—Cuidado que pasó", dijo él, pasando como una exhalación.
Ella se quedó pasmada; aquel tiarrón cargaba con aquel enorme baúl sin apenas esfuerzo.
—Si me necesitas algo más, me avisas, abuela", dijo él, abrazando a la ancianita con tal ternura que la hechizó.
—¿Eres Marcus?, preguntó ella cuando pasaba delante de su puerta.
—Sí, lo soy, respondió él, ruborizándose.
—Tu abuela me ha hablado mucho de ti, dijo con alegría.
—Espectó que nada malo, respondió con una leve sonrisa.
—No, todo maravillas, dijo ella con una amplia sonrisa. —¿Quieres pasar? Me gustaría conocerte mejor.
Continuará...
M. D. Álvarez
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