martes, 28 de abril de 2026

La amistad que alimenta el alma.

Adiós, mamá, adiós. Oyó cómo se despedía la chiquilla antes de subirse al autobús que la llevaba al colegio. 

Se sentó al lado de su mejor amigo, que siempre le guardaba el asiento, colocando su mochila para que ninguno de los otros chiquillos le quitara el sitio a su mejor amiga. Como todas las mañanas, llevaba una provisión extra de emparedados; sabía que su amigo no comía lo suficiente y estaba perdiendo peso. 

La madre de su mejor amigo no ganaba lo suficiente como para alimentar a su querido hijo, pero gracias a aquella dulce niñita, su hijo comía todos los días.

M. D. Álvarez 

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