Con manos temblorosas, se acercó al paquete. Era un cofre robusto, cubierto de glifos extraños que parecían brillar débilmente a la luz del salón. Se sentó en el sofá, el corazón latiendo con fuerza.
—¿Qué fue lo que encontraste, Marcus? -musitó para sí misma. Las advertencias en la carta resonaban en su mente: "No lo abras por ningún motivo". Pero la curiosidad era un fuego ardiente que empezaba a consumirla.
Decidió que lo primero que debía hacer era estudiar los glifos. Se levantó y buscó su viejo libro sobre símbolos antiguos, uno que había usado durante sus años de entrenamiento en el servicio. Pasó las páginas con ansiedad, buscando cualquier referencia a los símbolos del cofre.
Mientras tanto, no podía evitar pensar en lo que había dicho Marcus sobre perder parte de su alma. ¿Qué había encontrado realmente? ¿Era algo sobrenatural o simplemente un artefacto lleno de secretos? La idea de que pudiera haber una conexión entre ellos a través de ese objeto la mantenía despierta por las noches.
Finalmente, Angie se sentó en su escritorio, rodeada de notas y libros abiertos. Con cada símbolo que descifraba, sentía una mezcla de miedo y emoción. Estaba decidida a descubrir la verdad detrás del mensaje y el objeto misterioso.
Después de horas de estudio, logró desentrañar una parte del mensaje oculto entre los glifos: "La llave del pasado es el futuro". ¿Qué significaría eso? ¿Era una pista para entender qué había sucedido con Marcus?
Con el corazón acelerado y un nuevo propósito, Angie decidió que no podía esperar más. Necesitaba saber qué había dentro del cofre, pero también sabía que debía proceder con cautela.
Tomó una respiración profunda y, armada con su determinación y el conocimiento recién adquirido sobre los glifos, se preparó para abrir el misterioso paquete.
—Espero que estés listo para esto, Marcus —susurró mientras sus dedos buscaban el mecanismo de apertura.
Continuará...
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario