lunes, 13 de abril de 2026

Angel con piel de bestia.

Ella preguntó por él en voz alta.  
"No ha venido", respondió el profesor.  
Aquello la alteró; nunca había faltado a ninguna de las clases, y menos a la que impartía el catedrático en genética híbrida. Tenía una especial predilección por la genética, y su apariencia era fruto de sus genes.

Salió del aula y se dirigió a su habitación. Lo encontró asustado, desnudo y cubierto de sangre. Se vio empujada por el amor que le tenía a acercarse y cubrirlo con una sábana. Él, en cuanto la vio, solo pudo decir, sollozando:   —"No sé qué he hecho, pero esta sangre no es la mía".

—"Marcus, sé que tú no has hecho nada malo. A pesar de tu aspecto, tienes un corazón que no te cabe en el pecho. Eres dócil y sensible", dijo ella, deslizando su mano sobre la espalda peluda.

Marcus era un licántropo de última generación; el factor de su genética había fundido sus dos personalidades: la física era de un adorable licántropo, mientras que su intelecto era humano.

Mientras lo consolaba,su mirada se cruzó con el reflejo en la ventana. Allí, entre las sombras del jardín, distinguió la silueta destrozada de un guardia de seguridad. Y comprendió. El instinto de protección de Marcus, desatado sin control, había actuado donde la razón humana era lenta. No era un monstruo; era un ángel vengador con piel de bestia.

M. D. Álvarez 

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