Pensé: "Tengo una pesadilla lúcida". A la mañana siguiente, me vestí, bajé a desayunar y volví para hacer la cama. ¿Y cuál fue mi sorpresa? Al echar para atrás el cobertor, apareció una adorable ratita que se había colado por el agujero del cable de la lámpara de techo y se había pasado la noche practicando saltos mortales sobre mi espalda.
Pobre, intentaba regresar a su nido. La historia no tuvo un final feliz, ya que mi madre tenía miedo a las ratas y la espanzurró con la escoba.
Esta historia es verídica.
M. D. Álvarez
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