martes, 25 de agosto de 2026

El licántropo medroso.

Algo lo había asustado. A él, todo un aguerrido licántropo, ella percibió su temor al verlo temblar; algo que nunca había sucedido lo sumía en el terror más puro, haciéndole recular.

Esa noche, en la laguna donde solían sucumbir a la pasión, algo lo espantó. 

—¿Qué tiene, mi dulce lobito? Algo te atemoriza. Ven conmigo, yo te protegeré, susurró ella al oído del licántropo que temblaba de pánico.

En el linde del bosque, los matorrales crujieron y una adorable ardilla asomó.

—¿Ves, mi tierno lobito? Solo es una dulce ardillita dijo, jugueteando con el velludo pecho de su aguerrido amante, que, lejos de calmarse, se arrebujó al lado de su amada, disfrutando de los cálidos y dulces arrumacos de su adorada.

M. D. Álvarez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario