Si alguna vez visitáis Irún y veis a una chica en silla de ruedas entregada a la escritura, esa seré yo. Estoy comenzando el cuaderno XIV y espero que no sea el último. Mi corazón es inmenso, capaz de albergar a todos mis amigos. Porque un corazón grande equivale a grandes amigos.
Mis musas me acompañan, liberando mi mente de historias aún no contadas, creando mundos sin límites y tejiendo hilos hacia historias inacabadas. Además, soy una observadora de estrellas en pleno nacimiento.
M. D. Alvarez
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