Aquel árbol fue donde Marcus grabó el nombre de Angie y el suyo dentro de un corazón.
Ante el dilema de morir congelados, el árbol, que tenía la misma edad que ellos y fue plantado cuando los dos nacieron como símbolo de un amor imperecedero, debía sucumbir al hacha.
Marcus recortó el trozo de corazón y lo guardó como un tesoro; se lo entregó a Angie, que lo miró entristecida. Aquel árbol era el símbolo de su amor.
—Tuve que hacerlo, solo quedaba nuestro árbol —dijo Marcus—. No dejaré que te congeles.
M. D. Álvarez
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