Su escondite fue descubierto, pero el bosque, en su sabiduría, conspiró para que no los vieran, ya que se encontraban en uno de los muchos claros de tan magnífico bosque.
—Tendré que construir un nuevo refugio para nuestros encuentros —dijo el licántropo, dejando a su amada en el suelo.
M. D. Álvarez
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