Él intentaba controlarse; sabía que tenía unos prontos inquietantes, pero en aquel momento no pudo controlarse y la tomó con el edificio de reclutamiento. Perdió los nervios; lo habían rechazado, diciendo que no era apto para el servicio.
Él deseaba servir a su país, y el mero hecho de no dejarle hizo que estallara y destrozara el edificio con sus puños.
M. D. Álvarez
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