En un pis pas, la paciente Esperanza fue cambiada, limpiada, espolvoreada de talco y embutida en un precioso pañal rosa.
Devastación fue un oso más complicado, pero las dotes de mando de su padre lo mantuvieron quieto y extremadamente risueño. La sorpresa estaba en el pañal; necesitaba una limpieza a fondo. Lo mantuvo entretenido mientras lo secaba, le ponía la consiguiente provisión de talco y un adorable pañal azul.
Así, con los dos preciosos bebés, uno en cada brazo, cumplió otra de las expectativas de Angie.
—Es una auténtica joya... —dijo una de sus amigas, mordiéndose el labio.
—¡Ni lo soñéis, es mío y solo mío! —dijo Angie, mostrando una preciosa alianza de oro.
Continuará....
M. D. Álvarez
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