Él era su pieza clave; sin él, el juego no valía la pena. Sus amigos terminarían derrotados y humillados. Se las ingenió para transmitir las instrucciones por el diminuto micrófono implantado en su muñeca al auricular de su lugarteniente, que pudo ocultar su sonrisa. Bajo su mando, ganarían aquel juego.
Todo dependería de que siguieran sus instrucciones al pie de la letra. Si así lo hacían, nadie lograría ganar a sus amigos en aquel juego de lucha y supervivencia.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario