Fue el momento en que mataron al árbol, cuando lo talaron para construir un trono para el señor del sur. Su madera de sándalo rojo, traída de los bosques de Ofir, era especialmente fina y preciosa; sería tratada con mimo y cariño por los artesanos. La construcción del asiento de entronización fue laboriosa y meticulosa; debía ser el trono más hermoso para el príncipe, recién nacido en las tierras del agreste sur.
Aquel hermoso sándalo dejaría que lo tallaran de una sola pieza: cuando terminaron el trono más hermoso, cuajado de piedras preciosas, esperaría a ser el sitial del señor del sur.
M. D. Álvarez
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