Ella no sabía nada de que él tuviera un hermano, y mucho menos que fuera gemelo. Pero lo que no podía sospechar era por qué se lo ocultaba, hasta que los vio juntos. Él seguía siendo adorable y tierno con ella, pero su hermano gemelo la observaba con codicia, deseo y lujuria.
Solo había una forma de diferenciarlo de aquel salvaje: sus ojos eran distintos. Su amado tenía los ojos de un color azul celeste, y aquel brabucón los tenía de color avellana. Él no deseaba dejarla a solas con su gemelo; conocía los apetitos salvajes de su hermano. Si la hubiera perdido, aunque solo fuera un instante, su hermano la habría montado y saciado sus deseos carnales con ella.
Él sabía lo autodestructivo que era su hermano y lo protector que él era con ella, así que decidió expulsarlo de su territorio con una advertencia: si volvía por allí, lo despedazaría sin contemplaciones. .
Continuará....
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario