Sabía que la plata haría que el licántropo que habitaba en su interior se retorcería de dolor con el leve contacto del anillo sobre su dedo anular.
Era un recordatorio del amor que le profesaba, un amor eterno e incondicional. En los días de luna llena, él mantenía su promesa de no quitárselo, pasara lo que pasara. Por mucho que le molestara al licántropo, él mantenía el control sin permitirle quitárselo.
El dolor era un acicate para demostrar su amor por ella.
M. D. Álvarez
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