—Eres mi mejor crítico", dijo ella al ver cómo devoraba su última creación: cebolletas caramelizadas con ajos tiernos sobre bistec de wagyu salteado a las finas hierbas.
—¿Y bien, qué te parece? —preguntó ella, apreciándose.
Él saboreaba con verdadero deleite. La hizo esperar, pero adoraba cómo lo cuidaba, y por fin le dio su parecer. Ella siempre sabía que él no se callaría ningún error.
—Perfecta compenetración del sabor, la carnosidad, el equilibrio; en definitiva, apetitosa, deliciosa y suculenta —respondió con una gran sonrisa—. Siempre logras sorprenderme, mi vida.
Ella sonrió de forma dulce y cantarina, se fue hasta él y lo besó con devoción. —Tú eres mi mejor crítico culinario.
M. D. Álvarez
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