Fuerte como un oso, pero de apariencia grácil, ágil y valiente, se crece ante las adversidades. En aquel momento, estaba recibiendo un correctivo bestial hasta que uno de los que lo vigilaban se dio cuenta y dijo:
—Deja ya de castigarle, ¿no ves que está inconsciente?
El que lo golpeaba no se había percatado; le había roto varias costillas, pero no pareció preocuparse y siguió castigando su hígado.
—Te he dicho que lo dejes, al menos hasta que se despierte.
Todo ello era observado por su comando, que asistía horrorizado ante semejante salvajismo. Solo uno de sus soldados mantenía la calma. En cuanto aquellas bestias dejaron la sala de torturas, salieron del canal de refrigeración.
Angie O'Brien ordenó a Adler y Bran que lo descolgaran con cuidado. Una vez en el suelo, le suministró una ampolla de Flumazenil, que hizo efecto casi de inmediato. Antes de despertarse, Bran preguntó a Angie:
—Angie, ¿sabes por qué no se defendió?
—Creo que, por mi culpa, he domesticado su furia y lo he hecho más sumiso —dijo ella, derramando una lágrima perdida que fue a caer en el rostro de Marcus.
Al sentir aquella lágrima, Marcus abrió los ojos perplejo y se sentó, a pesar de las costillas rotas. Dijo: "¿Qué ha sucedido? ¿Qué hacen aquí?"
—¡Serás un energúmeno! Mira que no darnos las gracias por haberlo rescatado —bufó Adler.
—Adler no está en su naturaleza el ser rescatado; todo lo contrario, él se sentiría mucho mejor si fuera él quien nos rescatara, respondió Angie secándose las lágrimas. —Marcus siempre ha sido un pilar de protección; nunca dejará de luchar por nosotros a pesar de la paliza que estaba recibiendo. Estoy segura de que tenía un plan para deshacerse de sus guardianes —refirió ella con aquella encantadora sonrisa.
Continuará...
M. D. Álvarez
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