lunes, 6 de abril de 2026

Cuerpo turgente.

Su cuerpo era verdaderamente apetecible; sus curvas voluptuosas y deseables lo volvían loco de deseo. Ella lo idolatraba y calmaba sus apetitos, por muy complicados que fueran. Sus formas turgentes hacían las delicias de él, que con dulzura acariciaba suavemente su piel.

Ella cerró los ojos, disfrutando de la suavidad de sus caricias. Cada roce de sus dedos sobre su piel era como un fuego que se encendía, despertando sensaciones que la hacían sentir viva. Sabía que él la deseaba, y eso la llenaba de una confianza embriagadora.

—Eres perfecta, susurró él, su voz resonando en el aire como un canto hipnótico. Su mirada estaba fija en ella, como si intentara grabar cada detalle en su memoria.

—No soy perfecta, pero me haces sentir así, respondió ella, abriendo los ojos y encontrándose con su mirada penetrante. Había algo en su expresión que la hacía sentir deseada y valorada, más allá de lo físico.

Con un movimiento delicado, él se inclinó hacia ella, dejando que sus labios rozaran suavemente su cuello. Ella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, una mezcla de emoción y anticipación. Era un juego entre el deseo y la dulzura, donde cada pequeño gesto contaba una historia.

—Quiero que este momento dure para siempre, dijo él mientras se apartaba un poco para mirarla a los ojos. —Eres mi inspiración, mi musa.

Ella sonrió, sintiéndose poderosa y vulnerable a la vez. —Y tú eres mi refugio. Cada vez que estoy contigo siento que puedo ser yo misma.

Con esas palabras flotando en el aire, él la tomó de la mano y la llevó a un rincón más iluminado de la habitación. Allí había una ventana con vista a las estrellas; el cielo nocturno era un manto negro salpicado de luces brillantes.

—Mira, -dijo él mientras señalaba las estrellas. —Son como nosotros, brillando en medio de la oscuridad.

Ella se acercó a la ventana, sintiendo cómo el calor de su cuerpo se mantenía cerca del suyo. —¿Y si alguna vez nos apagamos? preguntó con un tono juguetón.

Él sonrió, acercándose aún más. —Nunca lo haremos mientras estemos juntos.

Ambos compartieron una risa suave mientras sus miradas se cruzaban nuevamente. En ese instante, no había nada más importante en el mundo que ellos dos y el momento que estaban viviendo.

M. D. Álvarez 

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