo cogió de su gran garra.

—Los dos juntos, grandullón —dijo ella con una adorable sonrisa que lo calmó y tranquilizó, haciendo que su compañero y amante retornara a su estado normal, conservando sus intensos ojos azules.

M. D. Álvarez.

martes, 10 de marzo de 2026

La cueva de Voronia.

Era un territorio inexplorado: la mayor cueva bajo la corteza terrestre, la cueva de Voronia. Sus hobbies eran un tanto peculiares; le gustaba la espeleología, el rappel y el montañismo. Era un chico inquieto con grandes intereses en la naturaleza. Se había propuesto llegar al fondo de la cueva y mapearla. Era la primera cueva más profunda, con una profundidad de 2,224 metros.

Con su equipo de espeleología preparado, descendió por la oscura entrada de la cueva de Voronia. La humedad y el silencio lo rodeaban, creando una atmósfera casi mágica. A medida que avanzaba, las paredes se iluminaban con su linterna, revelando formaciones de estalactitas y extrañas criaturas que habitaban en la penumbra. Cada metro descendido era un desafío, pero su determinación lo impulsaba a seguir. 

Después de horas de descenso, llegó a un amplio salón subterráneo. Allí, el eco de su respiración resonaba en la inmensidad. Sacó su escáner de mapeo y comenzó a trazar cada rincón, sintiendo que estaba descubriendo un mundo oculto. 

Allí abajo perdía la noción del tiempo, así que se sorprendió al ver que alguien más bajaba. En cuanto la vio, supuso que había pasado más de una semana desde que bajó a las profundidades.

—¿Con que es aquí donde te escondes? —preguntó ella con una pícara sonrisa.

—No me escondo, te dejé una nota —respondió él—. Cuando tengo que pensar, vengo aquí y parece que mis pensamientos se aclaran.

M. D. Álvarez


lunes, 9 de marzo de 2026

Su leñador favorito.

Había errado el hachazo sobre el tronco seco de aquel enorme ciprés y se había hundido el hacha en su pierna, causándole una grave herida a la altura de la vena femoral profunda; casi se desangraba. 

De no haber estado ella, seguramente no lo habría contado. Mantuvo el hacha en la herida; si la hubiera retirado, él ya estaría muerto. Con ayuda de dos recios leñadores, lo trasladaron al hospital más cercano, donde pudieron reconstruir la vena femoral profunda; al menos no se había seccionado el nervio ciático. 

Le esperaba una buena temporada de descanso, pero ella no iba a permitir que regresara a su puesto hasta que estuviera al 100%. Él era su leñador favorito.

M. D. Álvarez 

domingo, 8 de marzo de 2026

Una mujer de bandera.

Era una mujer de bandera, autosuficiente e inteligente. Él no comprendía qué había visto en ella para pedirle una cita.

Él, todo un apuesto guerrero, se sentía cohibido por ella. Su mera presencia le hacía parecer un grano de arena en una playa cualquiera, pero ella lo enardecía y hacía que se creciera hasta cotas inimaginables.

Una noche, bajo el palio de un cielo cobrizo, él por fin entendió el misterio. No se trataba de una conquista, sino de un reconocimiento. Mientras ella hablaba con una elocuencia que silenciaba el ruido del mundo, él dejó de luchar contra su propia sombra.

Ella era todo para él, y él lo era todo para ella; la mujer lo veía como a un igual. Ella no buscaba a alguien que la protegiera, sino a un igual que no temiera su luz. En el reflejo de sus ojos, él ya no era arena; era la marea misma, rugiendo con una fuerza nueva, listo para conquistar horizontes que antes solo se atrevía a soñar.

M. D. Álvarez

Feliz 8 de marzo, chicas.

No son ángeles.

Bajo la luna de mármol, las estatuas de las olvidadas cobran vida. No son ángeles, sino espectros de seda y hollín que emergen de las grietas de la historia. 

Sus dedos, largos como agujas de coser, tejen un sudario de gritos silenciados que ahora estallan en el viento gélido.

En el jardín de los sauces llorones, las rosas no huelen a perfume, sino a hierro y libertad. 

Cada pétalo caído es un contrato roto con el silencio. Hoy, las damas de sombra no esperan rescate; han incendiado sus torres de marfil y caminan sobre las cenizas, soberanas de su propio abismo en busca de justicia para sus asesinos, aunque solo fuera justicia divina. Pero merecían un resarcimiento. 

M. D. Álvarez 

sábado, 7 de marzo de 2026

Bucle de pasiones.

Nos encontramos a nosotros mismos en aquel mar de dudas y desastres en el que habíamos estado viviendo y sucumbiendo en el mismo error, el único en el cual volvíamos a desafiar a los hados, dando rienda suelta a nuestra pasión más abrasadora. 

Esta vez, nos dimos cuenta de que estábamos habitando un bucle muy fácil. La intensidad de nuestro amor y la pasión con la que nos amábamos se convirtieron en una trampa que nos atenazaba hasta casi asfixiarnos. 

Nos llevó un tiempo darnos cuenta, pero por fin deseamos descansar y salir de aquel bucle interminable de pasiones mal contenidas. Nos dimos un tiempo y, si al finalizar seguíamos deseando lo mismo, nos dejaríamos atrapar por aquel ciclo sin fin de pasiones.

