lunes, 13 de abril de 2026

Bala de plata.

Su corazón permanecía frío, pero con un latido casi imperceptible. Había sido alcanzado por una esquirla de plata; aquella pequeña astilla hacía que su transformación fuera imposible y sus heridas fueran casi imposibles de curar. Ella percibió aquel casi inaudible latido y le hizo una placa de rayos X, donde pudo localizar aquel pequeño trozo de plata incrustado un milímetro en su noble corazón. Buscó al mejor cirujano cardiotorácico y le expuso lo que había encontrado en el paciente.

—Es una intervención de alto riesgo, refirió el cirujano.

—Lo sé, pero es la única oportunidad que tiene para sobrevivir, dijo ella con cautela.

—Muy bien, programemos la operación para mañana a las 10, respondió él.

—Gracias, Sven, dijo ella. Sven era un viejo conocido; su dedicación a la cirugía y sus manos firmes lo hacían el idóneo para operarlo a corazón abierto.

Al día siguiente, tras una larga intervención de algo más de cuatro horas, Sven salió del quirófano y se dirigió a Angie.

—La operación ha sido todo un éxito; se recuperará, dijo, tendiendo un frasco de muestras donde Angie pudo ver un trozo de una bala de plata. —Esto es lo que ha estado a punto de matar a tu compañero.

—Puedo verlo, preguntó ella.

—Todavía está en el despertar. En cuanto se despierte y comprobemos que todo ha salido bien, lo subiremos a planta; entonces podrás verlo, respondió Sven.

M. D.  Álvarez 

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