viernes, 6 de marzo de 2026

La cabeza de cemento armado.

No los puedo dejar tirados, pensó, mientras su mirada se fundía a negro. Ella corrió a recogerlo antes de que su cuerpo cayera al suelo; había sufrido un impacto brusco en la cabeza e intentaba seguir consciente sin conseguirlo. 

Cuando despertó, se encontraba en una cama cálida. Junto a él estaban sus dos mejores amigos, que al verlo despertar, iluminaron sus rostros. Sabían que tenía la cabeza dura, pero aquel impacto con un bate de béisbol fue brutal. Ella lo miraba con una mezcla de amor y alivio. 

—Sigues teniendo la cabeza tan dura como el cemento armado —dijo ella, acariciando su melena.

M. D. Álvarez 

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