—No necesita un padre, dijo Alison. —Tú eres un tío increíble y sé que me ayudarás a cuidar de ella.
Era un tío entregado; después de su servicio en el cuartel, acudía a la casa de Alison para cuidar de Briana.
—Como esta, mi sobrina favorita, decía asomándose a la cuna, donde la chiquitina lo recibía con una adorable sonrisa: —Mira lo que te he traído, dijo, sacando un precioso peluche de lobito regordete.
Ella se quedó ensimismada, observando aquel precioso peluche de ojos azules. No se lo pensó dos veces y estiró sus rollizos bracitos para coger aquel lindo peluche que su tío Marcus le había traído. Seguidamente, lo inspeccionó y observó las lindas orejitas. ¿Qué crees que hizo la chiquilla? Exactamente, se las llevó a la boca.
M. D. Álvarez
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