M. D. Álvarez 

viernes, 6 de marzo de 2026

La cabeza de cemento armado.

No los puedo dejar tirados, pensó, mientras su mirada se fundía a negro. Ella corrió a recogerlo antes de que su cuerpo cayera al suelo; había sufrido un impacto brusco en la cabeza e intentaba seguir consciente sin conseguirlo. 

Cuando despertó, se encontraba en una cama cálida. Junto a él estaban sus dos mejores amigos, que al verlo despertar, iluminaron sus rostros. Sabían que tenía la cabeza dura, pero aquel impacto con un bate de béisbol fue brutal. Ella lo miraba con una mezcla de amor y alivio. 

—Sigues teniendo la cabeza tan dura como el cemento armado —dijo ella, acariciando su melena.

M. D. Álvarez 

jueves, 5 de marzo de 2026

Sin ellos, nada tendría sentido.

—No los puedo dejar tirados, vociferoó  Sin ellos, nada de lo ocurrido tendría sentido. No habría conocido a Angie; se la habían presentado sus amigos, que conocían su personalidad tímida. Sí, fue una encerrona, pero lo hicieron por su bien. Sabían de su necesidad de ser feliz. Tenía un corazón noble y tierno, y siempre terminaba roto y ninguneado, pero ahora ella lo llenaba de felicidad. Regresó junto a ellos y los abrazó con fuerza.

—Gracias por todo, amigos míos —dijo sonriendo.

Ellos comprendieron lo mucho que le había costado y lo abrazaron. Eran amigos desde niños y lo vieron sufrir; ya tocaba ser feliz.

M. D. Álvarez 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Luna llena de sangre.

—No los puedo dejar tirados, jalando de orgullo, y a pesar de sus heridas, logró levantarse y, renqueante, volvió al campo de batalla, donde sus amigos se defendían como podían. 

El grupo atacante no lo vio llegar, cosa que aprovechó; había anochecido y la luna llena estaba en lo alto. Aquello lo transformó en un aterrador licántropo que dio buena cuenta de los atacantes. Sus amigos lo creían muerto, por eso parecían asustados.  

—Tranquilos, soy yo. No podía dejaros así —dijo, esbozando una aterradora sonrisa. 

Ella se acercó con cautela y acarició su denso pelaje, consiguiendo traer de nuevo al joven que amaba con dulzura.

M. D. Álvarez 

martes, 3 de marzo de 2026

3 del 3 del 2026

Aquel eclipse total de luna hizo que su bestia interior saliera antes y prolongara su mutación por más tiempo. Era lo que más temía: cuanto más tiempo estuviera suelto el licántropo, más posibilidades habría de que la encontrara y la asesinara, sumiéndolo en un dolor eterno que jamás terminaría.

El bosque, sumido en una penumbra antinatural, parecía susurrar su nombre. Cada segundo de esta noche eterna reducía la distancia entre el monstruo y su presa. Si el alba no llegaba pronto, el último rastro de su alma moriría con ella.

El licántropo sentía cómo algo se debatía por salir; su alma humana luchaba por dominar su furia. Cuanto más se acercaba a ella, con más furia se debatía su alma humana. Sabía que, sin su alma gemela, la bestia destruiría todo lo que se cruzara en su camino.

Su naturaleza humana seguía luchando contra su naturaleza animal; debía mantenerla alejada de su amor hasta que el primer rayo de sol despuntara, devolviéndole a su estado humano. 

El calendario marcaba el 3 de marzo de 2026. Nadie en la ciudad sospechaba que, mientras los relojes avanzaban hacia la madrugada, un hombre se desgarraba por dentro para proteger lo que más amaba. El eclipse no era solo un fenómeno visual; era el cronómetro de una ejecución o de un milagro. El frío de esa noche de marzo calaba hasta los huesos, pero el calor de la sangre que latía en el bosque era lo único que mantenía al monstruo —y al hombre— en pie.

M. D. Álvarez 

lunes, 2 de marzo de 2026

​El rugido del Mustang.

—No los puedo dejar tirados, pensó para sí. Ellos nunca lo harían. Giró el volante en redondo, derrapando, y con un rugido de su Mustang, aceleró. 

Cuando lo vieron partir, el alma se les cayó al suelo. De pronto, un rugido y un claxon rompieron el silencio, haciendo que se apartaran de la pared justo a tiempo, pues un gran impacto tiró el muro, sembrando el desconcierto entre los captores. 

Abrió la puerta del Mustang y desenfundó sus pistolas Smith & Wesson, y con certeros balazos eliminó a los captores.

Sus amigos no daban crédito; había vuelto por ellos. —¿Cómo iba a dejarlos?, dijo sonriendo.

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de marzo de 2026

No lo dudes.

No los puedo dejar tirados; no se lo merecen. Siempre han estado para mí cuando los he necesitado, como aquella vez que se vio acorralado por un grupito de veinteañeras que no cesaba de atosigarlo. Sus amigos no dudaron en ir a rescatarlo.  

Se lo debía; no sería un buen amigo si los dejaba a su suerte junto con Angie, la chica más maravillosa del grupo. 

No se lo perdonaría jamás, así que se dio la vuelta y dijo: —No os puedo dejar así como así; además, vosotros no lo haríais, ¿verdad?

El grupo de amigos lo miró y dijo al unísono: —No lo dudes.

M. D. Álvarez