Se sentó al lado de su mejor amigo, que siempre le guardaba el asiento, colocando su mochila para que ninguno de los otros chiquillos le quitara el sitio a su mejor amiga. Como todas las mañanas, llevaba una provisión extra de emparedados; sabía que su amigo no comía lo suficiente y estaba perdiendo peso.
La madre de su mejor amigo no ganaba lo suficiente como para alimentar a su querido hijo, pero gracias a aquella dulce niñita, su hijo comía todos los días.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario