No sé cuál es la razón de tanta actividad; puede ser que no deseen causarme dolor por la pérdida de mis padres y lo reflejen susurrándome todo tipo de historias.
O, simple y sencillamente, se desviven por mí; no lo sé. Lo que sí sé es que no habría logrado salir del pozo sin su ayuda, una ayuda que no sé si merecí o no, pero ellas me la brindaron sin pedir nada a cambio.
Y así, entre susurros, mis musas tejieron un resplandor en la penumbra. No busco razones, solo abrazo este torrente de ideas e imagenes que me sostuvo y me salvó. Su regalo no fue solo creatividad, sino el coraje para seguir tejiendo luz con palabras.
Fin.
M. D. Álvarez
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