Cuando despertó, se encontraba en una cama cálida. Junto a él estaban sus dos mejores amigos, que al verlo despertar, iluminaron sus rostros. Sabían que tenía la cabeza dura, pero aquel impacto con un bate de béisbol fue brutal. Ella lo miraba con una mezcla de amor y alivio.
—Sigues teniendo la cabeza tan dura como el cemento armado —dijo ella, acariciando su melena.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario