—Es una intervención de alto riesgo, refirió el cirujano.
—Lo sé, pero es la única oportunidad que tiene para sobrevivir, dijo ella con cautela.
—Muy bien, programemos la operación para mañana a las 10, respondió él.
—Gracias, Sven, dijo ella. Sven era un viejo conocido; su dedicación a la cirugía y sus manos firmes lo hacían el idóneo para operarlo a corazón abierto.
Al día siguiente, tras una larga intervención de algo más de cuatro horas, Sven salió del quirófano y se dirigió a Angie.
—La operación ha sido todo un éxito; se recuperará, dijo, tendiendo un frasco de muestras donde Angie pudo ver un trozo de una bala de plata. —Esto es lo que ha estado a punto de matar a tu compañero.
—Puedo verlo, preguntó ella.
—Todavía está en el despertar. En cuanto se despierte y comprobemos que todo ha salido bien, lo subiremos a planta; entonces podrás verlo, respondió Sven.
M. D. Álvarez
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